Buscar

viernes, 6 de septiembre de 2013

EL CUENTO TRADICIONAL, POPULAR O FOLKLÓRICO



El cuento tradicional es una creación literaria, relativamente breve, de carácter narrativo, y autor anónimo refiere acontecimientos ficticios. Cada vez que se relata un cuento, en forma oral o escrita, se produce una versión, diferente a la anterior. La finalidad del cuento consiste en proporcionar diversión y placer; además, tiene una función didáctica; su origen es desconocido porque se remonta hasta las primeras manifestaciones culturales de los hombres; por ser un relato de transmisión oral, que pasa de generación en generación, su procedencia se pierde en el tiempo.
Una de las características de los cuentos tradicionales es su finalidad didáctica y moralizante, es decir, son relatos pensados para educar a los nobles y al pueblo en general; por ello, los cuentos que llegaron a Europa durante la Edad Media (siglos VII al xv) provenientes de oriente (Mesopotamia, Egipto, India, etc.) y de occidente (antigüedad grecolatina) fueron, en muchos casos, reescritos y transformados para adecuarlos a la sociedad en la que se insertaban. De esta manera, la enseñanza que originalmente era útil en la cultura en la que los relatos se creaban, también resultaba eficiente en el nuevo contexto.
ORÍGENES
Cuándo y dónde se originó el cuento tradicional resulta, en la actualidad, un dato tan desconocido como el mismo objeto de estudio. Para tratar de responder estos interrogantes que enmarcan los orígenes del cuento tradicional, se han dado varias hipótesis; sin embargo, el lugar y el momento de creación de la mayoría de ellos siguen siendo sólo conjeturas.
Entre las teorías acerca de la procedencia del cuento tradicional se destacan tres:
1. La teoría “monogenista” (del griego mono: uno, y gen: especie), propuesta por el escritor y filólogo alemán Wilhelm Grimm (1786-1859), postula que los relatos son herencia de un pasado común indoeuropeo y que provienen de mitos. Otros estudiosos también piensan que los cuentos europeos son originarios de la India;
2. La teoría “poIigenista” (del griego poli: muchos) plantea que los cuentos se originaron en una época primitiva, salvaje, en varias regiones ya que distintos pueblos, en estado cultural semejante, crearon similares narraciones.
3. Una tercera teoría corresponde a Vladimir Propp (1895-1970); quien ubica las fuentes del relato maraviIIoso en la realidad histórica; para este investigador ruso, una determinada política económica condiciona los modelos culturales de una sociedad capaz de crear ciertos tipos de cuentos y no otros; por eso, en ellos pueden verse, precisamente, huellas de formas de la vida social y cultural. En este caso, los cuentos surgirían cuando los ritos (reglas de una ceremonia religiosa) y las costumbres de las sociedades se vuelven superfluas y dejan de tener su sentido original.
En definitiva, llegar a la forma original de las numerosas variantes de los cuentos resulta un hecho imposible pues, en la tradición oral, las derivaciones del texto primitivo no son fieles copias, sino refundiciones. Por otra parte, el carácter del cuento no se agota con las representaciones ficcionales basadas en lo real, sino que también recrea imágenes y situaciones que no se remontan a ninguna realidad inmediata (por ejemplo: la aparición de un caballo alado); en otras palabras, estos relatos también son producto de una mentalidad primitiva, que no conoce las abstracciones y confunde la fantasía con la realidad.
Así el cuento provenga de un mito, de un ritual, de viejas costumbres, de culturas ancestrales o remotas, siempre tuvo un creador "concreto" o "personal" (un mendigo ciego que pedía limosna mientras brindaba su narración, un trovador que creaba sus composiciones en la corte, o un juglar que relataba historias en las plazas, etc.). Este "autor" ofrecía su relato a un auditorio que, al sentirse identificado con la temática abordada, lo adoptaba como propio y lo transmitía a otros; pero, en ese proceso, se producían modificaciones: se hacía hincapié en determinada acción o personaje en particular, se añadían o suprimían episodios, etc. De esta manera, el cuento perdía su condición individual y pasaba a ser patrimonio del pueblo.
Aunque el cuento tradicional haya sido una creación literaria relativamente breve, de carácter narrativo y autor anónimo, que refiere acontecimientos ficticios; también, por pertenecer a la tradición oral, perdura a través de variantes; porque, cada vez que se relata un cuento, en forma oral o escrita, se produce una versión, diferente de la anterior.
UN CONCEPTO AMPLIO
La noción de "literatura tradicional" es bastante amplia e incluye las siguientes variantes:
1. Narraciones heredadas del pasado, ya sea en forma escrita u oral. Así, por ejemplo, esta definición incluiría las obras de tradición escrita como las fábulas del escritor griego Esopo (siglo IV a.C.) o Las mil y una noches, de autor anónimo;
2. Cuentos orales tradicionales de todo el mundo; las formas narrativas tradicionales más conocidas son los cuentos, los mitos y las leyendas;
3. Cuentos maravillosos, como los recogidos por los hermanos Jacob (1785-1863) y Wilhelm Grimm, llamados popularmente "cuentos de hadas".
Entonces, el estudio del cuento folklórico de raíces tradicionales abarca no sólo las narraciones escritas, sino también todas las formas de la narración transmitidas oralmente. Estas creaciones, al ser heredadas por el pueblo y por ser transmitidas de generación en generación, se vuelven tradicionales. Asimismo, un relato no popular, es decir, un cuento con situaciones que no se remontan a ninguna realidad inmediata, también puede ser adoptado por el pueblo como tradicional. En esos casos, algunos estudiosos del cuento tradicional, (como Stith Thompson o Vladimir Propp, los llaman también "folklóricos", e incluyen en ese grupo cuentos maravillosos o mágicos, cuentos de animales, novelescos, adivinanzas, chistes y aun cuentos de fórmula (como el "cuento de la buena pipa").
LAS RUTAS DEL CUENTO TRADICIONAL
Un cuento refleja en sus temas unas características y rasgos propios de la región en la que nace; pero, cuando pasa a ser parte de tradición oral, sufre modificaciones en distintas regiones e, incluso, en lugares muy diferentes al de origen. En este sentido, los cuentos de hadas son característicos de Europa tanto oriental como occidental y también del oeste de Asia; su eje temático gira alrededor de las proezas de un héroe, que recibe, en la mayoría de los casos, ayuda sobrenatural.
Aquellos cuentos en los que predominan paisajes nevados, animales típicos de determinado lugar o situaciones (osos polares a los que se les congela la parte del cuerpo, por ejemplo) no pueden haberse originado en lugares cálidos, sino en zonas frías como el norte de Europa (Finlandia) o Rusia; pero, a través de la transmisión oral, se expanden a toda Europa más tarde, se difunden por África, hasta cruzar el océano y recalar en América del Norte. Otros relatos surgieron en Irlanda, Islandia, Noruega, Egipto, Babilonia, Grecia e India, como ciclos de narraciones sagradas que constituían las mitologías de esos pueblos

CLASIFICACIÓN DE LOS CUENTOS FOLKLÓRICOS
Las variedades principales de cuentos folclóricos son:
Cuentos maravillosos o de magia. Son los llamados fairy tales (cuentos de hadas) en inglés o Märchen en alemán; en estos relatos fantásticos, abundan tanto personajes como objetos fabulosos (hadas, ogros, alfombras voladoras, etc.). Para Stith Thompson, estos cuentos son típicos de las áreas donde la cultura occidental es co-extensiva. Este grupo, posiblemente el más estudiado, es objeto de una abundante controversia científica, debido a las diversas teorías aparecidas en torno a su origen genético.
Cuentos novelescos (Novellenmärchen, en alemán). Transcurren en un mundo real, no fabuloso. Tienen gran riqueza episódica, al igual que los cuentos maravillosos. Categorizados dentro de los cuentos novelescos, aparecen los relatos de adivinanzas, en los cuales se proponen adivinanzas, acertijos, etc., y de cuya solución se desprenderá el premio o el castigo. Para el folklorista sueco Carl Wilhelm von Sydow, el origen de estos cuentos se encuentra en los pueblos semitas.
Cuentos religiosos. En estos cuentos intervienen, con un propósito moralizador, distintos personajes como Dios, la Virgen María, los santos, el diablo, etc. Hay controversia en relación a la pertenencia de este tipo de cuentos a la categoría de cuentos folklóricos, ya que algunos autores los consideran leyendas religiosas, porque, si bien las historias de estos cuentos son ficticias, para ciertos auditorios se trata de historias verdaderas, sobre todo al tratarse de personajes que son sagrados dentro de la propia cultura.
Chistes o historietas (schwänke; jests, anécdotas). Grupo conformado por relatos generalmente cortos y con fines humorísticos, se ramifica en distintos subgrupos (los cuentos de sordos, de sacerdotes, de solteronas, de maridos engañados, etc.). También se producen grandes ciclos narrativos, como es el caso, en la tradición hispanoamericana, del ciclo de Pedro de Urdemales, un pícaro de dilatada tradición peninsular que, a su paso por tierras americanas, se ha extendido por todo el continente, adoptando los más variados nombres.
Cuentos de animales. Emparentados con las fábulas, en este grupo, conformado por relatos que suelen ser breves, los animales se comportan como seres humanos; además interactúan con ellos en las pocas ocasiones en que éstos aparecen. Según Stith Thompson hay varias fuentes principales para estos relatos: las fábulas literarias de la India, las fábulas de Esopo, los cuentos medievales de animales, fundamentalmente el ciclo del zorro, muy presente, por ejemplo, en el folklore argentino, entre otros.

ALGUNAS CARACTERISTICAS DE LOS CUENTOS FOLKLÓRICOS
Las características comunes que se pueden observar en los cuentos folklóricos son las siguientes:
·        Se transmiten de forma oral.
·        Son de carácter universal, se encuentran desde la antigüedad por todo el mundo.
·        Son muy similares en todas partes, en lo que respecta a los aspectos estructurales de importancia.
·        Se narra una sucesión de episodios, cuyo orden no puede cambiarse.
·        Los episodios están subordinados al personaje.
·        Se suele situar la acción en un espacio y tiempo lejanos.
·        Existe en ellos un carácter impersonal, realizado en una forma sencilla de expresión.
·        Todo está envuelto por una visión maravillosa, donde la realidad se somete a una moral popular.
En definitiva, el cuento popular o folklórico puede definirse como: “un tipo de narración en prosa sobre sucesos ficticios de transmisión oral”. En la actualidad, la narración de cuentos a un público infantil o adulto, congregado exclusivamente para oírlo, ha comenzado a caer en desuso; en algunos países, está dejando paso incluso a la narración leída; esto puede ser debido a que jamás los folkloristas se preocuparon tanto de la finalidad del cuento como de su texto, y se dedicaron más a recoger y publicar cuentos que a interesarse por la función social que los impulsaba.

