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jueves, 28 de octubre de 2010

LÍRICA LATINA: VIRGILIO




Este género poético abarca formas y temas muy variados. Quizá el hilo conductor de sus contenidos sea la órbita privada del ser humano, en contraste con la épica en que la temática está marcada por el ámbito público o social del hombre. La poesía tocada al son de la lira, de donde recibe su nombre, también nació en la época arcaica en Grecia. Sus temas están en la órbita de lo íntimo y lo personal. Se pueden distinguir subgéneros como la lírica monódica ejecutada por un solista y la coral por un coro. En Roma existían desde los orígenes cantos religiosos y rituales conocidos como carmina. Toda la lírica romana está inspirada en la griega. En Roma se compuso para ser recitada, no cantada como en Grecia en época arcaica.

La lírica en Roma cuenta desde el principio con los modelos helenos. De época arcaica tenemos poco más que restos y fragmentos. De época clásica destacan Catulo, autor de un librito de poemas, renovador de la poesía latina, imita los modelos alejandrinos y la lírica eolia, Virgilio, quien en su primera obra las Bucólicas o Églogas imita a Teócrito y consigue un éxito arrollador en la Roma de Augusto. Horacio, introductor de la métrica eolia en latín sigue los modelos griegos. Con sus Odas y sus Epodos, se alcanzan las más altas cotas de la poesía lírica de todos los tiempos. Dentro de la lírica conviene señalar un subgénero que tuvo una especial significación en Roma; se trata de la elegía. La distinguen los temas: generalmente la expresión del dolor como profundo sentimiento humano, pero también, como siempre la forma: el dístico elegíaco es la estrofa propia de este género. Tibulo y Propercio cultivan la elegía ambos en la época de Augusto.

Ovidio, con una vasta obra poética trata entre otros el género de la elegía en sus Pónticas y sus Tristia. Junto con las Metamorfosis y Los fastos de contenido mitológico, por una parte y Los Amores, El arte de Amar y Las Heroidas conforman lo más importante de la obra de este autor que fue castigado por Augusto al exilio y murió lejos de Roma ya en tiempos de Tiberio. Otro subgénero que en Roma se cultivó también fue el de la sátira, genuinamente romana, cuyos representantes más egregios fueron Persio y Juvenal(s I d. C.). Es un género mixto en el que se emplea el hexámetro dactílico con finalidad crítica, a menudo ácida. Aunque hemos citado los dos representantes más conocidos, también cultivo el género satírico Horacio en sus Sermones. De época posclásica destacamos al hispano romano de Bílbilis (Calatayud) Marcial, famoso por sus epigramas satíricos. También destaca Juvenal en el s. I d. C. creador del famoso tópico mens sana in corpore sano. La lírica clásica inventa muchos de los tópicos literarios a que recurren los poetas de tiempos posteriores, el odio y amo de Catulo, el beatus ille, el carpe diem de Horacio, por citar algunos.


REPRESENANTE DE LA LÍRICA LATINA

VIRGILIO MARÓN, PUBLIO [Publius Vergilius Maro]
(Andes, hoy Pietole, actual Italia, 70 a.C.-Brindisi, id., 19 a.C.)


Virgilio nace en una aldea de Mantua (norte de Italia). De origen humilde, su padre se casó con la hija de su señor, así consiguió aumentar el patrimonio heredado con la apicultura y el comercio y pudo dar una buena educación a su hijo, que estudió retórica y filosofía en Roma. No tenía facilidad de palabra ni dominio de sí mismo y era de carácter tímido, por lo que sólo practicó la oratoria una vez, no participó en la guerra civil y nunca se metió en política; sin embargo, tras la guerra civil, se le confiscaron sus tierras para repartirlas entre los soldados de las legiones victoriosas. Viaja a Roma para solicitar ayuda a sus amistades y aunque finalmente obtuvo la restitución oficial de ellas, nunca pudo recuperarlas. Este viaje sirvió para darse a conocer a Octavio Augusto y a su hombre de Estado Mecenas, uno de los más espléndidos protectores de las artes que jamás existieron que lo introdujo en su círculo y le regaló una villa en la Campania, adonde se retiró a escribir.

OBRAS

a) La Eneida

La Eneida

La vertiente pública de su poesía llegó a su cima cuando afrontó la tarea de escribir un ambicioso poema patriótico a imagen de las grandes epopeyas homéricas, la Eneida, que debía cantar las virtudes del pueblo romano y cimentar una mitología propia para la nación. Para ello escogió la conocida figura legendaria del héroe troyano Eneas. Durante otros doce años trabajó en la composición de esta su obra maestra, poema épico que incluye doce cantos. El verso de Virgilio en la Eneida fue considerado en su propia época, y a partir de entonces, como modelo de perfección literaria tanto por su equilibrio métrico como por su musicalidad.

Sin embargo, el poeta no pudo terminar su obra, pues en el 19 a.C. emprendió un viaje por Grecia y Asia con la intención de corroborar sobre el terreno las referencias paisajísticas y geográficas de su obra maestra, prácticamente finalizada para entonces, y para profundizar en el estudio de la filosofía. Durante el viaje enfermó gravemente, y en su lecho de muerte pidió a sus amigos Vario y Plocio que destruyeran la Eneida, por considerarla imperfecta, ruego que no fue atendido por orden de Augusto.

Constituye el poema épico latino por excelencia y en él empleó los catorce últimos años de su vida. Narra aventuras de Eneas, desde la caída de Troya hasta su posterior asentamiento en Italia y las luchas que le enfrentaron a los pueblos vecinos que no aceptaban a los troyanos.

Características de la obra:

• Glorifica a la familia de los Julios (la del emperador Octavio Augusto), entroncándolos con Eneas y, por tanto, con Marte y Venus.

• Es el gran poema nacional romano: Ensalza sus orígenes y su glorioso destino. Sirvió para desarrollar un sentimiento de superioridad respecto a los demás pueblos.

• Imita la obra de Homero: se desarrolla en doce libros, seis recuerdan la Odisea y seis la Ilíada.

• Se presenta el tema de la predestinación: Eneas es un hombre prisionero de su deber, la fundación de Roma, y Roma existirá porque los dioses lo han querido, y su glorioso destino también es la voluntad de los dioses.

• Tiene como grandes ejes temáticos: las hazañas, Troya, el viaje, el sufrimiento, el destino, el amor, los dioses, el linaje de Roma.
Resumen de La Eneida

Eneas era hijo de Anquises, un mortal, y de la diosa Afrodita (Venus). Durante el asedio de Troya por parte de los griegos, Eneas perdió a su primera esposa, Creusa, pero junto con su padre y su hijo Ascanio salió de Troya en busca de un lugar donde fundar una nueva ciudad.

