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miércoles, 16 de junio de 2010

SUSTANTIVO PLURAL



Como se sabe, la norma básica es muy clara: el plural se forma añadiendo –s al final de las palabras terminadas en vocal (autos, casas, partes) y, -es al final de las palabras terminadas en consonante (sillones, paredes, cantares). Éstos son algunos casos particulares.

Palabras cuyo plural es igual al singular (El lunes, los lunes/ el tórax, los tórax)

  • Son todas las palabras llanas y esdrújulas terminadas en –s y en –x, y así, por ejemplo: lunes, análisis, antítesis, atlas, brindis, caries, crisis, dosis, énfasis, síntesis, tórax.
  • Varias palabras compuestas: buscavidas, correturnos, guardabarros, guardamuebles, parabrisas, paraguas, picapleitos, tragaldabas.
  • Todos los tecnicismos médicos, veterinarios, biológicos o botánicos terminados en –osis y los tecnicismos del mundo de la medicina que se refieren a inflamaciones y que terminan en itis: otitis, sinusitis, apendicitis.
  • Las palabras que terminan en –s y son agudas, es decir, las que tienen el acento en la última sílaba, hacen el plural siguiendo la regla general, es decir, añaden –es, el final: revés/ reveses: interés /intereses, cortés / corteses, arnés / arneses, mes /meses
  • Las palabras réquiem, Tedeum, ultimátum, déficit, superávit y accésit tienen también el plural igual al singular: los ultimátum, los déficit, los superávit, los accésit. Actualmente es bastante habitual oír y leer déficits, superavists y accesits. La Real Academia recomienda evitar estos plurales.

Palabras acabadas en –í, ú (Bisturí/ bisturíes, tabú/ tabúes)

Lo correcto es añadir –es para formar el plural, aunque en la lengua coloquial no es extraño que se forma añadiendo únicamente –s. Lo más recomendable, como se ha dicho es: Bisturí /bisturíes; zulú/ zulúes; maniquí / maniquíes; jabalí /jabalíes; esquí/ esquís; rubí/ rubíes, tabú/ tabúes. En las palabras: pirulí, champú, canesú (pieza superior de un vestido de mujer), y menú, sin embargo, se han acabado imponiendo los plurales pirulís, champús, canesús y menús. Las palabras acabadas en - á, - ó, - é forman sus plurales añadiendo –s. Ej: mamá/ mamás; café/ cafés.


Plurales especiales (currícula, fraques, referendos

Hay varias palabras cuyo plural se aparta de la regla y de todo lo visto hasta ahora. Muchas de ellas son palabras cultas de origen latino o préstamos de otras lenguas. Éstas son las de uso más habitual: currículum /currículos/ currícula; frac /fraques; gángster /gángsters; hipérbaton /hipérbato; lord / lores; memorándum / memorandos o memoranda; referéndum /referendos o referenda. Tanto en el caso de currículum, referéndum, como en el caso de armonium, resulta aconsejable la hispanización en currículo, memorando, referendo y amonio, con lo que desaparecen los problemas para formar el plural, que pasaría a ser currículos, memorandos, referendos y armonios, respectivamente.


Plural de palabras procedentes de otras lenguas (carnés, chalés, debús)

Algunas palabras de origen francés, como carné, chalé, chaqué, claqué, cliché, debú, compló, parqué, quinqué, que en su lengua original terminan en –t (carnet, chalet), al haber sido admitidas en español con la forma anterior, forman su plural siguiendo la regla general: carnés, chalés, chaqués, clichés, debús.

Varias palabras procedentes del inglés han sido ya españolizadas, por lo que no presentan problemas en la formación de sus plurales. Entre ellas, tenemos las siguientes:

  • stándard: stándar stándares
  • film: filme filmes
  • flirt: flirteo flirteos
  • clown: clon clones
  • boycott: boicó boicós
  • wisky: güisqui güisquis
  • sandwich: sandwich sandwiches
Comentario aparte merece el caso de “fax”. Al no ser palabra ni llana ni esdrújula y ser un préstamo del inglés, no debería seguir la regla general, es decir, su plural tendría que ser igual al singular: el fax, los fax. No obstante, se extiende cada vez más el uso de faxes. No parece un uso de plural incorrecto y, probablemente, acabe imponiéndose definitivamente.

Hay una tendencia general a formar los plurales de palabras como –album o club, añadiendo –s al final: álbums, clubs. Estas palabras siguen la regla general y su plural es, por tanto, álbumes y clubes.


Otros plurales

a) Plurales duales

 Objetos que están formados por dos partes iguales y, por lo general, unidas: alicates, bragas, calzoncillos, gafas, medias, pantalones, tijeras, tenazas. El uso en singular de esas palabras resulta sumamente coloquial: la braga, el alicate, la tijera. Se admite, generalmente, pantalón. En muchos casos se ha impuesto el uso del singular, y el uso del plural, aunque aceptado, tiene cierto tono coloquial: espaldas, bigotes, narices. Actos o ceremonias de tipo religiosos: exequias, laúdes, maitines, nupcias. Y otros como albricias, creces, fauces y víveres.

b) El plural de las vocales (¿As o aes?)

Es habitual leer y oír cosas como: “!qué mal escribes¡ haces unas as que parecen os y unas us que parecen is”. Esto es absolutamente incorrecto porque el plural de los nombres de las letras vocales se forma añadiendo –es: aes, íes, oes, úes. En el caso de la “e” se funden las dos vocales y el plural resulta “es”.

c) Síes y noes

Muchas veces se oyen cosas como “la votación registró veinte “nos” y diez “sís”. Es incorrecto porque el plural es “síes” y “noes”

d) El plural de los nombres compuestos

Por lo general, estos nombres aparecen unidos y siguen la regla general de formación del plural: bocacalle /bocacalles: padrenuestro / padrenuestros. Cuando la palabra de la segunda es parte de un verbo, el singular y el plural son iguales: el hazmerreír del barrio, los hazmerreír del barrio. Si la palabra está formada por otras dos separadas, a veces – las de menos usos – por un guión, se forma el plural como si se tratara de dos palabras diferentes: dos bares-restaurantes; tres droguerías- perfumerías.

e) Cambios ortográficos en la formación del plural (pez /peces)

Las palabras que terminan en –z sufren una transformación gráfica al formar su plural y la –a se convierte en –c: coz/ coces; pez/ peces; voz/ voces; luz /luces; cruz / cruces. En algunas palabras se produce, al hacer el plural, un desplazamiento del acento: régimen/ regímenes; espécimen /especímenes; carácter /caracteres.





Tomado de Buitriago A. y A. Torijano (2001). Ortografía esencial del español: la mejor guía para escribir correctamente el español. Madrid: Espasa Calpe. Biblioteca de El Nacional.