LOS HERMANOS GRIMM

Los Hermanos Grimm es el nombre usado para referirse a los escritores Jacob Grimm (1785-1863) y Wilhelm Grimm (1786-1859); estos dos hermanos alemanes fueron célebres por sus cuentos para niños y también por su Diccionario alemán, las Leyendas alemanas, la Gramática alemana, la Mitología alemana y los Cuentos de la infancia y del hogar; también fueron reconocidos como fundadores de la filología alemana. Ambos nacieron en la localidad alemana de Hanau (en Hesse); a los 20 años de edad, Jacob trabajaba como bibliotecario y Wilhelm como secretario de la biblioteca; incluso, antes de llegar a los 30 años, habían logrado sobresalir gracias a sus publicaciones.
Los hermanos Grimm fueron profesores universitarios en Kassel (1829 y 1839 respectivamente); cuando eran profesores de la Universidad de Gotinga, los despidieron en 1837 por protestar contra el rey Ernesto Augusto I de Hannover; pero, al año siguiente, fueron invitados por Federico Guillermo IV de Prusia a Berlín, donde ejercieron como profesores en la Universidad Humboldt. Hay que destacar que, tras las Revoluciones de 1848, Jacob fue miembro del Parlamento de Fráncfort.
En el aspecto literario, la labor de los hermanos Grimm no se limitó a recopilar historias, sino que se extendió también a la docencia y la investigación lingüística, especialmente de la gramática comparada y la lingüística histórica. Sus estudios de la lengua alemana son piezas importantes del posterior desarrollo del estudio lingüístico (como la Ley de Grimm), aunque sus teorías sobre el origen divino del lenguaje fueron rápidamente desechadas.
Además de sus cuentos de hadas, los Grimm también son conocidos por su obra Deutsches Wörterbuch, un diccionario en 33 tomos con etimologías y ejemplos de uso del léxico alemán, que concluido en 1960. En 1803 los hermanos Grimm conocieron en la Universidad de Marburgo (Hesse) a los románticos Clemens Brentano y Achim von Arnim, quienes despertaron en ellos el interés por los cuentos tradicionales. Jacob y Wilhelm empezaron a recopilar y elaborar los cuentos de la tradición oral en el entorno burgués de Kassel, marcado por el carácter de los hugonotes. Fue justamente de una mujer proveniente de una familia de hugonotes de quien obtuvieron gran parte de las historias recogidas en su libro Kinder- und Hausmärchen (Cuentos para la infancia y el hogar), dos volúmenes publicados en 1812 y 1815. La colección fue ampliada en 1857 y se conoce popularmente como Cuentos de hadas de los hermanos Grimm. Su extraordinaria difusión ha contribuido decisivamente a divulgar cuentos como Blancanieves, La Cenicienta, Hänsel y Gretel, La Bella Durmiente, La fuente de las hadas, Juan sin miedo y Pulgarcito. Un aspecto controvertido de este éxito es que en muchos lugares su versión escrita ha desplazado casi por completo a las que seguían vivas en la tradición oral local.
Los textos se fueron adornando y, a veces, censurando de edición en edición debido a su extrema dureza; los Grimm se defendían de las críticas argumentando que sus cuentos no estaban dirigidos a los niños; sin embargo, para satisfacer las exigencias del público burgués, tuvieron que cambiar varios detalles de los originales. Por ejemplo, la madre de Hansel y Gretel pasó a ser una madrastra, porque el hecho de abandonar a los niños en el bosque (cuyo significado simbólico no se reconoció) no coincidía con la imagen tradicional de la madre de la época; también hubo que cambiar o, mejor dicho, omitir alusiones sexuales explícitas.
Los autores recogieron algunos cuentos franceses gracias a Dorothea Viehmann y a las familias Hassenflug y Wild (una hija de los Wild se convertiría después en la esposa de Wilhelm). Pero para escribir un libro de cuentos verdaderamente alemán, aquellos cuentos que llegaron de Francia a los países de habla alemana, como El gato con botas o Barba Azul, tuvieron que eliminarse de las ediciones posteriores.
En 1812, los hermanos Grimm editaron el primer tomo de Cuentos para la infancia y el hogar, en el cual publicaban su recopilación de cuentos, al que siguió en 1814 su segundo tomo. Una tercera edición apareció en 1837 y la última edición supervisada por ellos, en 1857. Las primeras colecciones se vendieron modestamente en Alemania, al principio apenas unos cientos de ejemplares al año. Las primeras ediciones no estaban dirigidas a un público infantil; en un principio los hermanos Grimm rehusaron utilizar ilustraciones en sus libros y preferían las notas eruditas a pie de página, que ocupaban casi tanto espacio como los cuentos mismos; en sus inicios, nunca se consideraron escritores para niños sino folkloristas patrióticos. Alemania en la época de los hermanos Grimm había sido invadida por los ejércitos de Napoleón, y el nuevo gobierno pretendía suprimir la cultura local del viejo régimen de feudos y principados de la Alemania de principios del siglo XIX.
Sería a partir de 1825 cuando alcanzarían mayores ventas, al conseguir la publicación de la Kleine Ausgabe (Pequeña Edición) de 50 relatos con ilustraciones fantásticas de su hermano Ludwig; era una edición condensada, destinada para lectores infantiles; luego, entre 1825 y 1858, se publicarían diez ediciones de esta Pequeña Edición.
A mediados del siglo XIX, en algunos sectores de América del Norte la colección de cuentos era condenada por maestros, padres de familia y figuras religiosas debido a su crudo e incivilizado contenido, ya que representaba la cultura medieval con todos sus rígidos prejuicios, crudeza y atrocidades. Los adultos ofendidos se oponían a los castigos impuestos a los villanos; un ejemplo se puede ver en la versión original de Blancanieves, a la malvada madrastra se le obliga a bailar con unas zapatillas de hierro ardiente al rojo vivo hasta caer muerta. Los primeros libros ilustrados fueron hechos por los editores ingleses y, una vez que los hermanos Grimm descubrieron a su nuevo público infantil, se dedicaron a refinar y suavizar sus cuentos.
Los 210 cuentos de la colección de los Grimm forman una antología de cuentos de hadas, fábulas, farsas rústicas y alegorías religiosas y, hasta ahora, la colección ha sido traducida a más de 160 idiomas. Los cuentos y los personajes hoy en día son usados en el teatro, la ópera, las historietas, el cine, la pintura, la publicidad y la moda; los ejemplares manuscritos de Cuentos para la infancia y el hogar, propiedad de la biblioteca de la Universidad de Kassel, fueron incluidos en el Programa “Memoria del Mundo” de la Unesco en 2005. Tras la Segunda Guerra Mundial y hasta 1948, estuvo prohibida la venta de los cuentos de los hermanos Grimm en la zona de ocupación inglesa, ya que los ingleses los consideraban como una prueba de la supuesta maldad de los alemanes durante la guerra. La actual edición (1996 y 2004) de las versiones originales de los hermanos Grimm fue publicada por Hans-Jörg Uther. La primera traducción al español fue hecha directamente del alemán, en 1879, por Don José S. Viedma (1831-1898).