Llega a las costas de África, donde es recibido como huésped por la reina Dido, en Cartago. Durante un banquete, Eneas narra el trágico final de Troya y cómo él salió de allí, llevando de la mano a su hijo Ascanio y cargando sobre sus hombres a su anciano padre Anquises. Dido se enamora perdidamente de Eneas y pretende retenerlo junto a ella, pero al ver que no va a lograrlo, se suicida. Eneas sigue su navegación y llega hasta Sicilia y, después, a las costas italianas. Arriba al Lacio, donde el rey Latino, cumpliendo un designio del oráculo, ofrece a Eneas la mano de su hija Lavinia para que se convierta en su esposa. Pero Lavinia ya estaba prometida a Turno, lo cual desencadena una disputa entre éste y Eneas, que finaliza con un terrible duelo, del que nuestro héroe saldrá vencedor. Se casa con Lavinia y funda la ciudad de Lavinium en honor de su esposa.

Por su parte Ascanio fundó la ciudad de Alba Longa e inició la dinastía albana. Procas fue uno de los reyes de este linaje y tuvo dos hijos: Numitor y Amulio. Numitor tuvo una hija, llamada Rea Silvia, que a su vez y por la intervención del dios Marte, engendró a dos hijos gemelos: Rómulo y Remo. Rómulo, por designio divino, fundó una nueva ciudad: Roma. Y por esta razón Roma, ciudad fundada por el descendiente de un heroico y honorable linaje de dioses y mortales, se convirtió en la más poderosa del mundo mediterráneo.

b) Las Geórgicas

Las Geórgicas

Constituyen una especie de tratado de agricultura en verso. El afán del emperador Octavio Augusto por reavivar y extender el amor a la tierra, la vida sencilla en el campo guiada por las virtudes romanas: gravedad, sencillez, austeridad, honestidad, amor a la naturaleza, etc., determinaron el tema de la obra, que es el campesino y sus labores. Publicadas en 29 a. C., corresponden al segundo poema, en importancia, cuya intención era glosar e informar acerca de las labores agrícolas, además de representar una loa de la vida rural.

El poema está dividido en cuatro libros, tiene un carácter didáctico y consta de 2.188 hexámetros. Tiene su origen en Los trabajos y los días de Hesíodo. Virgilio la dedicó de modo especial a sus benefactores, Augusto y Mecenas (al que se invoca en el inicio de cada libro). La obra sirve de ilustración de algunas de las labores desarrolladas en el campo (recolección, siembra...), de explicación del funcionamiento de las estaciones del año y de las características climáticas.

Además de estos temas relacionados con la vida en el campo, hay otras partes del libro en que aparecen episodios sin relación aparente con él, como es el relato de los acontecimientos asombrosos que siguieron al asesinato de Julio César, o haciendo analogías que sirven para elogiar el gobierno de Augusto en el caso del apartado de la vida de las abejas. Las Geórgicas serán una referencia habitual en la literatura renacentista cuando se aborde el tema del Beatus Ille.

Contenido de las Geórgicas

Libro I

• La agricultura: la tierra, los métodos, el origen de la agricultura.
• El trabajo agrícola: los instrumentos, el tiempo propicio para las labores.
• Las predicciones meteorológicas.
Libro II

• Los árboles cultivados y frutales: las especies y los terrenos y cuidados que requieren.
• El cultivo de la vid y del olivo (específicamente).
Libro III

• Ganadería vacuna y caballar.
• Ganadería ovina y caprina.
• El cuidado y cría de los perros.
• Las plagas de los ganados.
Libro IV

• Apicultura
c) Las Églogas o Bucólicas

Eglogas o Bucólicas
Las Bucolicas, también conocidas como Églogas, Eclogae, constituyen la primera de las grandes obras del poeta romano Virgilio. Son poemas pastoriles donde los personajes hablan de sus amores y de sus penas. Son poemas románticos, pero artificiosos e inconsistentes. Roma conoció la poesía bucólica (del griego βουκολική ἀοιδή, «canto de pastores»), según parece, por las ediciones que se hicieron a lo largo del siglo I a. C. de los Idilios (del griego εἰδύλλιον, «pequeño poema») de Teócrito, varios de los cuales tenían este carácter pastoril. Virgilio había sentido siempre profunda admiración por los poetas alejandrinos del siglo III ad C. La que profesó por este autor se manifiesta en las múltiples ocasiones en que se inspira en él para sus Bucólicas. El metro empleado es el hexámetro dactílico. De esas piezas líricas, tienen gran importancia la Egloga I y la EgIoga VI.

La Égloga I. Tiene una extensión de 83 versos. Está estructurada como un diálogo entre dos pastores, Melibeo y Títiro. Comienza con las palabras de Melibeo, que cuenta cómo abandona su tierra con el rebaño de cabras. Títiro canta mientras su amor por Amarilis. Lamenta la confusión que hay por todas partes de la campiña. Compara su aflicción con la tranquilidad de Títiro. Títiro atribuye su bienestar a un dios, un joven al que ha conocido recientemente en un viaje a Roma, para el que siempre tendrá un cordero que sacrificar. Se duele, en cambio, Melibeo de que en adelante un soldado rudo poseerá sus campos y sus cosechas. Acaba el poema con la invitación de Títiro a pasar juntos la noche, que ya se va extendiendo sobre los campos.

El asunto principal de esta égloga es la confiscación de las tierras que su familia había sufrido. Recuérdese que su padre había perdido sus propiedades en el proceso colonizador que siguió a la batalla de Filipos. Las quejas de Melibeo por el daño sufrido se ven contrarrestadas por las alabanzas de Títiro a Octavio, al que considera dios benefactor y autor de su tranquilidad y de la paz general. Es como si Virgilio desdoblara sus sentimientos entre el dolor por el perjuicio recibido como consecuencia de la guerra civil y la satisfacción por el logro de la paz.

La Égloga IV. Tiene una extensión de 63 versos. La cuarta égloga escapa del concepto bucólico. La única referencia pastoril está al comienzo, donde el poeta invoca a las musas sicilianas, es decir, a las que inspiraron a Teócrito, y les pide que eleven su tono para que sus paisajes sean dignos de un cónsul, es decir, de Polión, al que se dirige el poema. Esta invocación ocupa los tres primeros versos: ya no habrá nada más que vincule la obra al género pastoril. La égloga celebra el nacimiento de un niño, que no se identifica directamente, al que habrá de acompañar el regreso de la Edad de Oro propia del reino de Saturno, que había profetizado la Sibila de Cumas. Regresará con ella Astrea, diosa de la justicia, que en edades menos favorables había ascendido al cielo y ocupado un lugar entre las constelaciones. El hombre recogerá sin esfuerzo los frutos de la tierra y dejará de afanarse en la agricultura o el comercio. Probablemente este poema misterioso y revestido de ropajes proféticos no sea otra cosa que un canto de gozo ante el fin de las guerras civiles y el futuro próspero que podía intuirse. Sobre la identidad y naturaleza del niño que se menciona en la égloga se han formulado hipótesis de todo tipo. Las dos más verosímiles son las que creen que el niño de cuya mano vendrá la edad de oro pudiera ser:

• Asinio Galo, Hijo de Asinio Polión. Servio, biógrafo y comentarista de Virgilio, cita a Asconio Pediano, quien aseguraba haber oído decir al propio Asinio Galo que él era el niño a quien Virgilio se refería.