SUSTANTIVO Y PROBLEMAS DE GÉNERO


EL GÉNERO


1. Masculinos terminados en –a y femeninos terminados en –o

Es bien sabido que, por lo general, los sustantivos que terminan en –o son masculinos. Ej.: El niño está dormido; ese barco está anclado; y los terminados en –a son femeninos. Ej.: La niña está dormida; esa barca está anclada. Pero también es bien sabido que no siempre es así. Hay masculinos que terminan en -a: clima, día, mapa, poema, problema, tema...; las palabras que los acompañan (artículos, determinantes, adjetivos) por tanto son masculinos. Ej: El clima es muy húmedo; este problema es muy complicado. Existen, además, algunos femeninos que terminan en –o. Son únicamente dinamo (artefacto que, apoyado en la rueda de la bicicleta, gira y da luz), mano, nao y seo (palabras estas últimas muy antiguas y que se usan muy poco en español: significan respectivamente “nave” y “catedral”). Ej: La dinamo está estropeada. Tiene la mano inflamada. Dentro de este último apartado conviene destacar que algunas palabras, como reo, socio, testigo y miembro pueden ser masculinos y femeninos, Ej: El reo fue condenado /La reo fue condenada. Nuestro socio es muy simpático /Nuestra socio es muy simpática. Ese testigo está nervioso / Esa testigo está nerviosa. Luis y Carlos son miembros de la Cruz Roja / Ana y Paula son miembros de la Cruz Roja. Por tanto, no existen: “rea”, “socia”. “testiga” y “miembra”.

2. Otras terminaciones

En –d y –z. (La ciudad y la paz; el césped y el arroz). Son generalmente femeninos: ciudad, edad, enfermedad, verdad, cruz, faz, paz. Ej: La ciudad está muy limpia. La paz es necesaria. Hay, no obstante, algunas excepciones. Son masculinos, por ejemplo: abad, ataúd, césped, albornoz, arroz y matiz. Ej.: Este césped está seco /El arroz está muy duro.

En –e (¿El aceite o la aceite?). Lo más normal es que sean masculinos: aceite, diente, guante, estante, esmalte. Ej: El aceite es caro. Existen, claro está, excepciones. Son femeninos: base, catástrofe, suerte, tardes: Ej.: Tiene una suerte tremenda. Las palabras “tilde” y “puente”, según la Real Academia Española, son indistintamente masculinas o femeninas, aunque lo normal, y lo más recomendable, es “la tilde” y “El puente”. Por otra parte, consorte o cónyuge son masculinos o femeninos, según se refieran a hombre o mujer. Ej.: El consorte fue denunciado /La consorte fue denunciada. El cónyuge debe ser respetado / La cónyuge debe ser respetada

En –n (El melón y la canción). También suelen ser masculinos: melón, algodón, andén, almacén, camión, corazón.. Hay algunos femeninos, muy pocos, como sartén. Son también femeninos casi todos los sustantivos terminados en –ión: nación, canción, religión, redacción, estación, reacción. Ej: La reacción del equipo fue inmediata.

En – r (¿El azúcar o la azúcar?). De los sustantivos terminados en – r sólo son femeninos: flor, labor y mujer. El resto son masculinos: lugar, solar, dolor, amor, comedor, reactor, azúcar. Ej: Ha comprado mucho azúcar moreno. Calor se usa casi únicamente como masculino: Hace muchísimo calor; como femenino, se usa coloquialmente en algunos lugares de Andalucía: Hace mucha calor. Color en la actualidad es masculino, aunque el femenino se admite en usos cultos o regionales. Mar admite masculino y femenino, aunque se usa casi siempre como masculino. Por lo general, hablan de la mar quienes viven junto a ella o de ella: Hoy la mar está picada. Recordemos al gran poeta español, Antonio Machado, cuando se refiere a los pescadores como hijos de la mar.

En – s (El compás, la caries, la apendicitis y la artrosis). En cuanto a los sustantivos terminados en – s, las palabras de más uso son generalmente masculinas: interés, compás, parchís, autobús. Aunque también tengamos “la tos”. Los femeninos suelen ser palabras menos utilizadas, técnicas o cultas: tesis, bilis, caries, crisis, elipsis, hipótesis, mies, paráfrasis, parálisis, perífrasis, simbiosis, síntesis, sintaxis, tisis. Son también de género femenino todos los tecnicismos médicos terminados en –itis, por lo general, nombres de enfermedades: apendicitis, artritis, colitis, otitis, pancreatitis. Así como todos los tecnicismos médicos, veterinarios, biológicos o botánicos, nombres también de enfermedades, terminados en –osis: artrosis, cirrosis, grafiosis, micosis, mixomatosis, osteoporosis.

En –l (Papel y cárcel). Se trata, prácticamente en su totalidad, de sustantivos masculinos: ángel, hotel, papel, mármol, cartel, clavel...Como casi siempre, hay algunas excepciones: cárcel.


3. Femeninos de profesiones o actividades

Nombres terminados en – o y – r. Las profesiones o actividades terminadas en –o, o en – r hacen su femenino de la forma habitual, es decir, en – a. Ej: Abogada, camarera, diputada, médica, ministra, profesora, corredora, jugadora, escritora, senadora. La Real Academia Española, como norma general, sugiere que la mayor parte de las profesiones que sirven para el masculino y para el femenino, es decir, aquellas que no terminan en –o, -a, se usen siguiente la norma lógica: el /la juez – aunque el D.R.A.E. también recoja “jueza”. Y lo mismo para casos como el/ la oficial, el / la fiscal, el /la concejal, el /la asistente, y el /la ayudante. No obstante, son perfectamente aceptables femeninos muy utilizados y que el uso ha impuesto, como “asistenta” ( en el caso de “empleada del hogar”), dependiente, clienta.

Nombres terminados en –ista. Como en el caso anterior, las palabras terminadas en –ista, que hacen referencia a una actividad profesional o a una ideología son indistintamente masculinas o femeninas, según se refieran a un hombre o a una mujer. EJ: el /la artista; ese /esa dentista; el turista alemán /la turista alemana; el periodista deportivo /la periodista deportiva; el diputado socialista /la diputada socialista.

Nombres terminados en – ante. También son indistintamente masculinos o femeninos los nombres que terminan en –ante, referidos también a profesionales o actividades. Ej Carlos Gardel fue un cantante Argentino/ Gloria Estefan es una cantante cubana. En esa película han participado muchos hombres como figurantes. En esa película han participado muchas mujeres como figurantes.

Nombres de títulos universitarios. Según informe de la Real Academia, fechado en 1930, los títulos universitarios han de tener “distinta denominación, masculina o femenina, según el uso de la persona que lo posea”. Es decir, que bachillera, licenciada, doctora, decana, arquitecta y rectora, están admitidos en nuestra lengua desde hace bastantes años y, por lo tanto, se pueden utilizar. Otra cosa diferente es el uso de los hablantes –hombres y mujeres- que han impuesto licenciada, doctora, decana e, incluso, rectora, y han olvidado, casi por completo, bachillera y arquitecta. Últimamente, con ánimo de unificar criterios, la Academia ha sugerido, no impuesto, que la denominación general del título debería ser indistinta: Título de bachiller, título de licenciado y doctor. Ej.: Luis /Marta ha obtenido el título de licenciado en Físicas. Otra cosa sería la aplicación concreta a personas, que debe hacerse según su sexo: Ej: Luis es licenciado en físicas /Marta es licenciada en Físicas. Algunos femeninos significan exactamente lo mismo que el masculino correspondiente, pero añaden el significado de “más grande”: bolso (de mano) /bolsa (de supermercado o de viaje); cántaro / cántara, charco /charca. Cubo /cuba, farol /farola, saco /saca.