CUENTOS FOLKLÓRICOS - ANTOLOGÍA

Alí Babá y los cuarenta ladrones
Había una vez un señor que se llamaba Alí Babá y que tenía un hermano que se llamaba Kassim. Alí Babá era honesto, trabajador, bueno, leñador y pobre. Kassim era deshonesto, haragán, malo, usurero y rico. Alí Babá tenía una esposa, una hermosa criada que se llamaba Luz de la Noche, varios hijos fuertes y tres mulas. Kassim tenía una
esposa y muy mala memoria, pues nunca se acordaba de visitar a sus parientes, ni siquiera para preguntarles si se encontraban bien o si necesitaban algo. En realidad no los visitaba para que no le salieran pidiendo algo.
Un día en que Alí Babá estaba en el bosque cortando leña oyó un ruido que se acercaba y que se parecía al ruido que hacen cuarenta caballos cuando galopan. Se asustó, pero como era curioso trepó a un árbol. Espiando, vio que eran, efectivamente, cuarenta caballos. Sobre cada caballo venía un ladrón, y cada ladrón tenía una bolsa llena de monedas de oro, vasos de oro, collares de oro y más de mil rubíes, zafiros, ágatas y perlas. Delante de todos iba el jefe de los ladrones.
Los ladrones pasaron debajo de Alí Babá y sofrenaron frente a una gran roca que tenía, más o menos, como una cuadra de alto y que era completamente lisa. Entonces el jefe de los ladrones gritó a la roca: "¡Sésamo: ábrete!". Se oyó un trueno y la roca, como si fuera un sésamo, se abrió por el medio mientras Alí Babá casi se cae del árbol por la emoción. Los ladrones entraron por la abertura de la roca con caballos y todo, y una vez que estuvieron dentro el jefe gritó: "¡Sésamo: ciérrate!". Y la roca se cerró.
"Es indudable -pensó Alí Babá sin bajar del árbol- que esa roca completamente lisa es mágica y que las palabras pronunciadas por el jefe de los ladrones tienen el poder de abrirla. Pero más indudable todavía es que dentro de esa extraña roca tienen esos ladrones su escondite secreto donde guardan todo lo que roban." Y en seguida se oyó otra vez un gran trueno y la roca se abrió. Los ladrones salieron y el jefe gritó: "¡Sésamo: ciérrate!". La roca se cerró y los ladrones se alejaron a todo galope, seguramente para ir a robar en algún lado. Cuando se pedieron de vista, Alí Babá bajó del árbol.
"Yo también entraré en esa roca -pensó-. El asunto será ver si otra persona, pronunciando las palabras mágicas, puede abrirla." Entonces, con todas las fuerzas que tenía, gritó: "¡Sésamo: ábrete!". Y la roca se abrió. Después de tardar lo que se tarda en parpadear, se lanzó por la puerta mágica y entró. Y una vez dentro se encontró con el tesoro más grande del mundo. "¡Sésamo: ciérrate!", dijo después. La roca se cerró con Alí Babá dentro y él, con toda tranquilidad, se ocupó de meter en una bolsa una buena cantidad de monedas de oro y rubíes. No demasiado: lo suficiente como para asegurarse la comida de un año y tres meses. Después dijo: "¡Sésamo: ábrete!". La roca se abrió y Alí Babá salió con la bolsa al hombro. Dijo: "¡Sésamo: ciérrate!" y la roca se cerró y él volvió a su casa, cantando de alegría. Pero cuando su esposa lo vio entrar con la bolsa se puso a llorar.
-¿A quién le robaste eso? -gimió la mujer.
Y siguió llorando. Pero cuando Alí Babá le contó la verdadera historia, la mujer se puso a bailar con él.
-Nadie debe enterarse que tenemos este tesoro -dijo Alí Babá-, porque si alguien se entera querrá saber de dónde lo sacamos, y si le decimos de dónde lo sacamos querrá ir también él a esa roca mágica, y si va puede ser que los ladrones lo descubran, y si lo descubren terminarán por descubrirnos a nosotros. Y si nos descubren a nosotros nos cortarán la cabeza. Enterremos todo esto.
-Antes contemos cuántas monedas y piedras preciosas hay -dijo la mujer de Alí Babá.
-¿Y terminar dentro de diez años? ¡Nunca! -le contestó Alí Babá.
-Entonces pesaré todo esto. Así sabré, al menos aproximadamente, cuánto tenemos y cuánto podremos gastar -dijo la mujer.
Y agregó:
-Pediré prestada una balanza.
Desgraciadamente, la mujer de Alí Babá tuvo la mala idea de ir a la casa de Kassim y pedir prestada la balanza. Kassim no estaba en ese momento, pero sí su esposa.
-¿Y para qué quieres la balanza? -le preguntó la mujer de Kassim a la mujer de Alí Babá.
-Para pesar unos granos -contestó la mujer de Alí Babá.
"¡Qué raro! -pensó la mujer de Kassim-. Éstos no tienen ni para caerse muertos y ahora quieren una balanza para pesar granos. Eso sólo lo hacen los dueños de los grandes graneros o los ricos comerciantes que venden granos."
-¿Y qué clase de granos vas a pesar? - le preguntó la mujer de Kassim después de pensar lo que pensó.
-Pues granos... -le contestó la mujer de Alí Babá.
-Voy a prestarte la balanza -le dijo la mujer de Kassim.
Pero antes de prestársela, y con todo disimulo, la mujer de Kassim untó con grasa la base de la balanza.
"Algunos granos se pegarán en la grasa, y así descubriré qué estuvieron pesando realmente", pensó la mujer de Kassim. Alí Babá y su mujer pesaron todas las monedas y las piedras preciosas. Después devolvieron la balanza. Pero un rubí había quedado pegado a la grasa.
-De manera que éstos son los granos que estuvieron pesando -masculló la mujer de Kassim-. Se lo mostraré a mi marido.
Y cuando Kassim vio el rubí, casi se muere del disgusto.
Y él, que nunca se acordaba de visitar a Alí Babá, fue corriendo a buscarlo. Sin saludar a nadie, entró en la casa de su hermano en el mismo momento en que estaban por enterrar el tesoro.
-¡Sinvergüenzas! -gritó-. Ustedes siempre fueron unos pobres gatos. Díganme de dónde sacaron ese maravilloso tesoro si no quieren que los denuncie a la policía.
Y se puso a patalear de rabia. Alí Babá, resignado, comprendió que lo mejor sería contarle la verdad.
-Mañana mismo iré hasta esa roca y me traeré todo a mi casa -dijo Kassim cuando terminaron de explicarle.
A la mañana siguiente, Kassim estaba frente a la roca dispuesto a pronunciar las palabras mágicas.
Había llevado 12 mulas y 24 bolsas; tanto era lo que pensaba sacar.
-¿Qué era lo que tenía que decir? -se preguntó Kassim-. Ah, sí, ahora recuerdo... Y muy emocionado exclamó: "¡Sésamo: ábrete!".
La roca se abrió y Kassim entró. Después dijo "Sésamo: ciérrate", y la roca se cerró con él dentro.
Una hora estuvo Kassim parado frente a las montañas de moneda de oro y de piedras preciosas.
"Aunque tenga que venir todos los días -pensó-, no dejaré la más mínima cosa de valor que haya aquí. Me lo voy a llevar todo a mi casa." Y se puso a morder las monedas para ver si eran falsas. Después empezó a elegir entre las piedras preciosas. "Aunque me
las llevaré todas, es mejor que empiece por las más grandes, no vaya a ser que por h o por b mañana no pueda venir y me quede sin las mejores." La elección le llevó unas cinco horas. Pero en ningún momento se sintió cansado. "Es el trabajo más hermoso que hice en mi vida. Gracias al tonto de mi hermano, me he convertido en el hombre más rico del mundo." Y cuando cargó las 24 bolsas se dispuso a partir.
-¿Qué era lo que tenía que decir? -se preguntó-. Ah, sí, ahora recuerdo... Y muy emocionado dijo: "Alpiste: ábrete".
Pero la roca ni se movió.
-¡Alpiste: ábrete! -repitió Kassim.
Pero la roca no obedeció.
-Por Dios -dijo Kassim-, olvidé el nombre de la semilla. ¿Por qué no lo habré anotado en un papelito?
Y, desesperado, empezó a pronunciar el nombre de todas las semillas que recordaba: "Cebada: ábrete"; "Maíz: ábrete"; "Garbanzo: ábrete".
Al final, totalmente asustado, ya no sabía qué decir: "Zanahoria: ábrete"; "Coliflor: ábrete"; "Calabaza: ábrete".
Hasta que la roca se abrió. Pero no por Kassim sino por los cuarenta ladrones que regresaban. Y cuando vieron a Kassim, le cortaron la cabeza.
-¿Cómo habrá entrado aquí? -preguntó uno de los ladrones.
-Ya lo averiguaremos -dijo el jefe-. Ahora salgamos a robar otra vez.
Y se fueron a robar, después de dejar bien cerrada la roca.
Pero Alí Babá estaba preocupado porque Kassim no regresaba. Entonces fue a buscarlo a la roca.
Dijo "Sésamo: ábrete", y cuando entró vio a Kassim muerto. Llorando, se lo llevó a su casa para darle sepultura. Pero había un problema: ¿qué diría a los vecinos? Si contaba que Kassim había sido muerto por los ladrones se descubriría el secreto, y eso, ya lo sabemos, no convenía.
-Digamos que murió de muerte natural -dijo Luz de la Noche.
-¿Cómo vamos a decir eso? Nadie se muere sin cabeza -dijo Alí Babá.
-Yo lo resolveré -dijo Luz de la Noche, y fue a buscar a un zapatero.
Camina que camina, llegó a la casa del zapatero.
-Zapatero -le dijo-, voy a vendarte los ojos y te llevaré a mi casa.
Eso nunca -le contestó el zapatero-. Si voy, iré con los ojos bien libres.
No -repuso Luz de la Noche. Y le dio una moneda de oro.
-¿Y para qué quieres vendarme los ojos? -preguntó el zapatero.
-Para que no veas adónde te llevo y no puedas decir a nadie dónde queda mi casa -dijo Luz de la Noche, y le dio otra moneda de oro.
-¿Y qué tengo que hacer en tu casa? -preguntó el zapatero.
-Coser a un muerto -le explicó Luz de la Noche.
-Ah, no -dijo el zapatero-, eso sí que no -y tendió la mano para que Luz de la Noche le diera otra moneda.
-Está bien -dijo el zapatero después de recibir la moneda-, vamos a tu casa.
Y fueron. El zapatero cosió la cabeza del muerto, uniéndola. Y todo lo hizo con los ojos vendados. Finalmente volvió a su casa acompañado por Luz de la Noche y allí se quitó la venda.
-No cuentes a nadie lo que hiciste -le advirtió Luz de la Noche.
Y se fue contenta, porque con su plan ya estaba todo resuelto. De manera que cuando los vecinos fueron informados que Kassim había muerto, nadie sospechó nada. Y eso fue lo que pasó con Kassim, el malo, el haragán, el de mala memoria. Pero resulta que los ladrones volvieron a la roca y vieron que Kassim no estaba. Ninguno de los ladrones era muy inteligente que digamos, pero el jefe dijo:
-Si el muerto no está, quiere decir que alguien se lo llevó.
-Y si alguien se lo llevó, quiere decir que alguien salió de aquí llevándoselo -dijo otro ladrón.
-Pero si alguien salió de aquí llevándoselo, quiere decir que primero entró alguien que después se lo llevó -dijo el jefe de los ladrones.
-¿Pero cómo va a entrar alguien si para entrar tiene que pronunciar las palabras mágicas secretas, que por ser secretas nadie conoce? -dijo otro ladrón.
Después de cavilar hasta el anochecer, el jefe dijo:
-Quiere decir que si alguien salió llevándose a ese muerto, quiere decir que antes de salir entró, porque nadie puede salir de ningún lado si antes no entra. Quiere decir que el que entró pronunció las palabras secretas.
-¿Y eso qué quiere decir? -preguntaron los otros 39 ladrones.
-¡Quiere decir que alguien descubrió el secreto! -contestó el jefe.
-¿Y eso qué quiere decir? -preguntaron los 39.
-¡Que hay que cortarle la cabeza!
-¡Muy bien! ¡Cortémosela ahora mismo!
Y ya salían a cortarle la cabeza cuando el jefe dijo:
-Primero tenemos que saber quién es el que descubrió nuestro secreto. Uno de ustedes debe ir al pueblo y averiguarlo.
-Yo iré -dijo el ladrón número 39. (El número 40 era el jefe).
Cuando el ladrón número 39 llegó al pueblo, pasó frente al taller de un zapatero y entró. Dio la casualidad de que era el zapatero que ya sabemos.
-Zapatero -dijo el ladrón número 39-, estoy buscando a un muerto que se murió hace poco. ¿No lo viste?
-¿Uno sin cabeza? -preguntó el zapatero.
-El mismo -dijo el ladrón número 39.
-No, no lo vi -dijo el zapatero.
-De mí no se ríe ningún zapatero -dijo el ladrón-. Bien sabes de quién hablo.
-Sí que sé, pero juro que no lo vi.
Y el zapatero le contó todo.
-Qué lástima -se lamentó el 39-, yo quería recompensarte con esta linda bolsita. Y le mostró una bolsita llena de moneditas de oro.
-Un momento -dijo el zapatero-, yo no vi nada, pero debes saber que los ciegos tienen muy desarrollados sus otros sentidos. Cuando me vendaron los ojos, súbitamente se me desarrolló el sentido del olfato. Creo que por el olor podría reconocer la casa a la que me llevaron.
Y agregó:
-Véndame los ojos y sígueme. Me guiaré por mi nariz.
Así se hizo. Con su nariz al frente fue el zapatero oliendo todo. Detrás de él iba el ladrón número 39. Hasta que se pararon frente a una casa.
-Es ésta -dijo el zapatero-. La reconozco por el olor de la leña que sale de ella.
-Muy bien -respondió el ladrón número 39-. Haré una marca en la puerta para que pueda guiar a mis compañeros hasta aquí y cumplir nuestra venganza amparados por la oscuridad de la noche.
Y el ladrón hizo una cruz en la puerta. Después ladrón y zapatero se fueron, cada cual por su camino. Pero Luz de la Noche había visto todo. Entonces salió a la calle y marcó la puerta de todas las casas con una cruz igual a la que había hecho el ladrón. Después se fue a dormir muy tranquila.
-Jefe -dijo el ladrón número 39 cuando volvió a la guarida secreta-, con ayuda de un zapatero descubrí la casa del que sabe nuestro secreto y ahora puedo conducirlos hasta ese lugar.
-¿Aun en la oscuridad de la noche? ¿No te equivocarás de casa? -preguntó el jefe.
-No. Porque marqué la puerta con una cruz.
-Vamos -dijeron todos.
Y blandiendo sus alfanjes se lanzaron a todo galope.
-Ésta es la casa -dijo el ladrón número 39 cuando llegaron a la primera puerta del pueblo.
-¿Cuál? -preguntó el jefe.
-La que tiene la cruz en la puerta.
-¡Todas tienen una cruz! ¿Cuántas puertas marcaste?
El ladrón número 39 casi se desmaya. Pero no tuvo tiempo porque el jefe, enfurecido, le cortó la cabeza. Y, sin pérdida de tiempo, ordenó el regreso. No querían levantar sospechas.
-Alguien tiene que volver al pueblo, hablar con ese zapatero y tratar de dar con la casa.
-Iré yo -dijo el ladrón número 38.
Y fue.
Y encontró la casa del zapatero. Y el zapatero se hizo vendar los ojos. Y le señaló la casa. Y el ladrón número 38 hizo una cruz en la puerta. Pero de color rojo y tan chiquita que apenas se veía. Después zapatero y ladrón se fueron, cada cual por su camino. Pero Luz de la Noche vio todo y repitió la estratagema anterior: en todas las puertas de la vecindad marcó una cruz roja, igual a la que había hecho el bandido.
-Jefe, ya encontré la casa y puedo guiarlos ahora mismo -dijo el ladrón número 38 cuando volvió a la roca mágica.
-¿No te confundirás? -dijo el jefe.
-No, porque hice una cruz muy pequeña, que solo yo sé cuál es.
Y los treinta y nueve ladrones salieron a todo galope.
-Esta es la casa -dijo el ladrón número 38 cuando llegaron a la primera puerta del pueblo.
-¿Cuál? -preguntó el jefe.
-La que tiene esa pequeña cruz colorada en la puerta.
-Todas tienen una pequeña cruz colorada en la puerta -dijo el jefe de los bandidos. Y le cortó la cabeza.
Después el jefe dijo:
-Mañana hablaré yo con ese zapatero.
Y ordenó el regreso. Al día siguiente el jefe de los ladrones buscó al zapatero. Y lo encontró. Y el zapatero se hizo vendar los ojos. Y lo guió. Y le mostró la casa. Pero el jefe no hizo ninguna cruz en la puerta ni otra señal. Lo que hizo fue quedarse durante diez minutos mirando bien la casa.
-Ahora soy capaz de reconocerla entre diez mil casas parecidas.
Y fue en busca de sus muchachos.
-Ladrones -les dijo-, para entrar en la casa del que descubrió nuestro secreto y cortarle la cabeza sin ningún problema, me disfrazaré de vendedor de aceite. En cada caballo cargaré dos tinas de aceite sin aceite. Cada uno de ustedes se esconderá en una tina y cuando yo dé la orden ustedes saldrán de la tina y mataremos al que descubrió nuestro secreto y a todos los que salgan a defenderlo.
-Muy bien -dijeron los ladrones.
Los caballos fueron cargados con las tinas y cada ladrón se metió en una de ellas. El jefe se disfrazó de vendedor de aceite y después tapó las tinas.
Esa tarde los 38 ladrones entraron en el pueblo. Todos los que los vieron entrar pensaban que se trataba de un vendedor que traía 37 tinas de aceite.
Llegaron a la casa de Alí Babá y el jefe de los ladrones pidió permiso para pasar.
-¿Quién eres? -preguntó Alí Babá.
-Un pacífico vendedor de aceite -dijo el jefe de los bandidos-. Lo único que te pido es albergue, para mí y para mis caballos.
-Adelante, pacífico vendedor -dijo Alí Babá.
Y les dio albergue. Y también comida, y dulces y licores. Pero el jefe de los ladrones lo único que quería era que llegara la noche para matar a Alí Babá y a toda su familia.
Y la noche llegó.
Pero resulta que hubo que encender las lámparas.
-Nos hemos quedado sin una gota de aceite -dijo Luz de la Noche-, y no puedo encender las lámparas. Por suerte hay en casa un vendedor de aceites; sacaré un poco de esas grandes tinas que él tiene.
Luz de la Noche tomó un pesado cucharón de cobre y fue hasta la primera tina y levantó la tapa. El ladrón que estaba adentro creyó que era su jefe que venía a buscarlo para lanzarse al ataque, y asomó la cabeza.
-¡Qué aceite más raro! -exclamó Luz de la Noche, y le dio con el cucharón en la cabeza.
El ladrón no se levantó más.
Luz de la Noche fue hasta la segunda tina y levantó la tapa, y otro ladrón asomó la cabeza, creyendo que era su jefe.
-Un aceite con turbantes -dijo Luz de la Noche.
Y le dio con el cucharón. El ladrón no se levantó más. Tina por tina recorrió Luz de la Noche, y en todas le pasó lo mismo. A ella y al que estaba adentro. Enojadísima, fue a buscar al vendedor de aceite, y blandiendo el cucharón le dijo:
-Es una vergüenza. No encontré ni una miserable gota de aceite en ninguna de sus tinas. ¿Con qué enciendo ahora mis lámparas?
Y le dio con el cucharón en la cabeza.
El jefe de los ladrones cayó redondo.
-¿Por qué tratas así a mis huéspedes? -preguntó Ali Babá.
Entonces Luz de la Noche quitó el disfraz al jefe de la banda y todo quedó aclarado. Como es de imaginar, los ladrones recibieron su merecido.
Y eso fue lo que pasó con ellos.
En cuanto a Alí Babá, dicen que al día siguiente fue a buscar algunas monedas de oro a la roca, y que cuando llegó no encontró nada: la roca había desaparecido, con tesoro y todo.
Pero ésta es una versión que ha comenzado a circular en estos días, y no se ha podido demostrar.