• Un futuro hijo (quien luego nació, en realidad, fue una niña) de Marco Antonio y Octavia, la hermana del que habría de ser Augusto, cuyo matrimonio había servido para rubricar el pacto de Brindisi sellado en 40 a. C. por los dos triunviros bajo la mediación de Asinio Polión. Según esta hipótesis, el poema habría sido concebido inicialmente como un epitalamio en honor de la nueva pareja y luego Virgilio decidió incluirlo en la colección de églogas, para lo que añadió una breve introducción con alusiones pastoriles. El asunto del poema sería entonces la expectativa de paz y bienestar que se derivaba del pacto entre los dos caudillos.
En la propia Antigüedad ciertos autores cristianos pretendieron que estos versos de Virgilio eran una profecía pagana del nacimiento de Cristo. El emperador romano Constantino I, según testimonio de Eusebio de Cesarea, y más tarde Agustín de Hipona y otros pretendieron que era posible la manifestación divina a través de elementos paganos. Así, los libros sibilinos, en los que se basa el mito del retorno de la Edad de Oro, podrían recoger profecías sobre el advenimiento del mesías que esperaban los judíos. Otros autores cristianos, como San Jerónimo, que identificaba al niño con el hijo de Polión, rechazaban por incoherencias temporales cualquier interpretación de este tipo. No hay acuerdo entre los distintos autores modernos sobre la posibilidad de que Virgilio conociera el texto de Isaías 11, 6-8: «Vivirá el lobo con el cordero, yacerá el leopardo con el chivo, habitarán juntos el ternero, el león y la oveja y un niño pequeño los guiará. Pacerán juntos el ternero y el oso; juntos descansarán sus cachorros. El león comerá paja como el buey y el niño de teta jugará junto a la madriguera de la serpiente...».



FRAGMENTO LA ÉGLOGA I

MELIBEO

¡Títiro!, tú, recostado a la sombra de esa frondosa haya, meditas pastoriles cantos al son del blando caramillo; yo abandono los confines patrios y sus dulces campos; yo huyo del suelo natal, mientras que tú, ¡oh Títiro!, tendido a la sombra, enseñas a las selvas a resonar con el nombre de la hermosa Amarilis.
TÍTIRO

A un dios, ¡oh Melibeo!, debo estos solaces, porque para mí siempre sera un dios. Frecuentemente empapará su altar la sangre de un recental de mis majadas; a él debo que mis novillas vaguen libremente, como ves, y también poder yo entonar los cantos que me placen al son de la rústica avena.
MELIBEO

No envidio, en verdad, tu dicha; antes me maravilla, en vista de la gran turbación que reina en estos campos. Aquí me tienes a mí, que, aunque enfermo, yo mismo voy pastoreando mis cabras, y ahí va una, ¡oh Títiro!, que apenas puedo arrastrar, porque ha poco parió entre unos densos avellanos dos cabritillos, esperanza, ¡ay!, del rebaño, los cuales dejó abandonados en una desnuda peña. A no estar obcecado mi espíritu, muchas veces hubiera previsto esta desgracia al ver los robles heridos del rayo . Mas dime, Títiro, ¿quién es ese dios?
TÍTIRO
Corderillos

Simple de mí, creía yo, Melibeo, que la ciudad que llaman Roma era parecida a esta nuestra adonde solemos ir los pastores a destetar los corderillos; así discurría yo viendo que los cachorros se parecen a los perros y los cabritos a sus madres, y ajustando las cosas grandes con las pequeñas; pero Roma descuella tanto sobre las demás ciudades como los altos cipreses entre las flexibles mimbreras.
MELIBEO

¿Y cuál tan grande ocasión fue la que te movió a ver a Roma?

TÍTIRO

La libertad, que, aunque tardía, al cabo tendió la vista a mi indolencia cuando ya al cortarla caía mas blanca mi barba; me miró, digo, y vino tras largo tiempo, ahora que Amarilis es mi dueña y que me ha abandonado Galatea; porque, te lo confieso, mientras serví a Galatea ni tenía esperanza de libertad ni cuidaba de mi hacienda, y aunque de mis ganados salían muchas víctimas para los sacrificios y me daban muchos pingües quesos, que llevaba a vender a la ingrata ciudad, nunca volvía a mi choza con la diestra cargada de dinero.
MELIBEO

Me admiraba, ¡Amarilis!, de que tan triste invocases a los dioses y de que dejases pender en los árboles las manzanas. Títiro estaba ausente de aquí; hasta estos mismos pinos, ¡oh Títiro!, estas fuentes mismas, estas mismas florestas te llamaban.
TÍTIRO

¿Qué había de hacer? Ni podía salir de mi servidumbre ni conocer en otra parte dioses tan propicios. Allí fue, Melibeo, donde vi a aquel mancebo en cuyo obsequio humean un día en cada mes nuestros altares; allí dio, el primero, a mis súplicas esta respuesta: "Apacentad, ¡oh jóvenes!, vuestras vacas como de antes; uncid al yugo los toros."
MELIBEO

¡Luego conservarás tus campos, venturoso anciano!, y te bastarán sin duda, aunque todos sean peladas guijas y fangosos pantanos cubran las dehesas. No dañarán a las preñadas ovejas los desacostumbrados pastos ni se les pegará el contagio del vecino rebaño a las paridas. ¡Anciano venturoso! Aquí respirarás el frescor de la noche entre los conocidos ríos y las sagradas fuentes; aquí las abejas hibleas, apacentadas en los sauzales del vecino cercado, te adormecerán muchas veces con su blando zumbido; aquí cantará el podador bajo la alta roca, y entre tanto no cesarán de arrullar tus amadas palomas ni de gemir la tórtola en el erguido olmo.
TÍTIRO

Por eso antes pacerán en el aire los ligeros ciervos y antes los mares dejarán en seco a los peces en la playa; antes, desterrados ambos de sus confines, el Parto beberá las aguas del Araris o el Germano las del Tigris, que se borre de mi pecho la imagen de aquel dios.
MELIBEO

Y entre tanto nosotros iremos unos al África abrasada, otros a la Escitia y al impetuoso Oaxes de Creta, y a la Bretaña, apartada de todo el orbe; y ¿quién sabe si volveré a ver, al cabo de largo tiempo, los confines patrios y el techo de césped de mi pobre choza, admirándome de encontrar espigas en mis campos? ¿Un impío soldado poseerá estos barbechos tan bien cultivados? ¿Un extranjero estas mieses? ¡Mira a que estado ha traído la discordia a los míseros ciudadanos! ¡Mira para quién hemos labrado nuestras tierras! Injerta ahora, ¡oh Melibeo!, los perales, pon en buen orden las cepas; id, cabrillas mías, rebaño feliz en otro tiempo; ya no os veré de lejos, tendido en una verde gruta, suspendidas de las retamosas peñas. No entonaré cantares; no más, cabrillas mías, pastoreándoos yo, paceréis el florido cantueso ni los amargos sauces.
TÍTIRO

Bien pudieras, empero, descansar aquí conmigo esta noche en la verde enramada; tengo dulces manzanas, castañas cocidas y queso abundante. Ya humean a lo lejos los mas altos tejados de las alquerías y van cayendo las sombras, cada vez mayores, desde los altos montes.