4. Algunos casos especiales

a) Autodidacta y políglota ( o poliglota). Muchas veces se piensa que autodidacta (el que aprende solo) únicamente existe con esta forma y que, por tanto, se dice el / la autodidacta. No es cierto. Sigue la regla general, por lo que, según el Diccionario de la Academia, lo correcto es decir un hombre autodidacto y una mujer autodidacta. Existen también las formas polígloto /políglota (persona que habla varias lenguas), aunque lo más frecuente es el empleo del femenino: hombre políglota /mujer políglota. Las formas llanas etimológicas poligloto/ poliglota, se usan actualmente muy poco.

b) Modisto y sastra. Hasta hace poco sólo se admitían modista, mujer que confecciona vestidos y trajes para mujeres, y sastre, hombre que confecciona trajes para hombres. No tenían, por tanto, ni masculino ni femenino, respectivamente. En la actualidad, debido a la importancia social y cultural de la moda, se admiten “modisto”, hombre que confecciona ropa para mujeres, y “sastra”, mujer que realiza vestidos par hombre.

 
 
 
Tomado de Buitriago, A. y Torijano, A. (2001). Ortografía esencial del español: la mejor guía para escribir correctamente el español. Madrid: Espasa Calpe. Biblioteca El Nacional.
 
 
 

miércoles, 9 de junio de 2010

VICIOS DEL LENGUAJE: EL USO DEL "QUE"



EL QUEÍSMO, EL DEQUEÍSMO, EL QUE GALICADO Y EL QUE RELATIVO
(TEORÍA Y EJERCICIOS)


El queísmo. Se conoce como “queísmo”, por una parte, la omisión de la preposición “de” en oraciones subordinadas encabezadas por “que”. Ej.: Tengo la esperanza que vengas mañana. ¿Te acuerdas que…?. Por otro lado, también se considera “queísmo” la repetición del “que”, en vista de que resta fluidez y elegancia a la frase. Veamos los siguientes ejemplos y su corrección.

a) El diccionario de que te hablé es el único que está actualizado y por eso es que te recomiendo que lo compres, ya que las faltas de ortografía que hay en tus escritos es por lo que obtienes malas notas. Corrección. El diccionario del cual te hablé es el único actualizado y por eso te recomiendo que lo compres, pues las faltas de ortografía son la causa de las malas notas.

b) En la librería que hay en el parque, cerca de la tienda que vende licor, tienen un libro que ha ganado varios premios y que presenta muchos modelos de documentos que son útiles para los que tienen que redactar informes técnicos. Corrección. En la librería del parque, cerca de la licorería, venden un libro ganador de varios premios, con muchos documentos útiles para quienes tienen que redactar informes técnicos.

El uso indebido del “que” origina equívocos, incorrecciones y errores por ultracorrección.

a) Los equívocos producen formas oscuras en la redacción; tal como se puede observar en las siguientes frases: Hablamos con Luis, el sobrino de Pedro, que te envía saludos. (¿Quién envía los saludos, éste o aquél?). En el banco, el gerente es Fernando Díaz, el primo de Samuel León, que irá en la misión al exterior (¿Quién irá, éste o aquél?). El título de este libro, que es difícil de entender… (¿quién es difícil, el título o el libro?).

b) También suelen ocurrir incorrecciones que causan pesadez y mala asonancia. Ej. Los que allí estaban que conocían la situación, expresaron todo lo que sabían y lo que les parecía para lograr que se solucionaran los problemas que habían surgido. Corrección. Los presentes, conocedores de la situación, expresaron cuanto sabían y dieron su parecer para solucionar los problemas surgidos. Otro ejemplo podría ser el siguiente: La casa que está en la esquina que da al este es la que le pareció que era la más indicada para lo que se proponía. Su posible corrección: La casa situada en la esquina este le pareció la más indicada para su propósito.

c) Ultracorrección, se suele omitir el “que” cuando introduce una subordinada. Ej. El banco ha dispuesto sean cancelados estos créditos. Corrección: El banco ha dispuesto que sean cancelados estos créditos.

Cómo evitar el uso excesivo de la forma “que” 

Para evitar el uso excesivo del “que”, se recomienda:

1. Reemplazar el que y el verbo relacionado por un sustantivo.

  • El boxeador que triunfó: El boxeador triunfador.
  • El economista que escribe poemas: El economista poeta.
  • Bolívar, que liberto cinco naciones: Bolívar Libertador.
  • El científico que creó la bomba atómica: El científico creador.
  • Miguel Otero Silva, que escribió Fiebre: Miguel Otero Silva, autor de Fiebre.
2. Reemplazar la frase introducida por el “que” con un adjetivo.

  • Las cifras que hemos mencionado: Las cifras mencionadas.
  • El agua que se puede beber: El agua potable.
  • Las tribus que viajan constantemente: Las tribus nómadas.
  • Una persona que se enoja por nada: Una persona irascible.
  • El candidato que ganó la elección: El candidato vencedor.
  • Un párrafo que no se entiende: Un párrafo incomprensible.
3. Reemplazar el “que” y la frase iniciada, por una preposición más un sustantivo terminal.

  • El almacén que está en la esquina: El almacén de la esquina.
  • Una ponencia que se opone a la pena capital: Una ponencia contra la pena capital.
  • Los perros que hay en la calle: Los perros de la calle.
  • Un negocio que no presenta riesgos: Un negocio sin riesgos.
  • Una persona que tiene muchos problemas: Una persona con muchos problemas.
4. Usar “quien” en vez de “que” cuando el antecedente es un ser humano.

  • No fue Pedro que me lo dijo: No fue Pedro quien me lo dijo.
  • Con ella fue que hablé: Con quien hablé.
  • La gente que le gusta viajar en barco: A quien le gusta viajar en barco.

El dequeísmo. Este fenómeno ocurre cuando se coloca la preposición “de” después de un verbo transitivo, cuando el complemento directo comienza con un “que”. Ej. Yo pienso de que me lo dijo (Debería ser: yo pienso que me lo dijo); El imagina de que (El imagina que).

Este comportamiento lingüístico está muy relacionado con el “queísmo” (cuando se omite el “de” antes de “que”, en donde sí es necesario): “¿Te acuerdas que?”. Esta inestabilidad, probablemente, se debe al cruce de dos estructuras parecidas: “Espero que vengas mañana” y “Tengo la esperanza de que vengas mañana”. Estos ejemplos, por obra de cruce, pueden transformarse en “Espero de que venga mañana” (Dequeísmo) y “Tengo la esperanza que venga mañana” (Queísmo).

Para evitar esta confusión, se debe tener claro que el complemento directo no acepta preposiciones. Por lo tanto, en caso de dudas, preguntamos al verbo principal de una oración como "Pensamos de que la situación es alarmante" ¿Qué pensamos? No podría darse como respuesta: "de que la situación....". De este modo se evitaría el “dequeísmo”.

El que galicado. El que galicado se da con el empleo del verbo “ser” + “que” y proviene de una construcción gramatical francesa. En este caso, es frecuente decir: “Allí fue que lo vimos”, en vez de “Allí fue donde lo vimos”; “Ahora es que te convences” por “Ahora es cuando te convences”; “Así es que se aprende” por “Así es como se aprende”.

Este error se puede corregir de dos maneras:

a) Se sustituye el “que” por un adverbio de tiempo, lugar o modo. Ej.: Así es que queda bien / Así es como queda bien.

b) Se prescinde de la expresión “es que”. Ej.: Allí fue que lo encontraron. / Allí lo encontraron.