Blancanieves y los siete enanitos
Había una vez una niña muy bonita, una pequeña princesa que tenía un cutis blanco como la nieve, labios y mejillas rojos como la sangre y cabellos negros como el azabache. Su nombre era Blancanieves.
A medida que crecía la princesa, su belleza aumentaba día tras día hasta que su madrastra, la reina, se puso muy celosa. Llegó un día en que la malvada madrastra no pudo tolerar más su presencia y ordenó a un cazador que la llevara al bosque y la matara. Como ella era tan joven y bella, el cazador se apiadó de la niña y le aconsejó que buscara un escondite en el bosque.
Blancanieves corrió tan lejos como se lo permitieron sus piernas, tropezando con rocas y troncos de árboles que la lastimaban. Por fin, cuando ya caía la noche, encontró una casita y entró para descansar.
Todo en aquella casa era pequeño, pero más lindo y limpio de lo que se pueda imaginar. Cerca de la chimenea estaba puesta una mesita con siete platos muy pequeñitos, siete tacitas de barro y al otro lado de la habitación se alineaban siete camitas muy ordenadas. La princesa, cansada, se echó sobre tres de las camitas, y se quedó profundamente dormida.
Cuando llegó la noche, los dueños de la casita regresaron. Eran siete enanitos, que todos los días salían para trabajar en las minas de oro, muy lejos, en el corazón de las montañas.
-¡Caramba, qué bella niña! -exclamaron sorprendidos-. ¿Y cómo llegó hasta aquí?
Se acercaron para admirarla cuidando de no despertarla. Por la mañana, Blancanieves sintió miedo al despertarse y ver a los siete enanitos que la rodeaban. Ellos la interrogaron tan suavemente que ella se tranquilizó y les contó su triste historia.
-Si quieres cocinar, coser y lavar para nosotros -dijeron los enanitos-, puedes quedarte aquí y te cuidaremos siempre.
Blancanieves aceptó contenta. Vivía muy alegre con los enanitos, preparándoles la comida y cuidando de la casita. Todas las mañanas se paraba en la puerta y los despedía con la mano cuando los enanitos salían para su trabajo.
Pero ellos le advirtieron:
-Cuídate. Tu madrastra puede saber que vives aquí y tratará de hacerte daño.
La madrastra, que de veras era una bruja, y consultaba a su espejo mágico para ver si existía alguien más bella que ella, descubrió que Blancanieves vivía en casa de los siete enanitos. Se puso furiosa y decidió matarla ella misma. Disfrazada de vieja, la malvada reina preparó una manzana con veneno, cruzó las siete montañas y llegó a casa de los enanitos.
Blancanieves, que sentía una gran soledad durante el día, pensó que aquella viejita no podía ser peligrosa. La invitó a entrar y aceptó agradecida la manzana, al parecer deliciosa, que la bruja le ofreció. Pero, con el primer mordisco que dio a la fruta, Blancanieves cayó como muerta.
Aquella noche, cuando los siete enanitos llegaron a la casita, encontraron a Blancanieves en el suelo. No respiraba ni se movía. Los enanitos lloraron amargamente porque la querían con delirio. Por tres días velaron su cuerpo, que seguía conservando su belleza -cutis blanco como la nieve, mejillas y labios rojos como la sangre, y cabellos negros como el azabache.
-No podemos poner su cuerpo bajo tierra -dijeron los enanitos. Hicieron un ataúd de cristal, y colocándola allí, la llevaron a la cima de una montaña. Todos los días los enanitos iban a velarla.
Un día el príncipe, que paseaba en su gran caballo blanco, vio a la bella niña en su caja de cristal y pudo escuchar la historia de labios de los enanitos. Se enamoró de Blancanieves y logró que los enanitos le permitieran llevar el cuerpo al palacio donde prometió adorarla siempre. Pero cuando movió la caja de cristal tropezó y el pedazo de manzana que había comido Blancanieves se desprendió de su garganta. Ella despertó de su largo sueño y se sentó. Hubo gran regocijo, y los enanitos bailaron alegres mientras Blancanieves aceptaba ir al palacio y casarse con el príncipe.

Caperucita Roja
Había una vez una niña muy bonita. Su madre le había hecho una capa roja y la muchachita la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.
Un día, su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuela que vivía al otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese por el camino, pues cruzar el bosque era muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo. Caperucita Roja recogió la cesta con los pasteles y se puso en camino. La niña tenía que atravesar el bosque para llegar a casa de la Abuelita, pero no le daba miedo porque allí siempre se encontraba con muchos amigos: los pajaritos, las ardillas...
De repente vio al lobo, que era enorme, delante de ella.
-¿A dónde vas, niña? -le preguntó el lobo con su voz ronca.
-A casa de mi Abuelita -le dijo Caperucita.
"No está lejos", pensó el lobo para sí, dándose media vuelta.
Caperucita puso su cesta en la hierba y se entretuvo cogiendo flores: "El lobo se ha ido, pensó, no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve un hermoso ramo de flores además de los pasteles".
Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la Abuelita, llamó suavemente a la puerta y la anciana le abrió pensando que era Caperucita. Un cazador que pasaba por allí había observado la llegada del lobo. El lobo devoró a la Abuelita y se puso el gorro rosa de la desdichada, se metió en la cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperucita Roja llegó enseguida, toda contenta.
La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada.
-Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes!
-Son para verte mejor -dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.
-Abuelita, abuelita, ¡qué orejas más grandes tienes!
-Son para oírte mejor -siguió diciendo el lobo.
-Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes!
-Son para... ¡comerte mejoooor! -y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la niñita y la devoró, lo mismo que había hecho con la abuelita.
Mientras tanto, el cazador se había quedado preocupado y creyendo adivinar las malas intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la Abuelita. Pidió ayuda a un segador y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba.
El cazador sacó su cuchillo y rajó el vientre del lobo. La Abuelita y Caperucita estaban allí, ¡vivas! Para castigar al lobo malo, el cazador le llenó el vientre de piedras y luego lo volvió a cerrar. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de cabeza y se ahogó.
En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero Caperucita Roja había aprendido la lección. Prometió a su Abuelita no hablar con ningún desconocido que se encontrara en el camino. De ahora en adelante, seguiría las juiciosas recomendaciones de su Abuelita y de su Mamá.

La Cenicienta
Hubo una vez una joven muy bella que no tenía padres, sino madrastra, una viuda impertinente con dos hijas a cual más fea. Era ella quien hacía los trabajos más duros de la casa, y como sus vestidos estaban siempre tan manchados de ceniza, todos la llamaban Cenicienta.
Un día el rey de aquel país anunció que iba a dar una gran fiesta a la que invitaba a todas las jóvenes casaderas del reino.
-Tú, Cenicienta, no irás -dijo la madrastra-. Te quedarás en casa fregando el suelo y preparando la cena para cuando volvamos.
Llegó el día del baile y Cenicienta, apesadumbrada, vio partir a sus hermanastras hacia el Palacio Real. Cuando se encontró sola en la cocina no pudo reprimir sus sollozos.
-¿Por qué seré tan desgraciada? -exclamó.
De pronto se le apareció su Hada Madrina.
-No te preocupes -exclamó el Hada-. Tú también podrás ir al baile, pero con una condición: que cuando el reloj de Palacio dé las doce campanadas tendrás que regresar sin falta.
Y tocándola con su varita mágica la transformó en una maravillosa joven.
La llegada de Cenicienta al Palacio causó honda admiración. Al entrar en la sala de baile, el Príncipe quedó tan prendado de su belleza que bailó con ella toda la noche. Sus hermanastras no la reconocieron y se preguntaban quién sería aquella joven.
En medio de tanta felicidad, Cenicienta oyó sonar en el reloj de Palacio las doce.
-¡Oh, Dios mío! ¡Tengo que irme! -exclamó.
Como una exhalación atravesó el salón y bajó la escalinata, perdiendo en su huida un zapato, que el Príncipe recogió asombrado.
Para encontrar a la bella joven, el Príncipe ideó un plan. Se casaría con aquella que pudiera calzarse el zapato. Envió a sus heraldos a recorrer todo el Reino. Las doncellas se lo probaban en vano, pues no había ni una a quien le fuera bien el zapatito.
Al fin llegaron a casa de Cenicienta, y claro está que sus hermanastras no pudieron calzar el zapato, pero cuando se lo puso Cenicienta vieron con estupor que le quedaba perfecto.
Y así sucedió que el Príncipe se casó con la joven y vivieron muy felices.

Los tres cerditos
En el corazón del bosque vivían tres cerditos que eran hermanos. El lobo siempre andaba persiguiéndolos para comérselos. Para escapar del lobo, los cerditos decidieron hacerse una casa. El pequeño la hizo de paja, para acabar antes y poder irse a jugar.
El mediano construyó una casita de madera. Al ver que su hermano pequeño había terminado ya, se dio prisa para irse a jugar con él.
El mayor trabajaba pacientemente en su casa de ladrillo.
-Ya verán lo que hace el lobo con sus casas -riñó a sus hermanos mientras éstos se divertían en grande.
El lobo salió detrás del cerdito pequeño y él corrió hasta su casita de paja, pero el lobo sopló y sopló y la casita de paja derrumbó.
El lobo persiguió al cerdito por el bosque, que corrió a refugiarse en casa de su hermano mediano. Pero el lobo sopló y sopló y la casita de madera derribó. Los dos cerditos salieron pitando de allí.
Casi sin aliento, con el lobo pegado a sus talones, llegaron a la casa del hermano mayor.
Los tres se metieron dentro y cerraron bien todas las puertas y ventanas. El lobo sopló y sopló, pero no pudo derribar la fuerte casa de ladrillos. Entonces se puso a dar vueltas a la casa, buscando algún sitio por el que entrar. Con una escalera larguísima
trepó hasta el tejado, para colarse por la chimenea. Pero el cerdito mayor puso al fuego una olla con agua. El lobo comilón descendió por el interior de la chimenea, pero cayó sobre el agua hirviendo y se escaldó.
Escapó de allí dando unos terribles aullidos que se oyeron en todo el bosque. Se cuenta que nunca jamás quiso comer cerdito.