ÉGLOGA IV

Vaticina el poeta, evocando los oráculos de la Sibila de Cumas, el nacimiento de un niño maravilloso, por quien ha de volver al mundo la edad de oro.

POLIÓN

Cantemos, ¡oh musas sicilianas!, asuntos algo mas levantados. No a todos agradan los arbustos y los humildes tamariscos; si cantamos las selvas, sean las selvas dignas de un consul.

Julio César
Ya llega la última edad anunciada en los versos de la Sibila de Cumas; ya empieza de nuevo una serie de grandes siglos. Ya vuelven la virgen Astrea y los tiempos en que reinó Saturno; ya una nueva raza desciende del alto cielo. Tú, ¡oh casta Lucina!, favorece al recién nacido infante, con el cual concluirá, lo primero, la edad de hierro y empezará la de oro en todo el mundo; ya reina tu Apolo. Bajo tu consulado, ¡oh Polión!, tendrá principio esta gloriosa edad y empezarán a correr los grandes meses; mandando tú, desaparecerán los vestigios, si aún quedan, de nuestra antigua maldad, y la tierra se verá libre de sus perpetuos terrores. Este niño recibirá la vida de los dioses, con los cuales verá mezclados a los héroes, y entre ellos le verán todos a él, y regirá el orbe, sosegado por las virtudes de su padre. Para ti, ¡oh niño!, producirá en primicias la tierra inculta hiedras trepadoras, nardos y colocasias, mezcladas con el risueño acanto. Por sí solas volverán las cabras al redil, llenas las ubres de leche, y no temerán los ganados a los corpulentos leones. De tu cuna brotarán hermosas flores; desaparecerán las serpientes y las falaces hierbas venenosas; por doquiera nacerá el amomo asirio, y cuando llegues a edad de leer las alabanzas de los héroes y los grandes hechos de tu padre, y de conocer lo que es la virtud, poco a poco amarillearán los campos con las blandas espigas, rojos racimos penderán de los incultos zarzales y las duras encinas destilarán rocío de miel. Todavía quedarán, sin embargo, algunos rastros de la antigua maldad, que moverán al hombre a provocar en naves las iras de Tetis, a ceñir las ciudades con murallas y a abrir surcos en la tierra. Otro Tifis habrá, y otra Argos, que llevará escogidos héroes; otras guerras habrá también, y por segunda vez caerá sobre Troya un terrible Aquiles. Mas luego, llegado que seas a la edad viril, el nauta mismo abandonará la mar y cesarán en su tráfico las naves; todo terreno producirá todas las cosas. La tierra no consentirá el arado, la vid no consentirá la podadera y el robusto labrador desuncirá del yugo los bueyes. No aprenderá la lana a teñirse con mentidos colores; por sí mismo el carnero en los prados mudará su vellón, ya en suave púrpura, ya en amarilla gualda; con solo pastar la hierba, se vestirán de escarlata los corderillos. ¡Corred, siglos venturosos!, dijeron a sus husos las Parcas, acordes con el incontrastable numen de los Hados. Ya es llegado el tiempo; crece para estos altos honores, ¡oh cara estirpe de los dioses, oh glorioso vástago de Júpiter! Mira cómo oscila el mundo sobre su inclinado eje, y cómo las tierras y los espacios del mar, y el alto cielo y todas las cosas se regocijan con la idea del siglo que va a llegar. ¡Ojalá me alcance el último término de la vida y me quede aliento bastante para decir tus altos hechos! No me vencerá en el canto ni el tracio Orfeo ni Lino, aun cuando asistan a éste su padre y a aquél su madre, Calíope a Orfeo, a Lino el hermoso Apolo. Si el mismo Pan compitiese conmigo, siendo juez la Arcadia, el mismo Pan se declararía vencido delante de la Arcadia. Empieza, ¡oh tierno niño!, a conocer a tu madre por su sonrisa; diez meses te llevó en su vientre con grave afán; empieza, ¡oh tierno niño! El hijo que no ha alcanzado la sonrisa de sus padres no es admitido a la mesa de los dioses ni en el lecho de las diosas.

FUENTES CONSULTADAS:

Cultura clásica.com





sábado, 23 de octubre de 2010

VERBO Y CONJUGACIONES

Para Matías Carrera, mi sobrino.


El verbo es la palabra que expresa acción y existencia en una oración; sus accidentes gramaticales son persona, número, tiempo y modo.
  • Las personas gramaticales son tres: yo, tú, él (ella): yo canto, ella canta.
  • El número puede ser singular y plural: tú vienes (sujeto singular), nosotros cantamos (sujeto plural).
  • En lo que respecta al tiempo verbal, se debe decir que el hablante ordena los hechos en anteriores o pasados, en simultáneos o presentes y en posteriores o futuros. Los tiempos verbales formados por el auxiliar haber + participio pasado se llaman formas compuestas y suelen funcionar como tiempos relativos.
  • El modo es una categoría verbal que indica la concepción que el hablante tiene de la acción verbal. Así tenemos la siguiente clasificación: a) si la considera como cierta, experimentada o es neutral ante ella, emplea el indicativo: Juan habla demasiado b) si se plantea dudas sobre ella y la presenta como incierta, no experimentada o hipotética, emplea el subjuntivo: Juan, quizás, hable demasiado c) si quiere participar activamente y manifiesta una orden, es decir, su voluntad de que algo se cumpla, emplea el imperativo: ¡cállate, Luis!
La concordancia verbal

El verbo concierta con su sujeto en número y persona, como se puede observar en los siguientes ejemplos:

• Yo estudio (1ª persona de singular).
• Nosotros estudiamos (1ª persona del plural).
También existen casos particulares, como veremos a continuación: 
• Si hay varios sujetos para un mismo verbo, éste se coloca en plural: Ej. Juan, Pedro y Antonio pintan.
• Cuando los sujetos son de distinta persona y una de ellas es la primera, el verbo se debe colocar en 1ª persona. Ej.: Antonio, tú y yo paseamos (Antonio 3ª, tú 2ª y yo 1ª, por lo tanto, el verbo se usa en 1ª persona del plural: “paseamos”).
• Cuando el sujeto es “usted” u otro tratamiento de segunda persona, el verbo se pondrá en tercera. Ej.: Usted no llegó a tiempo; Escuche Vuestra Alteza; Reinen felices Vuestras Altezas.
Los verbos irregulares

Se llaman verbos irregulares a los que sufren algún cambio en su conjugación y no siguen el modelo de los verbos regulares. Existen tres tipos de irregularidad en los verbos:

1. Verbos con irregularidad vocálica: pensar – pienso; contar – cuento.
2. Verbos con irregularidad consonántica: carecer – carezco; aplazar – aplacé.
3. Verbos con irregularidades particulares: poner – pongo; caber – quepo; dar – doy; ser- soy.
En los verbos decir, hacer y sus compuestos la terminación del participio acaba en –cho: dicho, predicho; hecho, deshecho, rehecho.
  