No siempre cuando el verbo ser está acompañado de “que” constituye un error, pues cuando aquél significa suceder, verificar o resultar, está empleado de forma correcta. También será correcto el uso con oraciones subordinadas sustantivas: “Era que no entendía”, “Vendrá nuestro amigo Enrique, así es que preparémonos”, “Lo cierto es que no puedo ir a tu casa”, “Indudablemente es que saldremos juntos’. Lo mismo se dirá cuando el “que” sea una conjunción causal. Ej.: “Si no te llamo es que me he ido”

También Ragucci (1963: 612) opina que debe evitarse en absoluto el que galicado, e insiste en las expresiones como las antes mencionadas: "Allí fue que cayó; Entonces fue que lo vi; Ejercitándose es que se aprende", etc. Estas construcciones se corrigen sustituyendo el “que” por un adverbio oportuno: "Allí fue donde cayó; Entonces fue cuando lo vi; Ejercitándose es como se aprende"; y serán más correctas aún con la supresión no sólo del “que” sino también del verbo “ser” que lo precede: "Allí cayó; Entonces lo vi; Por eso lo buscaban; Ejercitándose se aprende". Por otra parte, también resulta galicado el “que” de las siguientes expresiones: "Será Pedro que irá; De la guerra es que se discute", etc. Debe decirse: "Será de Pedro el que, o quien, irá; De la guerra es de lo que se discute"; o, más breve y mejor: "Pedro irá; De la guerra se discute".


El que relativo. Los pronombres relativos son los que refieren a un sustantivo expresado anteriormente. Ej.: Es feliz el joven que guarda puro su corazón. El sustantivo al que se refiere al pronombre se denomina antecedente, porque por lo común va delante del pronombre. El antecedente de “que” es “joven”. Los pronombres relativos son los siguientes: que, cual, quien, cuyo.

Observaciones:

  • El que relativo no cambia su terminación, sirve para ambos géneros y números. Ej. El niño que vino, los niños que vinieron, la niña que vino, las niñas que vinieron.
  • No debe confundirse el relativo con el “que” conjunción. Cuando es relativo puede ser sustituido por “el cual” o “quien”. Ej. El libro de que (del cual) te hablo; el joven que (a quien) ves. Esta sustitución no puede efectuarse en caso de ser conjunción: Quiero que vengas. 
  • Tampoco debe confundirse con “que”, acentuado, adjetivo o pronombre admirativo o interrogativo: ¡Qué casa!; ¿Qué ves?
Concordancia del relativo con su antecedente

Los accidentes comunes a relativo y antecedente son el género y el número. Por regla general el relativo concierta con su antecedente en género y número. Ej.: Fue citado el reo (antecedente: masculino, singular), el cual (relativo: masculino, singular). En caso de que el relativo se refiera a un antecedente formado por dos o más nombres, debe concordar con él, como lo haría un adjetivo con varios nombres. Ej.: Hablé al padre y al hijo, los cuales…; a la madre y a la hija, las cuales. Etc. Si el antecedente es una oración entera, el relativo se pondrá en género neutro. Le dije que se sentase a la mesa, (el antecedente es esta oración como un hecho), lo cual no quiso hacer.

El pronombre relativo debe ser colocado cerca de su antecedente. Ej. Señalaré un capítulo en este libro que me parece muy interesante. Debería decirse: Señalare en este libro un capítulo que me parece muy interesante. En algunas oportunidades, no resulta fácil colocar el relativo inmediatamente después de su antecedente. En tal caso, si el empleo de “que”, “cual”, “cuyo”, etc., fuese causa de equívoco, se recomienda sustituirlo por “el cual”, “del cual”, etc., o bien se repite el antecedente o, simplemente, se da otro giro a la frase. Ej. Al decir: “Hay una edición en este libro que resulta muy agradable por su impresión”, si queremos colocar el relativo “que” inmediatamente después del antecedente “edición”, tendríamos que escribir: “Hay una edición que resulta muy agradable por su impresión en este libro”. Como es obvio, el remedio ha sido peor que la enfermedad: por tanto, se recomienda: “Hay una edición de este libro, la cual resulta muy agradable por su impresión”, o también: “De este libro, hay una edición que resulta muy agradable por su impresión”.

EJERCICIOS PRÁCTICOS

I. Corrija los errores que observe en cuanto al uso del que.
1. Aquí es que vive. 2. ¿De dónde fue que salió? 3. Fue en el siglo XV que se inventó la pólvora y la brújula. 4. Entonces fue que estuve enfermo de cuidado. 5. Era de Pedro que me ibas a comentar. 6. Empastados es que los libros duran más. 7. Con él fue que peleé. 8. Es practicando la virtud y no siendo ociosos que se puede ser feliz. 9. Es con justicia que se gobierna a los pueblos. 10. Así es que funcionan las computadoras.

II.- Corrija los errores que existan en las siguientes oraciones, con respecto al que.
1. ¿Te comunicaron de que no hay examen? 2. Admito de que no fue clara la explicación. 3. Asegúrese que hay pan para todos, antes de hablar. 4. Entonces fue que me enteré del problema. 5. Con él fue que peleé. 6. Debo demostrar de que tú no eres fiel a nuestra institución. 7. Entre los árboles fue que se escondió. 8. En ese consulado es que se otorgan las visas. 9. Es conociendo acerca del tema que se desenvuelve mejor la gente en esa área. 10. Espero de que acepte todas mis condiciones.
III. Realice el mismo ejercicio con las siguientes frases.
1. Me comentó de que todo era cierto. 2. Me di cuenta que todo era falso cuando le vi la cara. 3. Me prometió de que saldríamos temprano hoy de clases. 4. No es ahí que está la solución. 5. Pensamos de que es mejor aceptar. 6. Por esa calle es que se va al hotel. 7. Recuerde de que tiene trabajo nuevo junto a mis amigos. 8. Sabemos de que es mentira todo lo que dijo la noticia acerca del caso. 9. Se convenció que era verdad lo que decía. 10. Su ayudante fue que lo ayudó.
IV. Redacte de nuevo las siguientes frases, colocando el relativo “que” en el lugar que debe ocupar; o bien sustitúyalo por “el cual”, “del cual”, “la cual”, etc.; repita el antecedente o dé otro giro a la frase.

1. La joven Salio en ese momento al escenario que estaba participando en el Concurso de Belleza. 2. Tengo un trabajo para entregar al Director, que me tiene muy preocupado. 3. Estoy haciendo un proyecto del libro para la Academia en que trabajo, que me ocupa todo el día. 4. Compré unos zapatos a mi sobrina que tenía unos lacitos verdes.. 5. Era la cobija de la abuelita que estaba rotita y vieja por el uso. 6. Hay una escena en esta película que emociona a los espectadores. 7. Traigo unos caramelos a unos niños, cuyo sabor es muy agradable. 8. Surgió un hombre entre la multitud que empezó a dar gritos espantosos. 10. Me presentaron a Juan, el hijo de mi amigo Leo, a quien vi ayer en el cine.