Pulgarcito
Había una vez un pobre campesino. Una noche se encontraba sentado, atizando el fuego, y su esposa hilaba sentada junto a él, a la vez que lamentaban el hallarse en un hogar sin niños.
-¡Qué triste es que no tengamos hijos! -dijo él-. En esta casa siempre hay silencio, mientras que en los demás hogares todo es alegría y bullicio de criaturas.
-¡Es verdad! -contestó la mujer suspirando-. Si por lo menos tuviéramos uno, aunque fuera muy pequeño y no mayor que el pulgar, seríamos felices y lo amaríamos con todo el corazón.
Y ocurrió que el deseo se cumplió.
Resultó que al poco tiempo la mujer se sintió enferma y, después de siete meses, trajo al mundo un niño bien proporcionado en todo, pero no más grande que un dedo pulgar.
-Es tal como lo habíamos deseado -dijo-. Va a ser nuestro querido hijo, nuestro pequeño.
Y debido a su tamaño lo llamaron Pulgarcito. No le escatimaban la comida, pero el niño no crecía y se quedó tal como era cuando nació. Sin embargo, tenía ojos muy vivos y pronto dio muestras de ser muy inteligente, logrando todo lo que se proponía.
Un día, el campesino se aprestaba a ir al bosque a cortar leña.
-Ojalá tuviera a alguien para conducir la carreta -dijo en voz baja.
-¡Oh, padre! -exclamó Pulgarcito- ¡yo me haré cargo! ¡Cuenta conmigo! La carreta llegará a tiempo al bosque.
El hombre se echó a reír y dijo:
-¿Cómo podría ser eso? Eres muy pequeño para conducir el caballo con las riendas.
-¡Eso no importa, padre! Tan pronto como mi madre lo enganche, yo me pondré en la oreja del caballo y le gritaré por dónde debe ir.
-¡Está bien! -contestó el padre, probaremos una vez.
Cuando llegó la hora, la madre enganchó la carreta y colocó a Pulgarcito en la oreja del caballo, donde el pequeño se puso a gritarle por dónde debía ir, tan pronto con "¡Hejj!", como un "¡Arre!". Todo fue tan bien como con un conductor y la carreta fue derecho hasta el bosque.
Sucedió que, justo en el momento que rodeaba un matorral y que el pequeño iba gritando "¡Arre! ¡Arre!", dos extraños pasaban por ahí.
-¡Cómo es eso! -dijo uno- ¿Qué es lo que pasa? La carreta rueda, alguien conduce el caballo y sin embargo no se ve a nadie.
-Todo es muy extraño -asintió el otro-. Seguiremos la carreta para ver en dónde se para.
La carreta se internó en pleno bosque y llegó justo al sitio sonde estaba la leña cortada. Cuando Pulgarcito divisó a su padre, le gritó:
-Ya ves, padre, ya llegué con la carreta. Ahora, bájame del caballo.
El padre tomó las riendas con la mano izquierda y con la derecha sacó a su hijo de la oreja del caballo, quien feliz se sentó sobre una brizna de hierba. Cuando los dos extraños divisaron a Pulgarcito quedaron tan sorprendidos que no supieron qué decir. Uno y otro se escondieron y se dijeron entre ellos:
-Oye, ese pequeño valiente bien podría hacer nuestra fortuna si lo exhibimos en la ciudad a cambio de dinero. Debemos comprarlo.
Se dirigieron al campesino y le dijeron:
-Véndenos ese hombrecito; estará muy bien con nosotros.
-No -respondió el padre- es mi hijo querido y no lo vendería por todo el oro del mundo.
Pero al oír esta propuesta, Pulgarcito se trepó por los pliegues de las ropas de su padre, se colocó sobre su hombro y le dijo al oído:
-Padre, véndeme; sabré cómo regresar a casa.
Entonces, el padre lo entregó a los dos hombres a cambio de una buena cantidad de dinero.
-¿En dónde quieres sentarte? -le preguntaron.
-¡Ah!, pónganme sobre el ala de su sombrero; ahí podré pasearme a lo largo y a lo ancho, disfrutando del paisaje y no me caeré.
Cumplieron su deseo, y cuando Pulgarcito se hubo despedido de su padre se pusieron todos en camino. Viajaron hasta que anocheció y Pulgarcito dijo entonces:
-Bájenme al suelo, tengo necesidad.
-No, quédate ahí arriba -le contestó el que lo llevaba en su cabeza-. No me importa. Las aves también me dejan caer a menudo algo encima.
-No -respondió Pulgarcito-, sé lo que les conviene. Bájenme rápido.
El hombre tomó de su sombrero a Pulgarcito y lo posó en un campo al borde del camino. Por un momento dio saltitos entre los terrones de tierra y, de repente, enfiló hacia un agujero de ratón que había localizado.
-¡Buenas noches, señores, sigan sin mí! -les gritó en tono burlón.
Acudieron prontamente y rebuscaron con sus bastones en la madriguera del ratón, pero su esfuerzo fue inútil. Pulgarcito se introducía cada vez más profundo y como la oscuridad no tardó en hacerse total, se vieron obligados a regresar, burlados y con la bolsa vacía. Cuando Pulgarcito se dio cuenta de que se habían marchado, salió de su escondite.
"Es peligroso atravesar estos campos de noche, cuando más peligros acechan", pensó, "se puede uno fácilmente caer o lastimar".
Felizmente, encontró una concha vacía de caracol.
-¡Gracias a Dios! -exclamó-, ahí dentro podré pasar la noche con tranquilidad; -y ahí se introdujo. Un momento después, cuando estaba a punto de dormirse, oyó pasar a dos hombres, uno de ellos decía:
-¿Cómo haremos para robarle al cura adinerado todo su oro y su dinero?
-¡Yo bien podría decírtelo! -se puso a gritar Pulgarcito.
-¿Qué es esto? -dijo uno de los espantados ladrones, he oído hablar a alguien.
Pararon para escuchar y Pulgarcito insistió:
-Llévenme con ustedes, yo los ayudaré.
-¿En dónde estás?
-Busquen aquí, en el piso; fíjense de dónde viene la voz -contestó.
Por fin los ladrones lo encontraron y lo alzaron.
-A ver, pequeño valiente, ¿cómo pretendes ayudarnos?
-¡Eh!, yo me deslizaré entre los barrotes de la ventana de la habitación del cura y les iré pasando todo cuanto quieran.
-¡Está bien! Veremos qué sabes hacer.
Cuando llegaron a la casa, Pulgarcito se deslizó en la habitación y se puso a gritar con todas sus fuerzas.
-¿Quieren todo lo que hay aquí?
Los ladrones se estremecieron y le dijeron:
-Baja la voz para no despertar a nadie.
Pero Pulgarcito hizo como si no entendiera y continuó gritando:
-¿Qué quieren? ¿Les hace falta todo lo que hay aquí?
La cocinera, quien dormía en la habitación de al lado, oyó estos gritos, se irguió en su cama y escuchó, pero los ladrones asustados se habían alejado un poco. Por fin recobraron el valor diciéndose:
-Ese hombrecito quiere burlarse de nosotros.
Regresaron y le cuchichearon:
-Vamos, nada de bromas y pásanos alguna cosa.
Entonces, Pulgarcito se puso a gritar con todas sus fuerzas:
-Sí, quiero darles todo: introduzcan sus manos.
            La cocinera, que ahora sí oyó perfectamente, saltó de su cama y se acercó ruidosamente a la puerta. Los ladrones, atemorizados, huyeron como si llevasen el diablo tras de sí, y la criada, que no distinguía nada, fue a encender una vela. Cuando volvió, Pulgarcito, sin ser descubierto, se había escondido en el granero. La sirvienta, después de haber inspeccionado en todos los rincones y no encontrar nada, acabó por volver a su cama y supuso que había soñado con ojos y orejas abiertos. Pulgarcito había trepado por la paja y en ella encontró un buen lugarcito para dormir. Quería descansar ahí hasta que amaneciera y después volver con sus padres, pero aún le faltaba ver otras cosas, antes de poder estar feliz en su hogar.
Como de costumbre, la criada se levantó al despuntar el día para darles de comer a los animales. Fue primero al granero, y de ahí tomó una brazada de paja, justamente de la pila en donde Pulgarcito estaba dormido. Dormía tan profundamente que no se dio cuenta de nada y no despertó hasta que estuvo en la boca de la vaca que había tragado la paja.
-¡Dios mío! -exclamó-. ¿Cómo pude caer en este molino triturador?
Pronto comprendió en dónde se encontraba. Tuvo buen cuidado de no aventurarse entre los dientes, que lo hubieran aplastado; mas no pudo evitar resbalar hasta el estómago.
-He aquí una pequeña habitación a la que se omitió ponerle ventanas -se dijo-. Y no entra el sol y tampoco es fácil procurarse una luz.
Esta morada no le gustaba nada, y lo peor era que continuamente entraba más paja por la puerta y que el espacio iba reduciéndose más y más. Entonces, angustiado, decidió gritar con todas sus fuerzas:
-¡Ya no me envíen más paja! ¡Ya no me envíen más paja!
La criada estaba ordeñando a la vaca y cuando oyó hablar sin ver a nadie, reconoció que era la misma voz que había escuchado por la noche, y se sobresaltó tanto que resbaló de su taburete y derramó toda la leche.
Corrió a toda prisa donde se encontraba el amo y él gritó:
-¡Ay, Dios mío! ¡Señor cura, la vaca ha hablado!
-¡Está loca! -respondió el cura, quien se dirigió al establo a ver de qué se trataba.
Apenas cruzó el umbral cuando Pulgarcito se puso a gritar de nuevo:
-¡Ya no me envíen más paja! ¡Ya no me envíen más paja!
Ante esto, el mismo cura tuvo miedo, suponiendo que era obra del diablo, y ordenó que se matara a la vaca. Entonces se sacrificó a la vaca; solamente el estómago, donde estaba encerrado Pulgarcito, fue arrojado al estercolero. Pulgarcito intentó por todos los medios salir de ahí, pero en el instante en que empezaba a sacar la cabeza, le aconteció una nueva desgracia.
Un lobo hambriento, que acertó a pasar por ahí, se tragó el estómago de un solo bocado. Pulgarcito no perdió ánimo. "Quizá encuentre un medio de ponerme de acuerdo con el lobo", pensaba. Y, desde el fondo de su panza, su puso a gritarle:
-¡Querido lobo, yo sé de un festín que te vendría mucho mejor!
-¿Dónde hay que ir a buscarlo? -contestó el lobo.
-En tal y tal casa. No tienes más que entrar por la trampilla de la cocina y ahí encontrarás pastel, tocino, salchichas, tanto como tú desees comer.
Y le describió minuciosamente la casa de sus padres.
El lobo no necesitó que se lo dijeran dos veces. Por la noche entró por la trampilla de la cocina y, en la despensa, disfrutó todo con enorme placer. Cuando estuvo harto, quiso salir, pero había engordado tanto que ya no podía usar el mismo camino. Pulgarcito, que ya contaba con que eso pasaría, comenzó a hacer un enorme escándalo dentro del vientre del lobo.
-¡Te quieres estar quieto! -le dijo el lobo-. Vas a despertar a todo el mundo.
-¡Tanto peor para ti! -contestó el pequeño-. ¿No has disfrutado ya? Yo también quiero divertirme.
Y se puso de nuevo a gritar con todas sus fuerzas. A fuerza de gritar, despertó a su padre y a su madre, quienes corrieron hacia la habitación y miraron por las rendijas de la puerta. Cuando vieron al lobo, el hombre corrió a buscar el hacha y la mujer la hoz.
-Quédate detrás de mí -dijo el hombre cuando entraron en el cuarto-. Cuando le haya dado un golpe, si acaso no ha muerto, le pegarás con la hoz y le desgarrarás el cuerpo.
Cuando Pulgarcito oyó la voz de su padre, gritó:
-¡Querido padre, estoy aquí; aquí, en la barriga del lobo!
-¡Al fin! -dijo el padre-.¡Ya ha aparecido nuestro querido hijo!
Le indicó a su mujer que soltara la hoz, por temor a lastimar a Pulgarcito. Entonces, se adelantó y le dio al lobo un golpe tan violento en la cabeza que éste cayó muerto. Después fueron a buscar un cuchillo y unas tijeras, le abrieron el vientre y sacaron al pequeño.
-¡Qué suerte! -dijo el padre-. ¡Qué preocupados estábamos por ti!
-¡Sí, padre, he vivido mil desventuras. ¡Por fin puedo respirar el aire libre!
-Pues, ¿dónde te metiste?
-¡Ay, padre!, he estado en la madriguera de un ratón, en el vientre de una vaca y dentro de la panza de un lobo. Ahora me quedaré al lado de ustedes.
-Y nosotros no te volveríamos a vender, aunque nos diesen todos los tesoros del mundo.
Abrazaron y besaron con mucha ternura a su querido Pulgarcito, le sirvieron de comer y de beber, y lo bañaron y le pusieron ropas nuevas, pues las que llevaba mostraban los rastros de las peripecias de su accidentado viaje.

Ricitos de Oro
Una tarde se fue Ricitos de Oro al bosque y se puso a recoger flores. Cerca de allí había una cabaña muy linda, y como Ricitos de Oro era una niña muy curiosa, se acercó paso a paso hasta la puerta de la casita. Y empujó.
La puerta estaba abierta. Y vio una mesa.
Encima de la mesa había tres tazones con leche y miel. Uno, grande; otro, mediano; y otro, pequeñito. Ricitos de Oro tenía hambre y probó la leche del tazón mayor. ¡Uf! ¡Está muy caliente!
Luego probó del tazón mediano. ¡Uf! ¡Está muy caliente! Después probó del tazón pequeñito y le supo tan rica que se la tomó toda, toda.
Había también en la casita tres sillas azules: una silla era grande, otra silla era mediana y otra silla era pequeñita. Ricitos de Oro fue a sentarse en la silla grande, pero ésta era muy alta. Luego fue a sentarse en la silla mediana, pero era muy ancha. Entonces se sentó en la silla pequeña, pero se dejó caer con tanta fuerza que la rompió.
Entró en un cuarto que tenía tres camas. Una era grande; otra era mediana; y otra, pequeñita.
La niña se acostó en la cama grande, pero la encontró muy dura. Luego se acostó en la cama mediana, pero también le pereció dura.
Después se acostó en la cama pequeña. Y ésta la encontró tan de su gusto, que Ricitos de Oro se quedó dormida.
Estando dormida Ricitos de Oro, llegaron los dueños de la casita, que era una familia de Osos, y venían de dar su diario paseo por el bosque mientras se enfriaba la leche.
Uno de los Osos era muy grande, y usaba sombrero, porque era el padre. Otro era mediano y usaba cofia, porque era la madre. El otro era un Osito pequeño y usaba gorrito: un gorrito pequeñín. El Oso grande gritó muy fuerte:
-¡Alguien ha probado mi leche!
El Oso mediano gruñó un poco menos fuerte:
-¡Alguien ha probado mi leche!
El Osito pequeño dijo llorando y con voz suave:
-¡Se han tomado toda mi leche!
Los tres Osos se miraron unos a otros y no sabían qué pensar. Pero el Osito pequeño lloraba tanto que su papá quiso distraerle. Para conseguirlo, le dijo que no hiciera caso, porque ahora iban a sentarse en las tres sillitas de color azul que tenían, una para cada uno.
Se levantaron de la mesa y fueron a la salita donde estaban las sillas.
¿Qué ocurrió entonces?
El Oso grande grito muy fuerte:
-¡Alguien ha tocado mi silla!
El Oso mediano gruñó un poco menos fuerte:
-¡Alguien ha tocado mi silla!
El Osito pequeño dijo llorando con voz suave:
-¡Se han sentado en mi silla y la han roto!
Siguieron buscando por la casa y entraron en el cuarto de dormir. El Oso grande dijo:
-¡Alguien se ha acostado en mi cama!
El Oso mediano dijo:
-¡Alguien se ha acostado en mi cama!
Al mirar la cama pequeñita, vieron en ella a Ricitos de Oro, y el Osito pequeño dijo:
-¡Alguien está durmiendo en mi cama!
Se despertó entonces la niña, y al ver a los tres Osos tan enfadados, se asustó tanto que dio un brinco y salió de la cama.
Como estaba abierta una ventana de la casita, saltó por ella Ricitos de Oro, y corrió sin parar por el bosque hasta que encontró el camino de su casa.

FUENTE
Cuento flolkórico. (2013. Julio, 30). Wikipedia. La Enciclopedia Libre. (En línea). Disponible: http://es.wikipedia.org/wiki/Cuento_folkl%C3%B3rico (Consulta: 18/08/13).
Cuentos folclóricos. Textos electrónicos completos. (s.f.) Ciudad Seva. Hogar electrónico del escritor Luis López Nieves. (En línea). Disponible: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/folclor/folclor.htm (Consulta: 18/08/13).
El cuento tradicional, popular o folklórico: origen, teoría y características. (2008. Julio, 1). No tan resumido. Tu resumen no tan resumido. (En línea). Disponible: http://elblogdemara5.blogspot.com/2008/06/el-cuento-tradicional-popular-o.html (Consulta: 18/08/13).

Hermanos Grimm (2013. Agosto, 10). Wikipedia. La Enciclopedia Libre. (En línea). Disponible: http://es.wikipedia.org/wiki/Hermanos_Grimm (Consulta: 18/08/13).

sábado, 17 de agosto de 2013

SUPERSTICIONES Y CREENCIAS POPULARES



NOTA
El siguiente material solamente consiste en una recopilación y edición de informaciones variadas acerca del tema de las supersticiones; en ningún momento pretende ser un estudio exhaustivo ni veraz. Sirva como entretenimiento para el lector.