Verbos defectivos

Los verbos defectivos sólo se conjugan en algunas formas y carecen de otras. La mayoría de ellos sólo tienen la tercera persona, debido a su significado: atañer: atañe, atañen; acaecer: acaece, acaeció; acontecer: acontece, acontecen; concernir: concierne, conciernen. El verbo abolir también es defectivo porque no se conjuga en todos los tiempos y personas gramaticales; sólo pueden construirse las formas que tienen –i- después de la raíz: abolí, aboliera, aboliéramos, he abolido.

Verbos impersonales

Los llamados verbos impersonales o suelen denominarse, también, unipersonales o de una sola persona. Son los que sólo se usan en el infinitivo y en la tercera persona del singular de todos los tiempos. Ejemplo: llover, llueve, llovía, llovió. No suelen llevar sujeto expreso.

• Son unipersonales propios los verbos que indican fenómenos de la naturaleza, como amanecer, llover, nevar, granizar, tronar, relampaguear, escarchar, helar, etc. Sujeto implícito de estos verbos podría ser Dios, el cielo, la naturaleza, el día, etc.; pero no son sujetos gramaticales. Algunos de estos verbos se emplean a veces, metafóricamente, en las tres personas, de tal suerte, que se podrá decir: “Amanecí en el campo”, “Anocheciste bueno”; “Alborearán tiempos de gloria”; “Si no nos escuchan, relampaguearemos y tronaremos”.

• Se llaman unipersonales impropios ciertos verbos que, aunque se usan ordinariamente en todas las personas, a veces en determinada significación, sólo se emplean en las terceras personas del singular. Los principales son los siguientes: Ser: en expresiones como “es tarde, era de noche, fue de mañana”; Estar: “está nublado, estaba sereno, ¡Qué oscuro estuvo!”; Haber: “¿Hay novedades?, hubo elecciones, habrá tres meses, Con tal que no haya abusos”; Hacer: es unipersonal en los ejemplos: “hace frío, hizo calor”.

También existen verbos, según la Academia, usados en construcción impersonal que siendo su índole transitivos o intransitivos, se usan algunas veces sin expresar el agente. Ellos admiten dos formas: a) La tercera persona del plural de todos los tiempos. Ej.: “Anuncian lluvia”; “Dijeron que vendría”. Como se puede observar, no tienen sujeto gramatical aunque se le podría dar uno más o menos vago. b) La tercera persona del singular precedida del pronombre “se”. Ej. “Se anuncia lluvia”. “Se dijo que vendrían”.
 Formas no conjugadas del verbo: infinitivo, gerundio y participio

Estas formas verbales no presentan terminaciones de persona y numero, por eso se denominan también formas no personales del verbo. De este hecho se deduce que no pueden formar oración propiamente dicha, ya que no pueden asumir la concordancia de sujeto y verbo, requerida en una oración.

Estas formas se diferencian por el aspecto verbal o manera en que se presenta el proceso verbal:

1. El participio identifica la acción como un proceso terminado: Llevo leídas tres páginas. El participio es un adjetivo verbal, por ello puede constituirse como adjetivo independiente o aparecer en construcciones con los verbos compuestos. Se puede usar como adjetivo y como verbo. Cuando funciona como un adjetivo, concuerda con el sustantivo en género y en número, tal como lo haría un adjetivo: “El mensajero, agradecido por el ascenso, se quedó trabajando hasta tarde”. Como verbo, se añade a un auxiliar y forma tiempos compuestos: “La secretaria tenía escritas todas las cartas”. El participio tiene una terminación regular en ado, ido: cantado, dormido; y otra irregular en to, cho, so: dicho, visto.

2. El gerundio presenta la acción en su desarrollo, en su desarrollo: “Estoy leyendo esta novela”. Esta forma verbal expresa una coincidencia o anterioridad del verbo principal, su terminación es ando, iendo. Se puede usar como adverbio: “No entres corriendo”; como verbo durativo, esto es, acompañado de los verbos ir, estar, quedar, venir, andar y seguir y tiene los mismos complementos: “El asistente del gerente estaba distribuyendo el trabajo”. Cuando se usa como gerundio absoluto, el sujeto debe ir colocado después: “Siendo mi hijo tan buen estudiante, estoy segura de que triunfará”. Se debe saber que algunos gerundios, como hirviendo, ardiendo y colgando, se han fijado en el uso como adjetivos: agua hirviendo, los brazos colgando, la cara ardiendo. Por otro lado, hay que advertir el extranjerismo representado por las expresiones en las que el gerundio complementa elementos de las oraciones, que no son ni sujeto ni complementos de verbo. En este caso, es incorrecto su uso: Subimos a un barco navegando a Italia; Se estrelló un avión muriendo sus ocupantes.

3. El infinitivo presenta la acción en su tensión máxima, en su dinamismo total, de allí que tenga un aspecto progresivo o de acción hacia el futuro. Es la forma del verbo que expresa la acción con carácter general y terminan en ar, er, ir.: “Voy a leer esta novela”. El infinitivo puede ser usado como verbo y como sustantivo. Como verbo: “Iremos a comer a tu casa”. Como sustantivo: “El saber no ocupa espacio” (la sustantivación es determinada por el artículo).
Los modelos de conjugación verbal

En español existen tres conjugaciones regulares: 1ª ar: cantar, 2ª er: comer, 3ª ir: sufrir. Todos los verbos regulares siguen el modelo del paradigma que se presenta a continuación. Los verbos irregulares se apartan del paradigma regular por razones de la evolución fonética de la lengua.


MODO INDICATIVO

Presente

 
Pretérito indefinido
   
Pretérito imperfecto o copretérito

 
 Pretérito perfecto compuesto o antepresente


 
Pretérito anterior o ante pretérito

  Pretérito pluscuamperfecto o ante copretérito

  Futuro simple


 Fututo compuesto o ante futuro

 Condicional simple o pospretérito

  Condicional compuesto o ante pospretérito


MODO SUBJUNTIVO

Presente


 Pretérito imperfecto (1ra forma)
 Pretérito imperfecto (2da forma)

 Pretérito perfecto o antepresente


 Pretérito pluscuamperfecto (1ra forma) o ante pretérito

  
Pretérito pluscuamperfecto (2da forma)

 Futuro simple

 Futuro compuesto o ante futuro
 
MODO IMPERATIVO


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Gerundio

Participio
Infinitivo compuesto
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Técnicas de Redacción e Investigación Documental de Liduvina Carrera, Mireya Vásquez y María Elena Díaz

Gramática de la lengua española de Liduvina Carrera
  
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jueves, 14 de octubre de 2010

LIRICA GRIEGA

Si la poesía épica narra los hechos gloriosos del pasado, la poesía lírica se ocupa de los sentimientos e inquietudes del presente, y da lugar a una poesía más emotiva e íntima. Aunque apenas se conservan unos pocos fragmentos, estos textos líricos bastan para darnos una idea de la belleza y frescura de estos poemas.