Esta información ha sido tomada del libro Técnicas de Redacción e Investigación Documental de Liduvina Carrera, Mireya Vásquez y María Elena Díaz.
http://liduvinacarrera.blogspot.com/p/publicaciones.html  

jueves, 3 de junio de 2010

COMUNICACIÓN ORAL


Para el estudio de la comunicación oral, es conveniente tomar en cuenta estos aspectos:

1. Estímulo –respuesta en el acto de la comunicación.

En el proceso de la comunicación humana intervienen los siguientes elementos:  
  • Emisor: sujeto que produce el mensaje
  • Mensaje: el contenido del comunicado
  • Receptor: sujeto o sujetos que reciben el mensaje
  • Canal: medio físico que porta el mensaje
  • Código: la lengua común que se utiliza en el mensaje
  • Contexto: las circunstancias que dificultan o facilitan la comprensión del mensaje y el entendimiento comunicativo.

 El acto de comunicación se produce cuando todos los factores anteriores actúan o cumplen su misión. La cadena de actos comunicativos produce el proceso de la comunicación. La finalidad de todo acto de comunicación es establecer una comunicación recíproca. El emisor expresa su mensaje para provocar una respuesta en el receptor. La comunicación oral se basa en este mecanismo de estímulo- respuesta. Ante un mensaje, el receptor expresa su respuesta: respondiendo a una pregunta, ejecutando una acción, asimilando una idea, o contestando recíprocamente con una pregunta ante el mensaje del emisor. La conversación entre dos personas se produce a causa del mecanismo estímulo- respuesta, ya que la respuesta del receptor suele ser estímulo para que el emisor siga comunicándose y se establezca un proceso comunicativo continuado.
  
 2. Comprensión y acto de escuchar en las comunicaciones orales

En la comunicación oral el sujeto emisor expresa una idea por medio del lenguaje hablado y el sujeto receptor ha de captarla y comprenderla. Analizar la comprensión de una comunicación oral, implica investigar en el comportamiento del sujeto receptor. Debe dar la respuesta adecuada al estímulo que provoca el mensaje. Normalmente no prestamos atención al mecanismo del acto comunicativo porque es una realidad continua y permanente en nuestra vida de relación. La comunicación es el medio que transporta las ideas que se quieren transmitir o recibir.
El objetivo que pretende el sujeto receptor al escuchar una comunicación es entender al máximo el significado de lo que quiere expresar en su mensaje. Las causas por las que puede dificultarse la comprensión del oyente a un mensaje oral pueden ser, entre otras:

  •  La falta de atención del oyente al mensaje
  • El poco interés que pueda tener el mensaje para el receptor.
  • Que el mensaje no esté expresado con claridad
  • Que el sujeto emisor provoque rechazo en el receptor
  • Que el mensaje no esté al alcance de comprensión del oyente
  • Que el mensaje contenga un vocabulario demasiado tecnificado
  • Que el ambiente no sea propicio para la comunicación
  • Que haya circunstancias externas o internas al receptor que dificulten la comunicación.

 3. La atención en el proceso de la comunicación

La responsabilidad del proceso de la comunicación incumbe tanto al emisor como al receptor. El emisor debe cuidar que su mensaje sea claro y en conjunto debe cuidar de todos los detalles o elementos de su intervención para que el mensaje llegue al receptor. La comunicación se establece cuando el emisor se hace escuchar por el receptor.
El receptor es, en principio, libre de escuchar o de no hacerlo, por tanto es responsabilidad del oyente prestar atención al mensaje. El hablante debe procurar captar el interés del oyente, pero éste debe estar bien predispuesto a atender al mensaje. La motivación facilita el proceso de la comunicación. Al oyente le puede motivar para prestar atención:

  •  La persona hablante, ya sea porque el oyente sabe que lo que suele decir es importante o porque es atractivo y agradable.
  • El mensaje. El oyente sabe que va a ser útil e importante lo que va a escuchar
  • El interés del contenido. El algo que le interesa, le atrae o le preocupa al oyente


  4. Sintetizar las ideas de una comunicación oral

Un telegrama es la forma de sintetizar en unas pocas frases el contenido de un mensaje que, si no interesa transmitirlo tan rápido, se escribiría una carta en la que las ideas se expresaran más ampliamente. En el telegrama se sintetizan las ideas en frases cortas. Después de haber oído noticias en la radio o un capítulo de una novela, si se pregunta al oyente de qué ha tratado, en pocas frases podrá resumir las noticias más importantes y en cuatro ideas resumirá la novela. Sintetizar las ideas fundamentales consiste en escoger y abstraer lo sustancial de todo un proceso comunicativo.
  

5. Niveles del lenguaje

Los individuos no manifiestan de igual forma la lengua, cada uno utiliza los vocablos que en su medio social son habituales. Cada grupo social impone un uso concreto de la lengua de forma que un individuo al utilizar la lengua deja entrever el estrato social, profesional o cultural al que pertenece.
La lengua puede recibir desde un uso coloquial familiar hasta llegar a un nivel elegante o culto que sobrepase el uso cotidiano de la lengua. Hay también niveles especializados y específicos de grupos profesionales o sociales que tienen sus expresiones y sus vocablos propios como son los lenguajes técnicos, profesionales y científicos.

Podemos establecer el siguiente esquema de los niveles del lenguaje:

a) Lenguaje natural con vocabulario sencillo
  •  Nivel popular
  •  Nivel familiar
  • Nivel coloquial
b) Lenguaje especializado con vocabulario más elaborado
  • Lenguajes específicos
  • Lenguaje científico
  • Lenguaje culto

 c) Lenguaje natural con vocabulario sencillo

  • Nivel popular. Corresponde a las palabras de uso elemental utilizadas por las personas.
  • Nivel familiar. Depende del nivel social de los adultos de la familia que impone el estilo al grupo familiar. Se caracteriza por las expresiones y las frases que dentro de la familia tienen significado especial y concreto.
  • Nivel coloquial. Por medio de él, coincide el mayor número de hablantes en las relaciones cotidianas. Puede acercarse a veces al lenguaje culto, pero depende de factores: características de la sociedad y posibilidades del hablante de expresarse con ese vocabulario. Se caracteriza por la riqueza y variedad de palabras, frases, expresiones y muletillas.

 d) Lenguaje especializado
Tiene un vocabulario más elevado y se usa sólo en circunstancias concretas. Pertenecen a la reserva de riqueza léxica de un momento determinado. Los medios de comunicación han generalizado este vocabulario. Se puede dividir en

  • Lenguaje específico. Corresponden a vocabularios especializados que pertenecen a campos específicos de la actividad humana. Ejemplo: en las cartas, ambiente taurino, publicidad, fútbol.
  • Lenguaje científico. Es utilizado por cada ciencia o profesión que tiene su propia terminología técnica y específica para designar los utensilios, objetos, procesos y operaciones que normalmente no están en uso de profanos, pero que poco a poco se ponen en uso común: proa, babor, encuadre, gran angular, fotolito, rotativa, litografía.
  • Leguaje culto. Es bien cuidado tanto en la realización fonética como en la morfosintaxis. Debe ser lo más perfecto posible y cuidar la pureza de la lengua utilizando palabras adecuadas, tanto al no aferrarse a palabras anticuadas y en desuso, como al no introducir innecesariamente vocablos de otras lenguas.

En el nivel culto debe cuidarse la construcción de la frase. En español se expresan las ideas en este orden: sujeto, verbo y complementos. No obstante, en la expresión oral se permiten pausas y gesticulaciones, y puede alterarse el orden para intensificar o destacar algún aspecto de lo que se está expresando.