SUPERSTICIONES Y CREENCIAS POPULARES

Las supersticiones corresponden a creencias contrarias a la razón, ya que no atribuyen explicaciones lógicas a los fenómenos y sus relaciones. Aunque se trata siempre de creencias sin evidencia científica, su concepto no siempre engloba todo lo que no es científico; en el caso, por ejemplo, de las creencias religiosas que no son científicamente probables, pero tampoco constituyen supersticiones. La denominación se aplica también en sentido peyorativo a formas de creencias, prácticas y rituales religiosos que no corresponden a las opiniones y convicciones propias; por otra parte, en el sentido coloquial, el término se utiliza como sinónimo de irracional o no científico. Como se puede observar, por lo dicho anteriormente, las supersticiones son creencias que se tienen de determinadas situaciones, causantes de algún impacto místico, sin la necesidad de evidencias científicas que puedan afirmarlo. En Venezuela son parte de la cultura popular, muchas personas creen que situaciones de la vida diaria pueden, o no, suceder de forma voluntaria e influirán de alguna forma es sus vidas.
Existen supersticiones relacionadas con los diferentes ámbitos de la vida del ser humano, desde los acontecimientos importantes para las personas; por ejemplo el matrimonio, la menstruación femenina, el levantarse de la cama; otros están relacionados con los oficios, acontecimientos temporales, objetos, elementos o con procesos, etc. Hay muchas supersticiones relacionadas con tijeras, cuchillos, espadas, agujas... Muchos escoceses creían que dormir con un cuchillo bajo la almohada evitaría que las brujas se los llevasen mientras dormían y, en muchos países, se considera fatídico regalar un arma blanca.
Existe la creencia de que si el mango del cuchillo, al caer, apunta en la dirección de donde provendrá la buena suerte o los amigos; por otra parte, si el cuchillo queda con el filo hacia arriba, se espera mala suerte, pues los espíritus se cortarán los pies; en fin, un sinnúmero de creencias que forman parte de la cultura de los pueblos. 


ORIGEN E HISTORIA DE LAS SUPERSTICIONES

Según su etimología, el término «superstición» viene del verbo latino super-stare (“permanecer sobre” o, en sentido figurado, “ser testigo”, “sobrevivir”); en ese sentido, se mantenía la idea de trascender y perpetuarse a través de la realización constante de rituales que subyacían en el uso de esta palabra. En la antigua Roma, por ejemplo, los adivinos eran calificados frecuentemente como superstitiosus y no era una valoración peyorativa; sin embargo, a veces, tuvo un sentido desfavorable porque designaba hechos entendidos como manifestación religiosa, superflua y desordenada. Esta idea resulta más comprensible si se considera que religio o religión, significaba precisamente lo contrario para los romanos. Para los entendidos, Religio viene de re-legere (‘reagrupar, ordenar’), así que, dentro de la preocupación romana de realizar el culto dentro de normas rígidas, una exageración, como hacer sacrificios todos los días, podía llegar a ser entendido como un defecto; estos hechos dan cuenta de que para los romanos, el supersticioso podía llegar a ser una persona afectadamente religiosa.
Las supersticiones romanas estaban en gran parte relacionadas con el mundo de la naturaleza; al respecto, se conoce que los romanos leían presagios de desastres en el croar de los cuervos, y encontraban protección contra el mal de ojo, entre las hojas del acebo. Junto a esta consulta de los augurios, iba una fe en las propiedades mágicas, generalmente medicinales -de plantas y animales-. Entre otras, se conocían las siguientes creencias:
·        La lechuza: Se creía que esta ave presagiaba desastres. Horacio afirmaba que las brujas usaban plumas en sus pócimas.
·        El ciclamen: Los romanos creían que los hombres que estaban perdiendo el pelo podían evitarlo oliendo partes de esta planta.
·        Campanas: Se suponía que el tañer de campana junto a la mujer que estaba dando a luz aliviaba los dolores de parto.
·        Abejas: Se creía que estos insectos sagrados eran mensajeros de los dioses, y que su presencia traía buena suerte.
·        La peonía: Esta flor, así llamada según Peón, dios de las curaciones, era considerada de propiedades curativas mágicas.
·        El águila: Ave sagrada de las legiones romanas; se decía que esta ave rapaz, de vuelo rápido, producía rayos y truenos.


SUPERSTICIONES POPULARES

A continuación, se presenta un registro de las supersticiones más conocidas y populares; se organizó la lista en orden alfabético para dar cierto orden al material. En general, se tomó la información de diferentes fuentes y se editó el producto final para evitar repeticiones innecesarias.
BOSTEZAR. Taparse la boca al bostezar sugiere buena suerte y proviene de la costumbre de hacer la señal de la cruz sobre la boca abierta, para evitar que se metiera el demonio, debido al dicho popular: "por puerta abierta, el Diablo se cuela"; por otra parte, también se pensaba que en una de esas exhalaciones se podía escapar el alma”. Es evidente que no se trata solamente a la intención de guardar las formas, esconder la dentadura o el deseo de no difundir los gérmenes, sino que tiene un significado más profundo. En el libro Superstitions oÍ Ireland, de Sperenza Wilde se puede leer que hacer la señal de la cruz delante de la boca al bostezar impedía que el diablo se introdujese en el cuerpo y estableciera en él su morada; por esta razón, las madres cerraban la boca del bebé o hacían le señal de la cruz delante de ella, cuando lo veían bostezar. De esta costumbre ancestral deriva el gesto actual de taparse la boca.
CACTUS. Se cree que colocar cactus en las ventanas es un hecho de buena suerte; en este sentido, una creencia popular afirma que esta planta aleja el mal de la casa. Resulta obvio que su gran capacidad para absorber la humedad del ambiente lo convierte en un poderoso protector contra los espíritus malignos, que necesitan la humedad para desarrollarse. La costumbre de colocar cactus en las puertas y ventanas, observada en toda la cuenca mediterránea europea y asiática, proviene de la creencia que si los espíritus encuentran agua a su paso, pueden ahogarse al cruzarla y quedar así retenidos en ese sitio.
CIGARROS. Encender tres cigarrillos con la misma cerilla es mala suerte; se cree que en una guerra -no se sabe con precisión cual, y en ocasiones se habla de la Primera Guerra Mundial, en otras de la Guerra Civil Española’- tres soldados encendieron sus cigarrillos con la misma cerilla y el enemigo vio la llama del primero, apuntó en la del segundo y disparó sobre el tercero.
CRUZAR DEDOS. Se dice que esta superstición aleja la mala suerte porque representa la
cruz de Cristo. Antes de la era cristiana, existía la costumbre que dos personas enlazaran sus dedos índices formando una cruz para expresar un deseo; una apoyaba a la otra mentalmente para que éste se cumpliera. La cruz, en la era pre cristiana, siempre ha sido el símbolo de la perfección y en su unión residían los espíritus benéficos. La costumbre se ha ido simplificando hasta nuestros días, donde se da por válido cruzar dos dedos de una mano. Es frecuente, cuando se formula un deseo, se dice una mentira o se encuentra uno ante un peligro, cruzar los dedos, concretamente el mayor sobre el índice; este gesto, que evoca una cruz, conjura la mala suerte y aleja las influencias maléficas, según los supersticiosos. Desde los primeros tiempos del cristianismo se creía que, replegando el pulgar bajo los otros dedos, se alejaba a los fantasmas y malos espíritus, o bien haciendo esa operación con las dos manos y dejando que el pulgar asome entre el índice, dedo consagrado a Júpiter, y el mayor, dedo del pecado dedicado a Saturno; no obstante, algunos autores piensan que, aunque el simbolismo de la santa cruz en este gesto resulta obvio, el origen primero es mucho más primitivo que la cruz cristiana y se remonta a los más antiguos tiempos paganos.
CUADRO DE LA GIOCONDA. Tener un cuadro de la Mona Lisa o Gioconda en la sala, según la tradición, produce que el marido se vaya y deje el hogar; algunos piensan que por lógica simple se saca esta interpretación; ya que cuando el marido llega a la casa y encuentra a su mujer de mal humor, siente la añoranza de la otra, Mona Lisa, con sonrisa enigmática, tez lozana, con el rostro lleno y rebozado de paz.
ESCALERA. La escalera con las superficies del suelo y la pared forman un triángulo, representación de la Trinidad; por lo tanto, cruzarla consiste en atentar contra dicho dogma, o también representa una puerta de entrada al mundo de los espíritus. Cuando se pasa por debajo de una escalera, se asocia la idea con el miedo al patíbulo. Antiguamente, debido a la gran altura que éste solía tener, había que usar una escalera de mano para colocar la soga en la posición correcta, así como para retirar después el cadáver del condenado, cualquiera que pasara por debajo de la escalera corría el peligro de encontrarse con el muerto y de ahí viene la superstición. De aquí que pasar debajo de una escalera es de mala suerte y se incursiona en el triángulo que forma ésta con la pared. Antiguamente se pensaba que todos los triángulos eran un símbolo sagrado, tanto las pirámides como la trilogía de la Santísima Trinidad y, por lo tanto, era un sacrilegio pasar bajo ese arco. Se cree que, una vez que se había pasado, el mal se conjuraba cruzando los dedos, escupiendo una vez bajo la escalera o tres veces después de cruzarla. Otra creencia proviene de los cuadros de la crucifixión, en los cuales figuraba una escalera bajo la cual Lucifer veía con furia cómo Jesús moría para salvar a la humanidad; de ahí la costumbre de santiguarse para preservarse de las furias del Diablo o ahuyentar el peligro.
ESCOBA. Si alguien barre, todos evitan que por accidente o no, le sean barridos los pie, porque el conjuro o el maleficio que ocasiona este acto, es que el afectado no contraiga matrimonio. Otra superstición, unida a la escoba, consiste en colocarla al revés detrás de la puerta, en virtud de que este hecho genera buena suerte; aunque, algunos piensan que, en realidad, no se puede hablar realmente de buena o mala suerte. A las brujas siempre se las ha descrito subidas en una escoba para acudir a los aquelarres; de ahí que antiguamente se creyera que colocando una escoba a las puertas de una casa donde se sospechaba que había entrado una, ésta no resistiría la tentación de cogerla y salir volando. Así, si llega una visita molesta, hay que colocar una escoba invertida detrás de una puerta y el inoportuno abandonará tu casa. Por su parte, si se lleva una escoba usada al cambiarse de casa se traerán con ella las desgracias del hogar
ESCUPIR. El acto de escupir no parece ser de buena educación, pero sí de buena suerte; se cree que escupir evita males. Plinio dejó escrito en su historia natural: "es sorprendente, aunque fácilmente comprobable, que si alguien ha sido golpeado y se escupe enseguida en la palma de la mano del agresor, el dolor de la víctima se alivia al momento. Algunos incrementan la fuerza de sus golpes escupiendo en sus manos antes de realizar cualquier esfuerzo". Se dice también que con esa fuerza se podía golpear mejor al Diablo.
ESPEJO ROTO. Los romanos creían que la salud de una persona cambiaba cada siete años y que los espejos, al reflejar a una persona mostraban su salud, así que romperlo significaba siete años de mala salud. Cuando se rompe un espejo, se tienen 7 años de mala suerte y maldición. El espejo siempre fue un elemento mágico de adivinación y, si se rompía, era para no mostrar una imagen aterradora del futuro. Las supersticiones relativas al espejo se cuentan entre las más citadas en todo el Occidente cristiano, quizás por su uso adivinatorio; al respecto, se debe saber que la catoptromancia, es el arte de adivinar por el espejo y procede de Persia; además, aunque tuvo un relativo éxito durante la antigua Grecia y la Edad Media,
fue duramente perseguida por la Iglesia. Es probable, sin embargo, que estas supersticiones obedezcan a la idea de que nuestro reflejo es otra versión del original y, si causamos desperfectos en el espejo, nos hacemos daño a nosotros mismos. Así, dañar el espejo es hacer lo mismo con el alma, y aquí es donde entra la superstición de que la rotura de un espejo trae mala suerte durante siete años. Este período se debe a la creencia de que el cuerpo experimenta un cambio en la constitución fisiológica cada siete años.
ESTORNUDO. Decir "Jesús" o "Salud" cuando alguien estornuda es indicio de buena suerte y esto se debe a que el estornudo era el principio de muy diversas enfermedades y por eso se pedía a Dios que apartase el peligro de cualquier infección; también se dice que era para evitar que entrara el demonio a través de la boca. Los egipcios y griegos veían en el estornudo un augurio; por eso, era bueno estornudar por la tarde, mientras que hacerlo al levantarse de la cama o de la mesa podía ser nefasto; sin embargo, aquel que había estornudado al nacer era tenido por dichoso. El estornudo hacia la izquierda siempre ha sido un signo de mal agüero, pero muy bueno, cuando se daba hacia la derecha. En todos los casos, los griegos exclamaban ¡Vivid! y ¡Que Zeus te conserve! Por su parte, los romanos empleaban la expresión, ¡Salve!, ante tal circunstancia; y serían los primeros cristianos quienes sustituyeron la invocación a dioses paganos por el suyo. Se dice que durante la epidemia de peste que hubo en Roma en el año 591, bajo el pontificado de Gregorio I, los afectados morían estornudando y que, de tal circunstancia, proviene el ¡Dios te bendiga! Que, más tarde, se simplificaría diciendo ¡Salud!, ¡Jesús! o expresiones semejantes.
GATO NEGRO. Cruzarse con un gato negro es una superstición con varias interpretaciones; si el gato cruza a la víctima hacia la derecha, el mortal será víctima de maleficios y mala suerte en la casa, si por el contrario cruza a la izquierda el mortal será víctima de la mala suerte en la calle. En el mundo del misticismo, los gatos son portadores de un poder mágico infinitamente superior al del hombre; con toda probabilidad, esta antigua creencia deriva de la adoración a la diosa egipcia Bubastis, que tenía forma de gato. Los egipcios estaban convencidos de que los gatos poseían alma, y prueba de ello son los restos momificados de estos felinos, que se cuentan por miles, hallados en las excavaciones arqueológicas. En la Edad Media, las brujas convirtieron al gato negro en un elemento imprescindible para efectuar sus rituales y hechizos. Hoy en día, los supersticiosos temen al gato negro que se cruza en su camino, porque es un hecho que representa con claridad el conflicto que existía entre la Iglesia, la cruz y las prácticas paganas de la brujería. La superstición de temer que un gato negro se cruzara en te camino se remonta a la Edad Media, en donde se creía que estos felinos poseían espíritus demoníacos  por eso siempre estaban con las brujas. Aunque en Egipto se creía que el gato era la reencarnación de los dioses, siglos después, la Iglesia Católica lo consideró
como la reencarnación del diablo, por lo que eran quemados; en este caso, el negro se identificaba con el diablo por ser el color de la noche. En casi toda Europa y en Norteamérica se cree que un gato negro trae mala suerte si se aleja de la persona, pero buena suerte si camina hacia ella. Con respecto a las siete vidas del gato, se acota que su excepcional resistencia y fortaleza, capaz de sacarlo indemne de situaciones en las que otros animales perecerían con toda seguridad, llevó a la idea de que este felino tenía más de una vida. No hay duda de que sus hábitos nocturnos, sus ojos refulgentes en la oscuridad, su sobresaliente agilidad y su pose majestuosa contribuyeron a que nuestros antepasados sintieran una especial admiración e, incluso, veneración por este animal. Se cuenta que, por ejemplo, Mahoma se cortó la manga de su vestimenta para no perturbar el sueño de su gato que dormía sobre ella; el profeta veía en él “una criatura digna del mayor respeto y de un tratamiento afectuoso”. También se cree que la razón de que a los gatos se les otorgue popularmente hasta siete vidas, tenga posiblemente un origen esotérico; existen muchas culturas para las que los números poseen una significación concreta y el número siete fue considerado en la Antigüedad como de buena suerte, ya que era una trinidad de trinidades” y, por lo tanto, adecuado para el felino.
HERRADURA. Colgar una herradura detrás de la puerta da buena suerte; según los griegos, el hierro -en forma de media luna- protegía de los hechizos, así que la herradura colocada en la puerta impedía la entrada de las brujas y del mal. Tradicionalmente se creía que las herraduras otorgaban más suerte eran las de los borricos, porque tienen siete agujeros, un número mágico por excelencia. La costumbre de la herradura colgada en la puerta procede
de Italia y la creencia de que atraían la buena suerte era muy tenida en cuenta por la gente de los pueblos. Clavada o colgada en una puerta, atrae las energías del cielo porque simboliza la fuerza del caballo y su enorme utilidad, al menos en tiempos pasados, en las labores del campo y en las guerras. Cuando se coloca, vuelta al lado derecho y en posición horizontal, representa la C, inicial de Cristo.
MADERA. La buena suerte llega cuando se toca madera y un posible origen de esta superstición tiene que ver con los trozos que se conservaron de la Santa Cruz. Otra vertiente del origen de esta creencia proviene de Estados Unidos, donde hace 4.000 años los indios veneraban al roble como la morada de los dioses; este material simboliza también la protección maternal y aleja el peligro. Durante muchos siglos antes del cristianismo, los pueblos célticos de Europa rendían culto a los árboles por considerarlos los templos de la santidad y la principal presentación de los dioses era la Tierra. El árbol servía como medio para enviar la dolencia, o el mal hacia la tierra; también se recurría a este vegetal si la mala suerte visitaba a un hombre bajo la forma de demonios o si iba a librarse una batalla; en estos y otros casos, el sacerdote druida celebraba una serie de ritos y ensalmes en las llamadas enramadas sagradas, lugares que equivalían a las modernas iglesias. Resultado de estas creencias es la costumbre de tocar madera como signo de la buena suerte, porque atrapa al espíritu maligno y lo hace caer a tierra.
MAL DE OJO. Por su lado, la mala suerte llega si alguien echa el “mal de ojo”; al respecto, tradicionalmente se ha creído que, al reflejarse en la pupila de un ojo, es posible quedar atrapados por ella. Por esto, desde la antigua Roma hasta la Edad Media, las personas que sufrían de cataratas u otro defecto visual, a menudo, eran sacrificadas en la hoguera. Por su parte, en Grecia, Turquía y Egipto, está muy extendida la creencia de que existen personas con poderes maléficos en la mirada; incluso, aunque sea de forma inconsciente pueden hacer daño si fijan sus ojos en algo. Antiguamente se atribuía al mal de ojo enfermedades de origen desconocido; se acusaba a las brujas, los gitanos, los gafos y a los bizcos de afectar, sobre todo, a los niños; para protegerse, hay que llevar ajos, oro y plata, ojos de crista azul y herraduras.
MARTES 13. “En martes 13, ni te cases ni te embarques, ni de tu casa te apartes”, así reza el dicho; porque ese día siempre se relaciona con desdicha. El martes es un día de mala suerte
y la maldición del número trece tiene su origen en la última cena de Jesucristo con los doce apóstoles, en la que fue delatado; por esto, se cree que si se sientan a comer trece personas en una misma mesa, una de ellas morirá antes de un año. El día de la semana varia, según el lugar, por ejemplo: en España, México y Grecia se teme al martes trece; y en los países anglosajones al viernes trece, porque en día viernes, según la tradición, fue crucificado Jesús.
MIEDO A LAS SOMBRAS. Antiguamente, la gente crédula buscaba en las sombras proyectadas por los troncos que ardían en la chimenea, la imagen de una silueta humana sin cabeza; esto significaba para la persona que la proyectara, su muerte antes de la próxima víspera de Navidad; éste era el plazo para los cristianos, pero en épocas anteriores se utilizaron otras fechas celestiales o estacionales. No cabe duda de que las sombras ocupan una parte importante de los miedos relacionados con el cuerpo, ya que su presencia o ausencia, estaba relacionada originariamente con creencias religiosas y paganas. Las interpretaciones más antiguas del cuerpo y el alma afirmaban que la segunda podía, bajo determinadas circunstancias, abandonar la envoltura carnal y alejarse de camino a la otra vida. Para las culturas más primitivas, el alma estaba conectada a las sombras, cuando no eran la misma cosa. Una de las circunstancias en las que la persona podía perder el alma sucedía cuando un vampiro se acercaba por detrás y clavaba la sombra de la víctima en la pared. De este modo, el ente maligno tomaba posesión del cuerpo. A la sombra de los difuntos también había que protegerla de posibles infortunios; en este sentido, se conoce que en la Europa medieval existía la creencia de que, si una persona moría por la noche y su espíritu —o lo que es lo mismo, su sombra— se alejaba, podía correr peligro de que cruzara por una extensión de agua -un río, un lago- y no pudiera llegar a la otra vida. De manera que la sombra volvía al cuerpo de su dueño y se convertía en un muerto ambulante, una variedad de vampiro. De ahí nació la costumbre de algunos de tapar los barriles que contienen agua de lluvia y afán de ciertos pueblos por construir puentes.
MONEDAS EN EL POZO. Tirar monedas a un pozo o una fuente es un hecho que atrae la buena suerte; esta creencia viene del antiguo rito adivinatorio de arrojar alfileres o piedras a un pozo, con el fin de saber si un hecho se iba a cumplir o no. Si al caer salían burbujas, significaba que lo que se había solicitado se llegaría a cumplir.
PAN. El hecho de colocar el pan boca abajo en la mesa o dejarlo caer al suelo atrae la mala suerte, porque el pan es un alimento básico y su uso ha generado creencias en su forma de elaborarlo, cortarlo, comerlo y ofrecérselo a los demás. Ponerlo boca abajo se supone que traerá mala suerte, por tratarse en realidad de una ofensa al cuerpo de Cristo; asimismo, cuando se caiga al suelo es costumbre besarlo y hacer tres cruces para alejar las desgracias.
PARAGUAS. Abrir el paraguas bajo techo es de mala suerte y la primera noticia que se tiene de esta creencia data del siglo XVIII en Inglaterra, donde creían que daba mala suerte por la negatividad que existía entre el paraguas y la casa, ya que ésta protege a sus habitantes y no tolera ninguna protección adicional. Si alguien lo abría sobre su cabeza, podría morir antes de que acabase el año. Ningún supersticioso tendría jamás la osadía de abrir un paraguas
dentro de una casa; otro de sus orígenes se remonta a la época en que los reyes orientales y africanos lo usaban sólo a modo de sombrilla para protegerse de los rayos solares. Debido a su conexión con el astro rey y porque también su forma simboliza el disco solar, abrirlo en un lugar sombreado, fuera de los dominios del Sol, era considerado un sacrilegio; es probable que la superstición se reforzara cuando los paraguas llegaron a Europa y empezaron a ser empleados casi exclusivamente por los sacerdotes en los oficios de los difuntos, sin otro fin que protegerse de las inclemencias del tiempo.