1. DEFINICIÓN

Se entiende por poesía lírica un tipo de poesía personal que toma al propio poeta y sus sentimientos como tema principal. A diferencia de la poesía épica, la lírica es ante todo una poesía subjetiva, pues el poeta no es ya un mero narrador de las hazañas que les ocurren a otros, sino que se toma a sí mismo como motivo de su canto. Como la épica, la lírica es también muchas veces poesía cantada, con acompañamiento musical. Va dirigida ante todo al hombre individual, en quien se trata de producir o evocar los mismos sentimientos que se cantan en el poema.

2. ORÍGENES

Al igual que la épica, en la lírica hubo una primera etapa oral, que coincidió en el tiempo con la épica oral y en donde el poeta se limita también a repetir, con pequeñas variaciones, los poemas transmitidos por la tradición oral. A esta etapa de lírica popular seguirá otra en la que el poeta se sirve de la escritura y se convierte ya en creador. A esta etapa se la denomina lírica culta.

La lírica culta surge en Grecia alrededor del siglo VII a.C. en un momento de profundos cambios. En lo literario, la épica ha perdido ya vitalidad como género y ha entrado en crisis. Se trata de una época en que se consolida el individualismo y el interés del hombre por todo lo que le rodea. Este género literario mantuvo su vitalidad hasta mediados del siglo V a.C., por lo que se circunscribe al período arcaico.

3. CARACTERÍSTICAS PRINCIPALES

Entre los rasgos principales que caracterizan la lírica tenemos:

a. Fue una poesía que se desarrolló en el ambiente de los “agones”, competiciones poéticas organizadas por ciudades, tiranos y santuarios.
b. En el poema, el mito pierde gran parte de su importancia, llegando incluso a desaparecer. En todos los casos la prioridad la tiene la expresión de las propias emociones y sentimientos.
c. Es una poesía esencialmente cantada y con acompañamiento musical, teniendo incluso a veces el complemento de la danza.
d. Se abandonó el hexámetro dactílico de la épica y surgieron nuevos tipos de versos, pues la lírica evitaba los poemas formados por largas tiradas de versos iguales.
e. En cuanto a la lengua utilizada para componer los poemas, se adoptó en cada lugar el dialecto local, lo cual contribuyó a consagrar los dialectos griegos de cada zona.
f. Otro rasgo fundamental es la enorme variedad y riqueza de géneros que produjo la lírica griega, muchos de ellos procedentes de la lírica popular preliteraria.

4. TIPOLOGÍA

En el helenismo la expresión “lírico” tiene un sentido muy concreto: poesía cantada al son de la lira. Los alejandrinos reúnen a los poetas de lírica monódica y coral realizando creaciones en las que se supone como acompañamiento un instrumento de cuerdas que podía ser la lira (lura),la cítara (kiqariV), o una especie de laud (formigx), ya solo, ya con flauta (auloV). Es una poesía ligada a las ceremonias religiosas y rituales, de carácter popular, y el marco de interpretación lo constituían las procesiones religiosas, los concursos de todo tipo, las fiestas en honor del vencedor en los grandes juegos etc, para recordar antiguos mitos y cantar las glorias presentes de la patria. La lírica griega puede dividirse conforme a distintos criterios; sin embargo existe una división tradicional que contempla el modo de ejecución de los poemas:

- Lírica monódica: cantada por una sola persona.
- Lírica coral: ejecutada por un coro.
a) LÍRICA MONÓDICA

La lírica monódica está compuesta por los siguientes tipos:

• ELEGÍA. Es un tipo de poesía relacionada en su origen con los banquetes. Trataba una temática diversa, generalmente seria, acompañada de flauta. Se componía en un tipo de verso denominado dístico elegíaco y la lengua utilizada era el dialecto jónico ático. Los cultivadores de este tipo de poesía fueron: Calino, Tirteo, Solón, Mimnermo, Teognis y Jenófanes.

• YAMBO. Es un tipo de poesía que surgió relacionada con el culto a Deméter y Dionisio. Su contenido era burlesco y satírico. Se componía en un tipo de versos formados por yambos y la lengua utilizada era el jónico-ático. Entre sus cultivadores se encuentran: Arquíloco, Semónides, Hiponacte y, sobre todo, Arquíloco.

• POESÍA MÉLICA. Es un tipo de poesía que canta sobre todo el amor, el vino y las mujeres. Es la canción de banquete por excelencia y se acompañaba del bárbitos, una especie de lira grande de muchas cuerdas. Se utilizaban distintos tipos de versos y el dialecto que se utiliza es el eolio. Entre sus cultivadores destacan: Alceo, Safo y Anacreonte.

b) LÍRICA CORAL

Este tipo de composiciones estaba interpretada por un coro con motivo de algún tipo de fiesta o acontecimiento colectivo. En su origen, la mayoría de los poemas corales eran himnos a los dioses, aunque poco a poco fue introduciéndose la temática humana. En cuanto a su estructura métrica, se utilizaban las tríadas, formadas por tres estrofas (estrofa, antistrofa y épodo), y la lengua utilizada es el dorio. Fueron muchos los poetas corales, entre ellos destacan: Alcmán, Estesícoro, Íbico, Simónides, Píndaro y Baquílides.

Entre sus géneros destacamos:

• HIMNO. Canto ritual dirigido a una divinidad. Según el dios al que se dirigía, se distinguen el peán (Apolo), en el que se canta o pide un triunfo (militar, enfermedad, etc.), y el ditirambo (Dionisio). Otros tipos de himnos son: el canto procesional, el treno (canto fúnebre) y el epitalamio (canto nupcial).

• CANTOS DEDICADOS A LOS HOMBRES. Destacan el encomio (elogio), el epinicio (canto triunfal) y el canto de guerra.

5. UN POCO DE HISTORIA

La lírica fue, en un principio, una canción para ser cantada con el acompañamiento de la lira. En la antigua Grecia se componían dos tipos principales de líricas, la personal y la coral.

La lírica personal se desarrolló en la isla de Lesbos. El poeta y músico Terpandro, que había nacido en Lesbos pero que vivió casi toda su vida en Esparta, está considerado como el primer poeta lírico griego porque fue el que antes unió música y poesía. La mayor parte de sus poemas eran nomos o himnos litúrgicos, escritos en honor de un dios particular, Apolo, y cantados por un sólo cantante acompañado de la lira.