6 Expresarse correctamente

Toda persona sabe la importancia de la buena expresión en la vida social y profesional. Se produce mejor impresión si la expresión se realiza con soltura y se exteriorizan correctamente las ideas que se tiene en mente. Las ideas no se expresan con facilidad si no hay hábito y práctica de expresión correcta. No se nace con la capacidad de expresarse bien, sino que es el resultado de un aprendizaje y esfuerzo. Expresarse bien es el resultado de pensar ordenadamente.
La expresión oral es la exteriorización de los pensamientos, por tanto los defectos en la expresión oral denota que las ideas están confusas en la mente o que el razonamiento mental está desorganizado. El aprendizaje de los aspectos teóricos de la lengua tiene la facilidad de ejercitar la mente en la práctica oral y escrita de la lengua que se utiliza con corrección. El estudio de la lengua conduce a comprender lo que se oye y lo que se lee, juzgarlo con criterio claro y seguro y finalmente expresarse con exactitud y precisión.

Tomado del libro Técnicas de Redacción e Investigación Documental de Liduvina Carrera, Mireya Vásquez y María Elena Díaz.  http://liduvinacarrera.blogspot.com/p/publicaciones.html

martes, 1 de junio de 2010

CONECTIVOS Y RELACIONANTES




Los conectivos y los relacionantes (llamados también conectores) son elementos lingüísticos, cuya función es la de servir de nexo uniendo o enlazando diferentes partes de un texto o diferentes textos. Estos son utilizados en trabajos e investigación para dar mayor coherencia y elegancia a las ideas escritas por los diferentes autores.

1. Para agregar ideas: Además, asimismo, también, otra vez, de nuevo, al mismo tiempo, igualmente de la misma manera, del mismo modo, en la misma forma, por sobre todo, sobre la base, en adelante, por un lado, por otro.

2. Para introducir una idea que limitan o niegan la anterior: Pero, de otro modo, por el contrario, Sin embargo, aún cuando, por otra parte, no obstante.

3. Para indicar orden: Seguidamente, en primer término, en primer lugar, en segundo lugar, primero, para empezar, finalmente, en conclusión.

4. Para presentar ilustraciones: Por ejemplo, para ilustrar esto.

5. Para parafrasear: Es decir, brevemente, de hecho, en otras palabras, o lo que es lo mismo.

6. Para indicar relación temporal: Entonces, después, ahora, al mismo tiempo, mientras tanto, actualmente, luego.

7. Para indicar lugar: Sobre, bajo, encima.

8. Para indicar conclusión o consecuencia: Por lo tanto, así, como resultado, de acuerdo con, en consecuencia. Por esta razón.

9. Para establecer comparaciones: Igualmente, de la misma manera.

miércoles, 26 de mayo de 2010

ORACION COMPUESTA


Liduvina Carrera

Por su composición o número de oraciones o proposiciones, las oraciones se dividen en simples y compuestas. Las simples están formadas por una sola oración o menor unidad del habla con sentido completo. Ej. “En esta ciudad hay muchas autopistas”. Las oraciones compuestas están formadas por varias oraciones simples o proposiciones. Ej. “Simón Bolívar nació en Caracas y murió en Santa Marta”. Los libros que compraste están de moda”. “No sé si Alberto quiere que vaya con él al cine o que tú vayas a su casa”. (Duque Méndez, N.1966).
La oración compuesta, también conocida como período, es la expresión que está formada por dos o más oraciones, entre las cuales se establece una relación: “me alejé cuando vi la situación”; “la luz llegaba de dia y entraba por la ventana”; “Nadie sabe que llegó en el tren de la tarde”. Dentro de la oración compuesta, se puede distinguir la oración principal que tienen independencia sintáctica; sin embargo, toda enumeración de oraciones no forma oraciones compuestas porque éstas pueden constituir una simple enumeración de oraciones sin enlaces: “La tarde caía sobre las casitas; algunos campesinos volvían de sus faenas. A lo lejos se oía la guitarra de Antonio”. Se puede observar en los ejemplos anteriores que las oraciones están separadas por signos de puntuación y no hay palabras que establezcan ningún tipo de enlace entre ellas; se trata de tres oraciones simples e independientes, que forman un párrafo, pero no se trata de una oración compuesta. En cambio, el siguiente enunciado sí constituye una oración compuesta porque las tres oraciones están entrelazadas: “Te dije que no caminaras por esas calles que son tan peligrosas”. En este caso, la primera “Te dije” es la principal de “no caminaras por esas calles” y la última es unja oración subordinada adjetiva: “que son tan peligrosas”.
La relación entre las oraciones puede establecerse mediante tres formas:

1) Coordinación
Son dos o más oraciones independientes entre sí, pero enlazadas por alguna de las conjunciones coordinantes. La oración coordinada puede expresar diversas relaciones entre sí, pero ninguna de ellas llega a convertirse en complemento de la otra. Según la índole y naturaleza de la relación expresada por la conjunción, las oraciones coordinadas se clasifican, a su vez, en: copulativas, disyuntivas, enumerativas o distributivas, adversativas.

 Copulativas: van unidas por las conjunciones copulativas y, e, ni. Ej. “La secretaria escribió la carta y la puso al correo”; “La secretaria no escribió la carta ni la puso al correo”. La conjunción e se usa cuando la palabra que sigue comienza con i- o hi-: “Luis trabaja por las tardes e Irene lo hace por las mañanas”. Es común repetir la conjunción ni o combinarla con al adverbio no: “Sergio no come ni duerme”. Con respecto a la conjunción que, se puede decir que es copulativa cuando corresponde a la y: “Come que come”. Las conjunciones copulativas indican suma o adición. Este tipo de oraciones puede tener el mismo sujeto: “Los adolescentes indagan y preguntan” o diferentes sujetos: “Mi madre es maestra y mi padre trabaja como oficinista”.
Disyuntivas: son oraciones que expresan hechos contradictorios que no se pueden realizar al mismo tiempo. Ej. “ ¿Escribes la carta ahora o la escribes mañana?”. Se puede ver cómo una oración excluye a la otra, es decir, una de las oraciones presenta una alternativa o dilema. Las conjunciones disyuntivas más comunes son o, u; ésta última sólo se usa cuando la palabra que le sigue empieza con o- u ho-: “Teníamos que explicar el incidente u ocultar muy bien las evidencias”.
Enumerativas o distributivas: presentan acciones alternantes, pero que no se excluyen. Ej. “La secretaria sobresale ya en mecanografía, ya en taquigrafía, ya en ambas”. Son oraciones que presentan dos o más acciones alternativas. No existen conjunciones específicas para enlazar este tipo de oraciones; por lo tanto, se acude a ciertas palabras que funcionan como nexos o conjunciones para establecer la correlación; las más comunes son: ora…ora; éste…aquél; unos…otros, ya…ya; bien…bien; sea…sea. Ej. “Ora reían, ora lloraban”, “Unos cantaban, otros bailaban”.
Adversativas: son oraciones que presentan ideas incompatibles o contrarias; sin embargo, a veces, la contrariedad es superable: “Siempre he creído en la buena fortuna, sin embargo, ahora he llegado a tener serias dudas”. Las conjunciones adversativas son las siguientes: pero, mas, aunque, sino, sin embargo, por lo demás, no obstante. Ej. “Quería llegar temprano, pero no conseguí transporte”. La conjunción aunque puede ser adversativa cuando equivale a pero: “Estas motocicletas son muy veloces aunque cuestan demasiado”, “Teresa es una buena persona aunque no lo parece”.