PATA DE CONEJO. Se cree que la atribución de los poderes mágicos de la pata de conejo se debe a que su figura era tallada en tótem como símbolo de protección. Por esta razón cualquier persona que poseyera cualquier parte del animal iba a estar protegido de cualquier mal. Llevar una pata de conejo es de muy buena suerte; su origen se basa en la antigua creencia de que cada pueblo descendía de un animal, que no podía ser cazado ni comido. Seis siglos antes de Cristo ya era utilizada como amuleto para alejar el mal; Además, la pata de conejo era también un símbolo fálico capaz de hacer fértiles a las mujeres. Otras versiones indican que la extraña tradición de llevar una pata de conejo en el bolsillo para atraer la suerte, no nace de este animal, sino de la liebre. En las regiones medievales de Europa existía la creencia de que las brujas se transformaban en liebres para sorber la leche de las mujeres
que habían dado a luz. ¿Pero cómo nace esta creencia? Antiguamente, las cabras, vacas, cerdos, liebres y otros animales de granja entraban libremente en la casa de sus amos, ya que la familia aprovechaba su calor corporal para protegerse del frío invernal. Los campesinos criaban liebres para comérselas y las cuidaban con esmero y cariño. De hecho, por ejemplo, los antiguos británicos pensaban que estos animales eran criaturas mágicas a las que no se debía ingerir. Algunos tratados de la época mencionan que las mujeres embarazadas, sobre todo durante la época de lactancia, acostumbraban a sentarse en un rincón del hogar y ponerse en el regazo uno de estos nobles animales para que las calentara; a cambio, dejaban que la liebre tomara de su pecho. La tradición popular; como ya se ha mencionado, aseveraba que durante la caza de brujas, éstas se transformaban en liebres y se colaban en las casas de los campesinos para salvarse del peligro. Incluso había una manera de reconocer el engaño: si la liebre, una vez atrapada, resultaba difícil de despellejar o cocinar, entonces la bruja se había transformado en animal antes de morir. La idea de que la pata de liebre trae buena suerte nació de la primitiva creencia de que los huesos de sus patas curan la gota y otros reumatismos, así como los calambres; para ser eficaz, el hueso debía tener una articulación intacta; en fin, por ser tan parecidos, la liebre y el conejo, se unieron en la misma fuente de las supersticiones relativas a sus virtudes mágicas.  
PEREJIL. En la Antigua Grecia el perejil estaba considerado como una planta sagrada que simbolizaba el triunfo y la resurrección. Llevados por esta creencia, los griegos adornaban las tumbas con coronas de perejil; por esto, se le considera un elemento de buena suerte.
PESTAÑA. Una pestaña caída trae buena suerte, si se conoce el ritual; el Diablo las colecciona y, según la tradición, perder una pestaña, significa correr toda clase de peligros. De manera que, si se cae una pestaña, hay que colocarla en el dorso de la mano, lanzarla por encima del hombro o situarla en la punta de la nariz, soplarla para que salte y pedir un deseo.
PIE DERECHO. Levantarse con el pie derecho es buen augurio; en culturas como la hindú o en los países asociados al Islam generalmente se tiene una connotación mala al lado izquierdo del cuerpo, por ser impuro; por esta razón es mejor levantarse con el pie derecho, el lado de la pureza. Parece ser que la superstición nace de la noción de que cualquier cosa zurda era antinatural una idea que se basa en que la mayoría Levantarse con el pie derecho. La tradición dice que, para que el día no se tuerza, hay que apoyar en primer lugar el pie derecho. La respuesta a esta costumbre podría hallarse en el mundo de los pescadores. Durante el siglo XIX, ningún pescador en su sano juicio de los seres humanos son diestros; por regla general, todo lo que se refiere a la derecha es calificado de favorable por los supersticiosos, quizás alentados por la tradición bíblica, donde la derecha corresponde al camino del Paraíso y es la posición en la que están sentados los elegidos por Dios. La izquierda representa el reverso de la moneda; los romanos, por ejemplo, hacían presagios observando el vuelo de los pájaros y si volaban hacia la izquierda significaba mal agüero. De hecho, en latín, izquierda se dice sinester, que dio origen al adjetivo “siniestro”. En España puede tener su origen en la tradición celta y en el movimiento solar, siempre hacia la derecha. El efecto negativo se elimina al santiguarse tres veces.
SAL. Derramar sal es un presagio del diablo y, para evitar la mala suerte, se debe echar sal sobre el hombro derecho para que el maligno se vaya. En la Antigüedad, la sal representaba riqueza, por lo que, al parecer, este mito tiene su origen cuando Roma conquistó y arrasó con la ciudad de Cartago, porque los soldados romanos vertieron sal sobre los restos de la ciudad, para que ninguna planta volviera a crecer en ella. También se cree que en la Antigüedad era común dar paga con la sal, (de ahí surge el salario); así que si se derramaba este producto, se consideraba un desprecio hacia el dinero y por ende suponía la futura falta del mismo. Otro origen data del año 3.500 a.C., época en la que se consideraba la sal como incorruptible y se la convirtió en símbolo de amistad; de ahí la creencia de que si se derrama
la sal, la amistad se romperá; se insiste con el hecho para contrarrestar ese supuesto efecto maldito, echar una pizca de la sal derramada sobre el hombro izquierdo. Otra versión sustenta con énfasis el asunto del sueldo: antes los sueldos se pagaban con sal, de allí proviene, como se ha visto en líneas anteriores, la palabra “salarios” ostentada por los sueldos que cobran los trabajadores. Cuando los antiguos retiraban de los bancos de sal, sus salarios, para evitar responsabilidades por si se rompía la bolsa o se derramaba, uno no tomaba la bolsa hasta que el otro la suelte, para desligarse de un eventual conflicto, luego se derivó la superstición.
SERVILLETAS. Doblar la servilleta usada, o guardar una servilleta en su servilletero al final de una comida quebrantará la amistad.
SOMBRERO. Poner un sombrero sobre la cama es presagio de mala suerte; en España e Italia, se cree que algo malo va a ocurrir cuando esto sucede. Otro significado sugiere que se puede quedar la mente en blanco y esta creencia viene, probablemente, del simbolismo del sombrero, que representa la cabeza y los pensamientos; por eso, es símbolo de identificación personal.
TIJERAS. Dejar las tijeras abiertas acarrea mala suerte; este instrumento debe permanecer cerrado mientras no se usa porque atrae malos augurios. Si se cae al suelo y queda con las puntas abiertas apuntando hacia la persona, se debe recoger y echar sal por encima del hombro izquierdo para ahuyentar los malos espíritus. En Grecia se creía que la Muerte (la Parca) cortaba con las tijeras el hilo de la vida, así que de alguna forma los objetos cortantes dirigen el destino y son símbolo de muerte repentina.
TRÉBOL. Encontrar un trébol de cuatro hojas atrae la buena suerte; es un símbolo sagrado para los druidas de las Islas Británicas, que ya en el año 200 a.C. pensaban que si se poseía uno, era posible ver a los demonios. Según la leyenda, cuando Eva fue expulsada del Paraíso se llevó un trébol de cuatro hojas; por eso, desde entonces, se cree que da suerte.
VELAS. Apagar las velas de un soplido indica buena suerte; al respecto, fue en la Baja Edad Media alemana, cuando surgió la idea de colocar en las tartas de cumpleaños tantas velas como años cumplían los niños, más una. Para dejar atrás los años cumplidos y pasar a los siguientes, se debían apagar todas las velas de un solo soplido.
VIERNES 13. Algunos historiadores sugieren que el origen de esta creencia es cristiano y se remonta a la Última Cena, que tuvo trece comensales y tras la cual se produjo la crucifixión de Jesús precisamente en un viernes. Por otra parte, desde tiempos remotos, el número 13 ha sido fatídico y su coincidencia con el día viernes no puede ser de peor agüero.
VINO Y CHAMPÁN. Cuando se derrama el vino en la mesa, se debe aplicar en seguida un poco del mismo sobre la frente, para atraer la buena suerte; si se trata de champán, se tocará levemente con la punta de los dedos y se frotará sobre el lóbulo de la oreja, para conseguir toda clase de felicidad y dicha. Esta bebida espumosa también se suele romper contra los barcos en su botadura para desearles con este gesto buena suerte en su travesía.
ZUMBIDO. Sentir un zumbido de oídos es un signo de buena serte. En este sentido, cuando silban los oídos, se debe pedir a alguien que diga un número y la letra del alfabeto correspondiente a dicho número, será la primera del nombre de la persona con la que se contraerá matrimonio. Recordar que "el izquierdo para el amor y el derecho para el rencor". También se cree que si uno se pellizca inmediatamente el oído derecho cuando se sienta un zumbido, la persona que está criticando se morderá la lengua.