Después de Terpandro aparecieron en el siglo VII a. C. los grandes poetas de Lesbos. Alceo se ocupó en sus poemas líricos de temas políticos, religiosos y personales e inventó la estrofa alcea. Safo, la mayor poetisa de la antigua Grecia, creó la estrofa sáfica y escribió también en otras formas líricas. Sus poemas de amor y amistad se encuentran entre los más apasionados y mejor trabajados de la tradición occidental. Los poetas lésbicos, así como varios poetas líricos posteriores de otras ciudades griegas, compusieron sus poemas en dialecto eólico.

En el siglo VI a. C., el poeta Anacreonte escribió alegres poemas líricos sobre el vino y el amor en varios metros líricos, y sus posteriores versos, similares en tono y tema, fueron conocidos como anacreónticos. Anacreonte también escribió dísticos elegíacos, epigramas y poemas en metros yámbicos.

La lírica coral se desarrolló por primera vez en el siglo VII a. C. por poetas que escribieron en dialecto dórico. Este dialecto, dominante en la región de alrededor de Esparta, se utilizó incluso en épocas posteriores cuando los poetas de otros lugares de Grecia escribían poemas líricos corales. Los poetas espartanos fueron los primeros en escribir de esta forma canciones y bailes en celebraciones públicas religiosas. Más tarde lo hicieron para celebrar éxitos privados, como por ejemplo, una victoria en los juegos olímpicos de la antigüedad.

Se dice que el primer poeta lírico coral fue Taletas, que se cree viajó de Creta a Esparta para sofocar una epidemia con himnos corales a Apolo. Le siguió Terpandro, que escribió tanto poemas líricos personales como corales; Alcmán, cuyos poemas eran en su mayor parte partheneia, himnos procesionales corales cantados por un coro de doncellas y de carácter parcialmente religioso, de tono más ligero que los himnos a Apolo y Arión. Se cree que Arión creó tanto el ditirambo como el estilo trágico, que se utilizó ampliamente en el drama griego. Entre los grandes escritores posteriores de poemas líricos corales se encuentran el poeta siciliano Estesícoro, contemporáneo de Alceo, que introdujo la forma ternaria de la oda coral, consistente en series de grupos de tres estrofas; Íbico de Reggio, autor de un largo fragmento que se conserva de una oda coral ternaria y de poemas líricos personales eróticos; Simónides de Ceos, cuya lírica coral incluye epinicia, u odas corales en honor de los vencedores en los juegos olímpicos, encomia, o himnos corales que celebraban a personas concretas, y cantos fúnebres, además de poemas líricos personales que incluyen epigramas, y Baquílides de Ceos, sobrino de Simónides, que escribió epinicios, de los que se conservan 13, y ditirambos, cinco de los cuales han llegado hasta nosotros.

La lírica coral alcanzó su apogeo hacia mediados del siglo V a.C. en las obras de Píndaro, que escribió muchos poemas de este género en todas las formas, incluyendo himnos, ditirambos y epinicios. Se conserva cerca de un cuarto de su obra, principalmente epinicios con la estructura trinaria creada por Estesícoro. Se escribieron muchas odas corales importantes contemporáneas a la obra de estos últimos poetas, tanto en estructura ternaria como sin ella, como parte integral de las tragedias griegas.

6. REPRESENTANTES DE LA POESÍA GRIEGA CLÁSICA

• SAFO: (Lesbos, actual Grecia, s. VII a.C.-id., s. VI a.C.)

Con respecto a esta poetisa lírica griega, se conoce su fama, pues hizo que Platón se refiriera a ella dos siglos después de su muerte como la décima musa. Nació en la isla de Lesbos, probablemente en Mitilene. Aunque no se sabe mucho acerca de su vida, perteneció al parecer a una familia noble y fue contemporánea del poeta lírico Alceo, de quien se supone fue su amante, y de Stesichorus. También se dice que se casó con un hombre rico de la isla de Andros y que tuvo una hija llamada Cleis. Otra leyenda, que no merece credibilidad alguna, sostiene que, tras ser rechazada por el joven marino Faón, se arrojó desde un acantilado en Léucade (una isla de la costa occidental de Grecia). No se sabe cuando murió, pero en sus poemas de última época se describe a sí misma como una anciana que goza de una vida tranquila, pobre, en armonía con la naturaleza.

Los fragmentos que hoy conservamos de sus poemas indican que Safo enseñó su arte a un grupo de mujeres jóvenes, con las que mantuvo una estrecha relación y para las que compuso sus odas nupciales cuando la abandonaron para casarse. El poeta Anacreonte (mediados del siglo VI a.C., es decir, una generación posterior a Safo), afirmaba, en referencia a este grupo, que Safo sentía un amor sexual por las mujeres; de ahí proceden los términos lesbianismo y safismo, que aluden a la homosexualidad femenina.

Safo escribió nueve libros de odas, epitalamios o canciones nupciales, elegías e himnos, pero apenas se conservan algunos fragmentos de todos ellos. Entre estos destaca la Oda a Afrodita, citada por el erudito Dionisio de Halicarnaso en el siglo I a.C. En el siglo ** se descubrió un papiro con nuevos fragmentos de sus poemas. La poesía de Safo se caracteriza por la exquisita belleza de su dicción, su perfección formal, su intensidad y su emoción. Inventó el verso hoy conocido como oda sáfica (tres endecasílabos y un adónico final de cinco sílabas). Muchos poetas griegos posteriores asimilaron la influencia de Safo, en particular Teócrito. A pesar de lo fragmentario de su producción conservada, parece que Safo consiguió hacer realidad su deseo, acorde con la concepción helénica de la poesía, de hacer perdurable su amor a través de su creación poética.

El trabajo de la décima musa es el producto de la derivación de la lírica tradicional, popular o pre literaria griega de los siglos VII y VI a. C. que se convertiría en la lírica literaria. Esta distinción se debe a las diferencias del carácter oral y tradicional de la primera y el carácter escrito de la segunda que surgió, a propósito, a la par con la difusión de la escritura en el siglo VII a. C. Por otra parte, las características y temas a tratar que adopta la lírica literaria de la tradicional son esencialmente las mismas solo que esta vez se hallan mas concentradas en los motivos de un yo individual. El éxito, en gran parte, de la poesía de Safo radica en la adopción del amor como tema personal. Por lo tanto, las situaciones creadas serían temporalmente cercanas a sí y a la audiencia. De ahí que fue necesario crear una forma de expresión adecuada para expresar sus sentimientos más íntimos, de manera que sus composiciones podían distinguirse por una fuerte presencia del yo que canta y ese yo autorreferencial que está frecuentemente situado en el tiempo y en el espacio.