2) Yuxtaposición
Las oraciones yuxtapuestas se colocan unas detrás de las otras, sin enlace alguno, separadas, no por puntos sino por comas o puntos y comas, en razón de la mayor conexión lógica que hay entre ellas; de modo que su conjunto forma una sola cláusula pero compuesta: “Sigamos por la esquina de Pajaritos, luego tomemos el camino hacia el Banco Central; después pasearemos por la tienda de los adornos típicos de Venezuela”. Como carecen de nexos o palabras de enlace; se encuentran unidas por medio de los signos de puntuación.
Estas oraciones no tienen nexos que las introduzcan o las enlacen, pero puede existir una relación específica entre ellas. Esta relación que es de naturaleza semántica (significado) equivale a la que establece un nexo coordinante o un nexo subordinante; a pesar de ello, se consideran oraciones yuxtapuestas, debido al elemento coordinador o subordinante: “Lo conoció hace un año; no lo ha vuelto a ver”; “ El mapamundi estaba en el centro del estudio, se veía espectacular”; “Aura cerró la ventana, llovía demasiado”. Se puede observar que las primeras oraciones: “Lo conoció hace un año”, “ El mapamundi estaba en el centro del estudio” y “Aura cerró la ventana” tienen una progresión temática en las segundas: “no lo ha vuelto a ver”, “se veía espectacular” y “llovía demasiado”. De allí, la diferencia con oraciones independientes que, aunque estén unidas por signos de puntuación, no tienen continuidad de sentido: “Vinimos temprano a comer; todos los días son hermosos por esta zona. Las aves vuelan por el campo”.


3) Subordinación  
   
Las oraciones subordinadas están compuestas por una oración incluyente que lleva incorporadas o incluidas una o varias proposiciones subordinadas. La proposiciones son unidades del habla que tienen sentido en sí mismas, pero no tienen autonomía sintáctica. La proposición es una estructura que depende de una oración, por eso se conocen como regidas, y la principal se llama regente.
Las oraciones o proposiciones subordinadas no tienen independencia semántica ni sintáctica; sin embargo, siempre tienen un verbo, conjugado o no conjugado, poseen su propio sujeto que pudiera ser el mismo de la oración principal, y sus complementos. A menudo, están introducidas por un elemento de enlace, llamado nexo subordinante; como son oraciones dependientes, se unirán a sus principales, generalmente por uno de estos medios:
  •  Un pronombre relativo: “Deshecha el problema que tienes encima”. 
  • Una conjunción subordinante: “Iré si me prometes un cambio”; “El Coronel pensaba que ganaría la guerra”. 
  • Un adverbio: “Comenzó sus clases, apenas tocó el timbre”
 Las oraciones subordinadas cumplen, con respecto a la oración principal, las mismas funciones que desempeñan los sustantivos, los adjetivos y los adverbios y, de acuerdo a esto, se clasifican en sustantivas, adjetivas o de relativo y adverbiales.