OTRAS SUPERSTICIONES

·        NOCHE BUENA Y NAVIDAD



Son muchas las creencias que van pasando de pueblo en pueblo y de boca en boca; por eso, en el tiempo se preservan o cambian, pero siempre traen reminiscencias del pasado, de aventuras e historias. Cada superstición trae consigo un relato, un viaje a otra época…su permanencia en el tiempo genera chispas que pueden encender la imaginación. Las fiestas navideñas son dignas de recordar por sus tradiciones familiares, pero también por las creencias que traen consigo los deseos de prosperidad.

1.    Barrer las malas ondas. Antes de convocar a las buenas vibraciones, es preciso limpiar el ambiente para recibirlas. Muchos confían en que las escobas son el instrumento adecuado para esta tarea. ¿Cómo? Muy fácil, hay que barrer toda la casa y arrojar por la puerta la suciedad (jamás debe levantarse el polvo y tirarlo a la basura dentro del hogar). Así se eliminan todo lo negativo del año que termina. Algunos practican una versión un poquito más sofisticada de este ritual. Primero esparcen sal en todos los rincones -en general lo hacen el 23 o el 30 de diciembre- para que absorba las malas energías. Luego, el día de Nochebuena o de Nochevieja, la barren a conciencia arrastrándola hacia afuera. Existe otra variante similar: echar un cubo de agua por la puerta de la calle hacia afuera para que se lleve todo lo malo.

2.    Prender velas de distintos colores. Las velas de colores amarillo y ocre ayudan a atraer la abundancia, en todo sentido. Las velas de color azul y celeste atraen la paz y la armonía, las verdes atraen la salud, mientras que las de color rojo atraen el amor y la pasión. Las velas bancas son consideradas de limpieza y ayudan a atraer la claridad y la iluminación en los proyectos. Las anaranjadas, por su parte, colaboran en atraer la inteligencia y el éxito. Hay que incluirlas en los centros de mesa y recordar que, a la medianoche, al menos una vela debe estar encendida.

3.    El color de la ropa interior varía con la moda de cada año y no hay un acuerdo total acerca de si debe ser rosada, roja o amarilla; pero lo que está claro es que debe ser nueva y regalada por un amigo o familiar el 24 de diciembre para estrenarla el 25.

4.    Comer doce uvas, una por cada campanada es una costumbre importada de España que se ha difundido mucho; al tragar cada uva (hay quienes usan pasas), se debe pedir un deseo. La gracia es hacerlo sincronizado con las campanadas que marcan las 12 de la noche del 31 de diciembre.

5.    Para el momento de usar las copas en el brindis no se debe levantar la copa con la mano izquierda. Aunque la persona sea zurda, debe hacerlo con la derecha o tendrá mala suerte; para mayor efectividad, se darán tres saltitos con el pie derecho, en forma simultánea con el “chin-chin”. Otra costumbre para espantar la mala onda y atraer energía positiva consiste en estrenar copas nuevas cada año: primero se brinda con las viejas, a continuación se las arroja al piso para que rompan y luego se vuelve a brindar con las nuevas. Se las usa todo el año y en el siguiente 31 de diciembre, se repite el ritual.

6.    Para evitar penas de amor, conseguir pareja o dar un avance hacia algo más formal en la actual relación, recomiendan vestir ropa interior amarilla. Se debe poner al revés y después de la medianoche darla vuelta y usarla del derecho. Si lo que se quiere es olvidar de una vez por todas a la persona, se deja toda la Nochebuena un recipiente grande con agua en la ventana, el balcón o el patio. Después de las doce, tíralo afuera.

7.    Para obtener dinero, la clave es comer lentejas: en guiso, en ensalada, solas, como sea; lo importante es la cantidad. Cuantas más se coman, más chance habrá de que la fortuna sonría en el nuevo año. Una variante es guardarlas en el bolsillo y arrojarlas sobre el hombro luego de las 12. Otro truco que, dicen, no falla: esconde siete monedas doradas debajo del arbolito de Navidad. Tradicionalmente debían ser de oro, hoy con cumplir el requisito del color parece que alcanza. Hay quienes prefieren ocultar unos medallones de chocolate con cubierta dorada que asemejan monedas. Así no sólo piden billetes en abundancia, sino también dulzura. En algunas casas, suelen sacar billetes, sobre todo los escasos dólares y los guardan como amuleto en las carteras. Otros recomiendan sentarse sobre dinero durante la cena de Navidad o de Nochebuena.

8.    Para realizar un viaje, se sacan las maletas y se da una vuelta por toda la casa (o alrededor de la manzana); esto hace que el deseo se cumpla.

9.    Para quien desee quedar embarazada, debe beber un vaso de leche justo a las 12 de la noche del 31 de diciembre.

10. Si el objetivo es cambiar de empleo, se colocarán tres hojas de laurel en el zapato el 31 de diciembre. Al día siguiente, se deben quemar.

11. Para conocer las predicciones del año nuevo, se puede recurrir a un truco casero: llenar una bolsa con cuatro piedras, una pintada de amarillo, otra de rojo, otra verde y la cuarta de cualquier color, sin pintar. La bolsa se va pasando de mano en mano en la mesa de Noche Vieja y cada uno debe meter la mano y sacar una piedra, sin que los demás vean cuál le toca, y volverla a guardar para seguir con la ronda. El color amarillo augura dinero y prosperidad, el rojo es símbolo de buena suerte en el amor y el verde predice la buena salud o nacimientos. Quienes saquen la piedra sin pintar serán los más afortunados: significa éxito en todo. Para que las predicciones se cumplan no hay que revelar el color de la piedra a los demás.


·        BODAS

El día de las nupcias y los siguientes al evento recuerdan muchas costumbres seguidas por las personas. Para tener buena suerte en esos momentos tan especiales para la nueva pareja, es interesante conocer algunas creencias populares.

1.      El día de la boda, llevar “algo prestado, algo nuevo, algo azul y algo viejo” es un motivo de buena suerte; aunque no se precise cuándo comenzó esta costumbre, muchas novias la toman en cuenta porque “algo prestado” representa el presente, “algo viejo” el pasado, “algo nuevo” el futuro y “algo azul” simboliza la pureza.

2.      Que el novio vea a la novia antes de la ceremonia o que ella se mire al espejo es de mala suerte. Antiguamente se consideraba que hacer cualquiera de estas dos cosas era sinónimo de adelantar acontecimientos; otra explicación es que la novia no podía mirarse en el espejo antes de celebrarse el matrimonio si estaba completamente ataviada, porque se proyecta su imagen de casada antes de estarlo y esto podía hacer que los dioses pusieran en duda su derecho a contraer matrimonio; en este caso, si deseaba ver su aspecto, deberá dejar sin ponerse los guantes o alguna otra prenda.

3.      Besarse los novios al final de la ceremonia es positivo porque el beso era el símbolo de la consumación del matrimonio. En la Antigüedad, los contrayentes hacían el amor públicamente para consumarlo.

4.      Arrojar arroz en una boda indica buena suerte y prosperidad. Antiguamente se tiraban trocitos de dulce a la novia, como símbolo de felicidad y de fertilidad; pero en la época de vacas flacas se les tiraba trigo o arroz, ya que era bastante más barato.

5.      Entrar en el nuevo hogar alzando a la novia es positivo para los nuevos esposos; se cree que con este gesto se protegía a la novia de los hechizos, además de evitarle que fortuitamente tropezara al pasar la barrera del mundo exterior al interior e íntimo del hogar, símbolo de mal agüero; y por otro, para que no perdiese la virginidad por obra de la tierra en vez de por su marido.

6.      Ir de luna de miel es buen comienzo; el viaje post nupcial proviene de la huida que en tiempos de Atila, rey de los hunos, seguía al rapto y matrimonio de la hija, y se llama así por la costumbre de que los novios bebieran un brebaje durante el viaje que contenía vino y miel.


Con todo este bagaje de creencias, es bueno saber acerca de su existencia porque, además de cultura general, mucha gente sabe que las brujas no existen, pero “de que vuelan, vuelan”.




FUENTE

Colucci, S. (20011. Sep, 22). Supersticiones de nochebuena y navidad. (On line). Disponible: http://horoscopia.blogspot.com/2008/12/supersticiones-de-nochebuena-y-navidad.html (Consulta: 16/08/13)
Estas son las 10 supersticiones más comunes. (s.f.). Coomboticias. (On line). Disponible: http://www.noticiasvenezolanas.com.ve/index.php/284923/estas-son-las-10-supersticiones-mas-comunes/ (Consulta: 16/08/13)
Ferreira, Joao. (2011. Enero, 4). Supersticiones venezolanas. (Blog). Disponible: http://gaito.blogspot.com/2011/04/supersticiones-venezolanas.html (Consulta: 16/08/13).
Rituales para Navidad y Año Nuevo. (s.f.). Taringa. Inteligencia colectiva. (On line=. Disponible: http://www.taringa.net/posts/salud-bienestar/4275959/Rituales-para-Navidad-y-Ano-Nuevo.html (Consulta: 17/08/13).
Superstición. (2013. Agosto, 14). Wikipedia. La Enciclopedia libre. (On line). Disponible: http://es.wikipedia.org/wiki/Superstici%C3%B3n (Consulta: 17/08/13)
Supersticiones más comunes. (s.f.). Diario digital El Vigía. (On line). Su origen histórico. Disponible: http://www.agenciaelvigia.com.ar/supers.htm. (Consulta: 17/08/13)

Supersticiones y sus orígenes. (s.f.). Taringa: inteligencia colectiva. (On line). Disponible: http://www.taringa.net/posts/info/1760054/Creencias-populares-sus-origenes.html (Consulta: 17/08/13)