Safo habla en sus poemas de la pasión amorosa que se apodera del ser humano y se manifiesta en diversas formas, como los celos, el deseo o una intangible nostalgia. Ejemplo de esto se encuentra en el Himno en honor a Afrodita, el único poema que nos ha llegado completo de toda su obra. Podría considerarse como una oración, una súplica dirigida a la diosa del amor para conseguir su ayuda y lograr así el amor de su enamorada. Parece que no es la primera vez que Safo invocaba a la diosa para esto mismo, en el poema Afrodita habla directamente a Safo y le pregunta por los motivos por los que la llama de nuevo. La descripción de la diosa bajando del cielo en su carro rodeada de alegres gorriones, sonriendo responde a una de las imágenes más evocadoras de la diosa.

Safo ha adquirido el nombre de la décima musa por su resonancia e importancia dentro del mundo de la poesía. De su producción literaria son pocos los fragmentos que se han podido rescatar, entre ellos, el Himno en honor a Afrodita.


• ANACREONTE:  (Teos de Lidia, actual Grecia, s. VI a.C.-id., s. V a.C.)

Poeta lírico griego. Fue llamado por el tirano de la isla de Samos, Polícrates, como poeta de corte y se dice que también como preceptor, y permaneció a su servicio hasta que la isla cayó en manos de los persas. Aceptó entonces la invitación de Hiparco, hijo de Pisístrato, y partió para Atenas, donde obtuvo clamorosos éxitos y fue introducido en la alta aristocracia ateniense; también pudo entrar en contacto con otros poetas líricos. Con la caída del tirano, en el 514 a.C., Anacreonte se dirigió a Tesalia, donde pasó el resto de su vida como poeta de la corte. De su obra se han conservado tan sólo algunos fragmentos, en los que canta a los goces de la vida y el amor, y gracias a la edición del filólogo alexandrino Aristarco de Samotracia, se sabe que se dividía en poesía lírica, elegíaca y yámbica.

Separado de la lírica lesbia por más de medio siglo, Anacreonte se mueve en un mundo diverso, donde han desaparecido los ideales aristocráticos de Alceo y Safo, y en el que la presión de los persas obligó a los habitantes jonios de su ciudad ( Teos) a marchar a las costas tracias, donde este poeta inicia sus primeros versos.

Más tarde Anacreonte dirige sus pasos a la corte de Polícrates en Samos, de donde parte hacia Atenas con el tirano Hiparco. Aquí el marco su la poesía lo constituye el distinguido simposio, muy de moda en la época de las tiranías, en el que se concede gran importancia al refinamiento de los modales en el banquete. Si Alceo recitaba poesía del arsenal en su círculo de combatientes, Anacreonte nada quiere saber de rencillas y guerras. Él mismo dice que desea cantar los dones de Afrodita y los alegres placeres de la fiesta, que presentan un carácter netamente erótico. Sus versos reflejan la dulzura d la vida con tal intensidad que en ocasiones llega a ser dolor.

Revela su originalidad tanto en expresiones metafóricas, como en el uso de abundantes epítetos. El sentido del poeta por lo delicado y frágil se expresa en los versos que compara a la juventud esquiva con el pequeño corzo que, abandonado por la madre, anda por el bosque lleno de temor.

Los alejandrinos conocían cantos, elegías y yambos de Anacreonte, y publicaron sus poemas en cinco libros. Su arte no admite continuadores y quienes lo intentaron convirtieron su gracia en simpleza, su placer por la vida en debilidad por el vino y el amor. Sus poemas fueron compuestos hasta la época bizantina y sesenta de ellos están recopilados en manuscritos detrás de la Antología palatina.

Su lírica, de tono hedonista, refinado y decadente, canta los placeres del amor (tanto de hombres como de mujeres) y el vino, y rechaza la guerra y el tormento de la vejez. También cultivó ocasionalmente la sátira, inspirándose en el modelo griego de la misma, Arquíloco.

El amor para Anacreonte es algo fundamentalmente sensual, fugaz y pasajero, por lo que sus composiciones sobre ese tema suelen ser breves. Son famosos sus poemas dedicados a la muchacha joven y asilvestrada a quien llama «potra tracia», así como aquellos que hacen referencia a juegos entre el poeta y algún joven del que estuviera enamorado. Ha pasado a la posteridad como el poeta de los banquetes. Sus poemas fueron copiados e imitados en época más tardía: le fueron asignados a él en su totalidad aunque en la actualidad se supone que no son suyos. A este compendio de poemas se le llama Anacreónticas.

Anacreonte afirmaba con frecuencia, haciendo referencia a la relación que la poetisa Safo mantuvo con sus alumnas, que ésta había sentido un amor sexual por ellas. Tales afirmaciones fueron causa de rumor y con el paso del tiempo se extendieron de tal modo, que debido a ello nacieron los términos «lesbianismo» y «safismo», que aluden a la homosexualidad femenina, en referencia al rumor extendido al respecto de Safo de Lesbos por el poeta.


Del Amor

Ya quiero amar, ya quiero.
Cupido amar me manda,
Y yo, ¡Pobre insensato!
Desoigo sus palabras.
Se irrita y toma el arco
Con la dorada aljaba,
Y me provoca, al punto
A singular batalla.
La acepto. Hecho un Aquiles
Me ciño la coraza,
Y audaz le desafió
Con el escudo y la lanza.
Dispara, y hurto el cuerpo;
Agótase su aljaba;
Y entonces, como un dardo,
El mismo se dispara.
El pecho me atraviesa,
El corazón me clava,
Y las fuerzas me roba
Y la vida me arranca.
Vano es ya resistirse,
Inútiles las armas.
¿A qué tirar afuera
Si es dentro la batalla?
FUENTES:
http://usuarios.multimania.es/CULTURA_CLASICA/biografias/biografias-a.html#aANACREONTE
http://es.wikipedia.org/wiki/Anacreonte
http://inefablescronicas.blogspot.com/2007/08/anacreonte.html
 http://es.wikipedia.org/wiki/Safo_de_Mitilene





Himno en honor a Afrodita

¡Oh, tú en cien tronos Afrodita reina,
Hija de Zeus, inmortal, dolosa:
No me acongojes con pesar y tedio
Ruégote, Cripria!
Antes acude como en otros días,
Mi voz oyendo y mi encendido ruego;
Por mi dejaste la del padre Jove
Alta morada.
El áureo carro que veloces llevan
Lindos gorriones, sacudiendo el ala,
Al negro suelo, desde el éter puro
Raudo bajaba.
Y tú ¡Oh, dichosa! en tu inmortal semblante
Te sonreías: ¿Para qué me llamas?
¿Cuál es tu anhelo? ¿Qué padeces hora?
-me preguntabas-
¿Arde de nuevo el corazón inquieto?
¿A quién pretendes enredar en suave
Lazo de amores? ¿Quién tu red evita,
Mísera Safo?
Que si te huye, tornará a tus brazos,
Y más propicio ofreceráte dones,
Y cuando esquives el ardiente beso,
Querrá besarte.
Ven, pues, ¡Oh diosa! y mis anhelos cumple,
Liberta el alma de su dura pena;
Cual protectora, en la batalla lidia
Siempre a mi lado.