 Oraciones subordinadas sustantivas
Estas oraciones desempeñan funciones propias del sustantivo, a saber: sujeto, complemento directo, complemento indirecto, complemento de sustantivo o fin de término o complemento de preposición y complemento de adjetivo. 
  • Función sujeto. Estas oraciones ejercen la función de sujeto con respecto a la oración principal o subordinante, no son frecuentes en español y se usan especialmente con verbos como “convenir” y combinaciones como “estar bien”, “estar mal”, “ser necesario”. Ej. “Es necesario que vengas mañana”. En ese caso, “que vengas mañana” es el sujeto de la combinación “es necesario”, porque es de quien se habla en el predicado. Estas oraciones también se construyen con un infinitivo y sus complementos: “Es mucho mejor estudiar temprano”; “estudiar temprano” es el sujeto de “es mucho mejor”. Para analizar estas oraciones, se puede sustituir la subordinada por un pronombre neutro y así resultará más fácil reconocer su función sintáctica; así, se dirá “Es mucho mejor eso”, en vez de “es mucho mejor estudiar”; lo mismo se puede decir del ejemplo anterior: “Es necesario eso”, en vez de “ Es necesario que vengas mañana”. 
  • Función complemento directo. Estas oraciones también se pueden llamar completivas y desempeñan en la compuesta el oficio que su nombre indica: “Yo quisiera que todo salga bien”. Si sustituimos la oración subordinada por el pronombre eso, quedaría de la siguiente forma: “Yo quisiera saber eso”; se hace la pregunta ¿Qué quiero saber? Y la respuesta es “eso” o “que todo salga bien”; recordemos que haciendo la pregunta al verbo, se puede reconocer el complemento directo de las oraciones. En este tipo de construcciones, es incorrecto el uso frecuente de la preposición “de” antes de la conjunción “que”, o lo que se denomina dequeísmo y es de uso tan frecuente en los medios de comunicación: “Me parece de que no estás bien”, “Creemos de que la situación está controlada”; en estos ejemplos, lo correcto sería : “Me parece que no estás bien” y “Creemos que la situación está controlada”. Las oraciones completivas o sustantivas con oficio de complemento directo pueden construirse en estilo directo e indirecto. En el primer caso, van sin conjunción: “La viejita dijo: no me quiero ir de aquí”; en el segundo, con la conjunción que: “La viejita dijo que no se quería ir de aquí”. Cuando son varias las oraciones de complemento directo, pueden ir todas precedidas de la conjunción que o solamente la primera, como ocurre con frecuencia: “Dijeron que lo habían visto y (que) no le habían avisado”. Cuando la subordinada es una oración interrogativa y se construye en estilo indirecto, no se colocan los signos de interrogación, pero sí se mantiene la tilde del pronombre interrogativo: “me preguntó que cuántos años tenia” 
  • Función de complemento indirecto. Estas oraciones se introducen por medio de las frases conjuntivas: “a que”, “para que”, “a fin de que”. La presencia de las preposiciones “a” y “para” recuerdan la función del complemento indirecto propia de esas oraciones, porque expresan la intención o el fin de lo expresado por la oración principal, reciben también el nombre de oraciones finales: “Te lo digo para que lo sepas”, “Asistí para que me tomasen las medidas”, “Me lo dijeron por teléfono a fin de que lo supiera antes”. Como se puede observar, el verbo va siempre en subjuntivo. 
  • Función de término o complemento de una preposición. En esta clasificación están las oraciones subordinadas sustantivas que funcionan como modificadores indirectos o complementos de nombre: “El hecho de que no cumpliera el contrato cambió las cosas”, “Mi primo es muy difícil de convencer”. También pueden formarse a partir de los llamados verbos prepositivos: “acordarse de”, “constar de”, “preocuparse por”. Ej. “Nunca se acordaba de que su abuela no vivía allí”, “Luis se preocupaba por conocer mejor a sus vecinos”. 
  • Función de complemento predicativo. La función de predicativo o atributo también puede ser desempeñada por las oraciones subordinadas sustantivas y se presentan con verbos copulativos ser y estar: “El deseo de todos es que salgas bien en tus exámenes”, “Justicia es que cada quien tenga lo suyo”. En este caso, conviene recordar el cambio de la subordinada por el pronombre neutro eso, para realizar el análisis: El deseo de todos es eso”, “Justicia es eso”, de manera que pueda verse mejor la función del predicativo y su unión con el sujeto por medio del verbo copulativo. En esta parte, resulta provechoso recordar que no se debe de confundir este tipo de oraciones sustantivas con oficio de complemento predicativo con el famoso que galicado, construcción incorrecta en nuestro idioma. Así pues, no se dirá: “Así es que se hace”, “Ahora es que vengo” o “Por eso es que vine” sino “Así se hace”, “Ahora vengo” y “Por eso vine”.
Oraciones subordinadas adjetivas o de relativo
Estas oraciones equivalen a un adjetivo con respecto a la oración principal y el nexo que las une a ella es un pronombre relativo: que, cual, quien, cual y cuyo. Funcionan como modificadores directos de un sustantivo: “El libro que compramos ayer era hermoso”, “El pobre el cual me pidió una limosna no sabe agradecer”, “El hombre quien estaba acostado, se levantó de golpe”, “El avión cuyo vuelo perdí era enorme”. La mejor manera de no confundir el pronombre relativo con una conjunción es cambiándolo por “el cual”: “El gato que me mordió…: el cual me mordió…”. La conjunción no se puede sustituir: “Todos sabemos que eso no es verdad” no es correcto decir: “Todos sabemos el cual eso no es verdad”.
El pronombre relativo no se limita a introducir la oración subordinada, sino que representa en ella al sustantivo que califica o determina. El sustantivo está en la oración principal y se llama antecedente. En el ejemplo visto anteriormente: “El libro que compramos ayer era hermoso”, la oración principal es “El libro era hermoso” y la subordinada adjetiva o de relativo es: “que compramos”. Se puede apreciar que el pronombre relativo “que” se refiere a la palabra “libro” que está en la principal; efectivamente, esa palabra es el antecedente del pronombre. El pronombre relativo y el antecedente deben concordar en género y en número: “libro que” (el cual) es masculino singular.
El antecedente puede desempeñar dentro de la oración principal cualquiera de las funciones que le son propias: “El guardia que detuvo al criminal fue felicitado” (sujeto); “Te compré el libro que me pediste” (complemento directo); “Almorzaremos en el restaurante que prefieras” (complemento circunstancial). Lo mismo ocurre con el pronombre relativo, que también puede desempeñar diversas funciones: “El hombre que no trabaja cae en el vicio” (sujeto); “El novio había alquilado la ropa que llevaba” (complemento directo); “La muchacha a quien regalé mi fotografía no ha regresado” (complemento indirecto).
Cuando el pronombre relativo es cuyo, cuya y sus plurales, la palabra a la que se refiere está dentro de la oración subordinada y sigue guardando las respectivas concordancias de género y en número: “El libro cuyas hojas rompí no era mío”, en este caso “cuyas” no concuerda con “libro” sino con “hojas” en femenino plural, además, existe una relación de posesión entre esta palabra y “cuyas hojas” (las hojas del libro). Lo mismo se dirá del siguiente ejemplo: “El avión cuyo vuelo perdí…” (el vuelo del avión) con una concordancia de masculino singular.
Es importante distinguir entre las subordinadas adjetivas o de relativo, las especificativas o determinativas y las explicativas. Las primeras limitan el concepto expresado por el antecedente por exclusión de lo no significativo por la subordinada: “Leímos los libros que estaban sobre la mesa”. Solamente leímos los que estaban sobre la mesa y no algunos que estuvieran en otra parte. Las explicativas, por el contrario, añaden un nuevo dato cualitativo a lo expresado por el antecedente, sin restringir el concepto: “Las mujeres, que estaban cansadas, esperaron sentadas”. No se trata de distinguir entre mujeres cansadas o no, sino de explicar que todas estaban cansadas. Las explicativas van entre comas y las especificativas no. Otro ejemplo podría ser el siguiente: “Los espectadores, que estaban de pie, protestaron” (explica que todos estaban de pie); “Los espectadores que estaban de pie protestaron” (solamente protestaron los que estaban de pie).
Oraciones subordinadas adverbiales
Las oraciones subordinadas adverbiales cumplen las funciones propias de los adverbios, por ello también reciben el nombre de circunstanciales. Estas oraciones expresan muchísimos tipos de condiciones o circunstancias en las que se realiza la acción del verbo principal. Las palabras de enlace que se emplean para este tipo de oraciones son diversas: conjunciones, locuciones conjuntivas, adverbios, locuciones adverbiales, preposiciones, etc. Ej. “Todos conocían el problema porque conocían al personaje”; “Si te quedas me marcho”; “Las cosas no son como tú lo has dicho”. La clasificación de las oraciones adverbiales es la siguiente: 1) lugar, 2) tiempo, 3) modo, 4) comparación, 5) causa, 6) condición, 7) consecuencia y 8) concesión.
De lugar: expresan el lugar donde se efectúa la acción principal. Se unen a la principal por medio del nexo donde y adonde. El antecedente puede ser un sustantivo, un adverbio de lugar o una oración: “Allí es donde queda la casa”, “El terreno donde se construyó a casa era mío”, “Puedes comenzar por donde te plazca”.


De tiempo: denotan circunstancia de tiempo respecto a la principal. Los nexos subordinantes son: cuando, cuanto, como que, mientras que, mientras tanto, en tanto que, antes, después, luego que, tan pronto como. Ej. “Te avisaré tan pronto llegue”, “Al atardecer era cuando llegaban los barcos”, “Avíseme cuando termine el informe”, “Se durmió mientras esperaba”.


De modo: funcionan como adverbios de modo. Pueden construirse con nexo o sin él. Los nexos subordinantes son: el adverbio de modo como, y las expresiones de modo que, de manera que, de forma que. Ej. “La secretaria escribió el informe como se lo ordenaron”, “Estudiaron como nunca antes lo habían hecho”.


De comparación: Establecen una comparación entre el concepto expresado por ellas y el de la oración principal. Los nexos subordinantes son: como, así como, tal como, tal cual. Ej. “La reunión quedó tal como se había planeado”, “La secretaria tiene más trabajo del que puede hacer” (superlativo), “El mensajero reparte menos cartas de las que debe” (inferioridad).


De causa: Expresan la causa o motivo del concepto de la oración principal. Sus nexos son: porque, pues, ya que, puesto que, por razón de que, a causa de que. Pueden modificar al verbo o a un adjetivo de la oración principal: “Tenemos que estar listos pues nos espera una larga jornada”, “El jefe no asistió a la reunión porque estaba fuera de la ciudad”.


De condición: Indican la condición o requisito para que se lleve a cabo la oración subordinante. Los nexos son: si, a condición de que, con tal que, siempre que: “Te espero con tal que vengas temprano”, “Si llegas hoy, podremos visitar la ciudad”.


De consecuencia: Expresan la consecuencia de lo dicho en la oración principal. Nexos: pues, así pues, luego, por tanto, por consiguiente. Ej. “Tenemos mucho trabajo, por lo tanto, contrataremos más personal”, “Trabajó mucho, luego se merece un descanso”.


De concesión: Indican una dificultad para que se realice la acción de la subordinante. Los nexos son: aunque, a pesar de que, ya que, por más que. Ej. “Por más que quiso, no pudo realizar el trabajo”.


Tomado del libro Gramática de la Lengua Española de Liduvina Carrera